
En la noche del viernes disfruté viendo en ‘Versión Española’, presentado en La 2 por Cayetana Guillén Cuervo, la película-documental ‘Carrillo, comunista’. Con una duración de casi tres horas, la cinta de Manuel Martín Cuenca (director de ‘La flaqueza del bolchevique’) se complementa en una fantástica serie con otra película sobre Manuel Fraga Iribarne. ‘Últimos testigos’ es, sin duda, un admirable ejemplo de que en el 2009 no podemos seguir hablando de las dos Españas, confrontadas entre sí en un callejón eternamente sin salida.
Pero de la película sobre el ex secretario general del PCE, entre las mil y una anécdotas de un hombre discutido y siempre polémico (su papel en la masacre de Paracuellos quedó algo difuso, es cierto), me quedo con una que a mi juicio es totalmente representativa de lo que supuso Carrillo en la Transición:
En la primavera de 1939, en los últimos días de la Guerra Civil, en la que el comunista había jugado un papel destacadísimo como principal responsable en la defensa de Madrid en 1936 (con el Gobierno republicano desplazado hasta Valencia), le llegó a Carrillo una doble noticia: su madre había muerto y su padre, Wenceslao, de ideas socialistas, había integrado el gobierno de circunstancias que Segismundo Casado, perdida Cataluña y con el comunista Negrín derrocado por los propios compañeros, había formado única y exclusivamente para aceptar la victoria de Franco y firmar una paz que acabara con la sangría humana. Carrillo, mirando a la cámara, con el recuerdo a flor de piel sesenta años después, no puede reprimir las lágrimas y reconoce que sintió más la “traición” de su padre que la muerte de su madre.

Hasta tal punto fue el enfrentamiento ente padre e hijo que Santiago Carrillo firmó una carta pública en un diario comunista en la que públicamente decía avergonzarse de su progenitor y afirmaba que para él ya no había nada que les uniera. Wenceslao Carrillo contestó con otra carta abierta dirigida metafóricamente a Stalin en la que denunciaba que lo dicho por su hijo en realidad obedecía a la maquinaria soviética, que había convertido a Santiago en un “esclavo”. La dureza de ambas epístolas no reflejaba sino odio. La sensación imperante en una España que se había matado por odio.
La total separación entre ambos se mantendría durante dos décadas. Carrillo hijo, exiliado en la Unión Soviética, había acudido allí convencido de las bondades del llamado comunismo real. Hasta que llegó un momento en que, tal y como reconoce en el documental, se dio cuenta de que la URSS no era sino otra dictadura que empleaba métodos propios de una “Inquisición”, en afirmación textual suya. Desengañado, fue cuando entendió que la única salida para España era una democracia plena en la que tuvieran cabida todos los partidos. Es decir, fue cuando apostó por la reconciliación. Era en torno a comienzos de la década de los sesenta.

Lo más impactante llega cuando en la cinta recuerda una conversación con Dolores Ibárruri. De acuerdo los dos en que el objetivo había de ser la democracia, ‘La Pasionaria’ le dijo: “Santiago, si apostamos por la reconciliación entre los españoles, tú deberías comenzar por reconciliarte con tu padre”. Impresionado por lo que la frase revolvía en su interior, Santiago viajó hasta Bélgica, donde su padre, también en el exilio, agonizaba en un hospital. Sin hablar nada de lo sucedido en 1939, padre e hijo firmaron la paz con un sincero abrazo.
Aunque poco después, en 1963, Wenceslao murió, ese abrazo simbolizó la necesidad de una España que necesitaba vivir sin echarse la guerra incivil a la cara. Por suerte, doce años después, el propio Carrillo, acompañado de hombres de Estado como Adolfo Suárez, Felipe González o Juan Carlos I, pudo empezar a hacer posible el verdadero abrazo de una España que apostaba definitivamente por la democracia y la libertad.
MIGUEL ÁNGEL MALAVIA
PD. Por si alguno piensa que escribo esto "para tocar las narices" y que en realidad soy "un incoherente" con mi forma de pensar (calificativos que he recibido por defender que el Islam es una religión a respetar), puede leer aquí lo que escribí un 3 de abril de 2007, en el 30º aniversario de la legalización del PCE.
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Muy interesante el articulo, SR. Malavia, pero creo que, mientras CArrillo no reocnozca ni se arrepienta de los crimenes de Paracuellos seguira siendo tan asesino como Hitler. Y encima le rinden honores en ESpaña...hay que joderse!!
Carrillo es un ser repugnante.
Se me revuelven las tripas solo con verlo.
Me suele ocurrir con los asesinos en masa.
Abajo Franco!
¡Será hipócrita! Si los rojos creen que van a promover la reconciliación entre los españoles obligando al ayuntamiento de Madrid a quitarle sus honores a Franco, es que siguen sin conocer España.
Gracias a su revanchismo conseguirán lo que se proponen, repetir la última guerra civil, a ver si esta vez tienen suerte y la ganan.¡Cuando aprenderán a respetar la Historia!
Miguel Ángel, me has emocionado, me parece uno de los post más cristianos que he leído últimamente y me identifico totalmente con lo que has escrito, por lo que cualquier insulto que recibas gratamente lo compartiré contigo.
Un fraternal saludo
Abajo el comunismo!
Si,la dos españas siguen e incluso pienso que hay una tercera españa....la nacionalista.-
Bueno, bonita historia de amor filial.Lo de que se dio cuenta de que la union Sovietica era mala me parece un poco de cara a la galeria, pero bueno. Sin embargo, a pesar del tiempo, de las maneras ( mucho mas pacificas demos gracias a Dios), sigo pensando que las dos Españas siguen presentes, y hay algunos que les conviene que sigan existiendo ( a ver si te vas a sentir por aludido ahora, no no es a ti). Un saludo.
Lunes, 13 de febrero
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