La hora de la verdad

El adiós de Lucía

18.07.09 | 14:42. Archivado en Sobre el autor, Relatos
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Minifalda con claveles adosados a unas caderas de frenesí. Espalda mágica, por la que atravesar el recoveco de pasadizos en el que huir del minotauro es la misión. La piel, de melocotón, difícil de recorrer sin resbalar. Está en la playa, y se ha echado crema antisolar. Pese a que es de noche y está de fiesta. ¿No lo he dicho? Es morena, de ojos verdes, y cuentan, los que la conocen, que se llama Lucía.

Lucía está perdida. No sabe lo que quiere. Ni sus padres, ni sus hermanos, ni sus amigas, ni Jaime, ni el vodka, ni los canutos, ni las rayas. Nada la ha salvado. Como un efecto dominó. Sus padres se divorciaron cuando ella tenía 14 años. En el momento en que empezaba a cambiar, a ser otra dentro de sí misma, en el que necesitaba seguridad, el tonto polvo de su padre con Susana rompió su estado de quietud feliz. El castillo de naipes empezó a derrumbarse. Sus hermanos, todo chicos, jamás vieron en ella una más. Era “la tía”: la extraña estaba fuera del círculo. Cuando el castillo se hundía...

De las amigas, sólo estaba, a la hora de la verdad, Cristina. Pero ya se sabe, la que se come el marrón, cuando llegan los días de los enfados, es la primera en llevarse el chaparrón. Una discusión tonta, por un sujetador no devuelto, inició el torrente de reproches. Por lo que se dijeron, ya no había vuelta atrás. Soledad. ¿Qué siguió? El “a tomar por culo”. Un día sí y otro también, borrachera al canto. Los tíos, como buitres, a aprovecharse de la situación. Ella nunca decía no. Jaime, el único que parecía diferente, en cuanto consiguió lo que todos, también se marchó. Fue el único al que tal vez quiso. Los canutos eran una vía de escape. Sólo al principio. Lucía, en la noche en que se tiró al macarra de Rubén, se manchó de blanco la nariz por primera vez. Siguieron muchas más.

Ahora también lleva empolvada la tocha. Lucía arrastra su minifalda de claveles rojos por las olas. Llora. Se siente más sola que nunca. Atrás queda la fiesta en el chiringuito discotequero al pie mismo de la playa. Atrás queda el “gilipollas” que, tras sobarla un rato en los servicios, se ha marchado a casa agarrado a la cintura de su novia. Llora, mientras se oye de fondo Zombie, de Cranberries. Nadie se da cuenta de que una morena de ojos verdes, que llora sin poder parar, avanza firme mientras el agua le llega ya al cuello.

En el último instante, mira al cielo. No le sale una oración. Cierra los ojos, se sumerge y muere. Tiene 19 años. Tardarán tres días en darse cuenta de que no está. Dos después, encontrarán su cuerpo pálido y amoratado. Pese a que estaba sola, serán muchos los que acudan a su entierro. Aunque sólo lloren sus padres y Cristina.

PD. Dedicado a todas las Lucías que entran en el laberinto al que no ven salida: el de sentirse solas y perdidas. Que en el último momento piensen en sus padres o en las Cristinas. O que, de mirar al cielo, aun sin fe, les salga un “ayúdame”.

MIGUEL ÁNGEL MALAVIA


5 comentarios


Los comentarios para este post están cerrados.

Comentarios
  • Comentario por Charly 19.07.09 | 14:43

    Felicidades, Miguel. Me ha encantado... ojalá, algún día, una de tantas "Lucías" tenga la oportunidad de leer este magnífico artículo y "volver a ser como niña".

    Enhorabuena, socio. Aparte, me gusta mucho tu forma de escribir... sigue así!

  • Comentario por Juanan 19.07.09 | 14:02

    Si, yo también hecho de menos un relato de gente con una vida más ordenada.

  • Comentario por acolito 18.07.09 | 21:03

    Maravilloso articulo.si,desgraciadamente hay muchas "lucias" y "lucios".-

  • Comentario por Miguel Ángel Malavia [Blogger] 18.07.09 | 20:03

    Completamente de acuerdo, también hay "gente normal", como tú siempre dices. Lo único es que a mí, a la hora de hacer un relato, que no sea meramente descripción costumbrista de cosas buenas, me gusta adentrarme en un mundo muy real, pese a que no sea bello de ver, con el fin de poder orecer una clave de esperanza. Hoy, te guste o no, hay miles de Lucías. Si una sola, de casualidad, leyera esto y se diera cuenta de que sí hay gente a la que le importa y no está sola, sería el más feliz del mundo. Escribir de gente a la que le va bien sólo puede añadir luz a lo que ya irradia por sí mismo.

  • Comentario por Ciriaco de Málaga [Blogger] 18.07.09 | 17:09

    Aunque parezca mentira después de leer los relatos de este blog, en el mundo hay muchas más cosas aparte de drogadictos, alcohólicos, meretrices y proxenetas. También hay padres de familia abnegados y serenos, sacerdotes santos, jóvenes divertidos, gente decente, amigos de sus amigos de vida plácida y obras hermosas.

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