La hora de la verdad

El secreto de don Esteban Cerro

11.07.09 | 16:28. Archivado en Sobre el autor, Relatos
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Doña Clotilde Espuras está ensimismada, con los ojos verdes cerrados y tarareando con la mente la letra del tango de la pulsión. Dicen que se llama ‘Viejo ciego’. Dicen que es de Homero Manzi. Dicen que dice así:

Con un lazarillo llegás por las noches
trayendo las quejas del viejo violín,
y en medio del humo
parece un fantoche
tu rara silueta
de flaco rocín.

La señora de su casa y de su barrio, con el pelo lacado y amarilleado, se emociona con un deje algo falso. Es entonces cuando comienza a bailar el tango, al son de la letra que sigue diciendo así:

Puntual parroquiano tan viejo y tan ciego,
al ir destrenzando tu eterna canción,
ponés en las almas
recuerdos añejos
y un poco de pena mezclás al alcohol.

En pleno estallido de la pasión, en el momento álgido de la melancolía, hace presencia en la sala un señor de bigote y sin demasiado pelo en la calavera. Es don Esteban Cerro, su humilde y esclavo marido. Compungido, se arrodilla ante la dueña de su corazón y su pensión. “Perdóname, mi amor”, le espeta de golpe. “Estás borracho, muy cabrón”, le noquea la doña. “No, no y no. Esta noche no”, clama el que pide clemencia. Que continúa: “He hecho algo muy malo. No puedo decirte el qué, porque jamás obtendría tu perdón. Pero, por los años vividos simulando amor, te solicito un voto. De confianza, no más”.

La ama, haciéndose la ofendida, puesto que en realidad no le importa nada referente al bigotudo de su marido, le pregunta con fingida indignación: “¿Es una falda? ¿Es una guarra? ¿Es una traición?”. “No, no y no”, responde el que solicita únicamente perdón, sin querer dar lugar al conocimiento. Doña Clotilde decide poner a prueba al que odia bailar. Agarrándole de la solapa, lo toma para sí y le pone a danzar, mientras ahora es ella la que susurra el tango del viejo ciego:

“Parecés un verso
del loco Carriego
parecés el alma
del mismo violín.
Puntual parroquiano tan viejo y tan ciego,
tan llena de pena, tan lleno de esplín”.

El Esteban con el ‘don’ de paripé, toma el reto. Así, mientras aprieta sus riñones al torso de su mujer, continúa cantando los versos de la añoranza ideados por el tal Homero Manzi:

“Cuando oigo tus notas
me invade el recuerdo
de aquella muchacha
de tiempos atrás”.

Mirándose al fin, entre sorprendidos y arrebatados, concluyen dándose un beso de amor recordado. Don Esteban finiquita el asunto: “Mi amor, sin preguntarme nunca más la razón, ¿me perdonas?”. “Así sea por siempre jamás”, se rinde la nueva Venus, mientras en un suspiro redentor pone fin a la canción:

“A ver, viejo ciego,
tocá un tango lerdo
muy lerdo y muy triste
que quiero llorar”.

Valga aclarar que aquí llorar equivale a gozar. El nuevo Aquiles, extasiado ante su logro, mientras la sube por las escaleras como en la noche nupcial, reconoce únicamente al pecho de su hembra conquistada el motivo de su anterior desazón: “¿Cómo te iba a decir que se me ha roto el vaso azul de tu vajilla preferida? Me matarías...”. Menos mal que esto sólo se lo dijo, y en silencio, a unos senos que tampoco estaban prestos a escuchar. Se encontraban ya inmersos en la feliz batalla que se presagiaba.

MIGUEL ÁNGEL MALAVIA

1 comentario


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Comentarios
  • Comentario por Ciriaco de Málaga [Blogger] 12.07.09 | 00:32

    Amigo y compañero mío, que junto a mí has combatido en tantos frentes, y a quien tanto aprecio: de ti podremos decir muchas cosas, muchas buenas y otras no tan buenas, pero desde luego, no podremos decir nunca de ti que eres un pusilánime.

Jueves, 31 de mayo

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