
Y tras Pedro, Judas. Tras la traición del que reniega, la traición del que se vende por treinta monedas de plata, la traición del que entrega a su Maestro a una muerte de Cruz.
“En aquel tiempo, uno de los Doce, llamado Judas Iscariote, fue a los sumos sacerdotes y les propuso: ‘¿Qué estáis dispuestos a darme, si os lo entrego?’. Ellos se ajustaron con él en treinta monedas. Y desde entonces andaba buscando ocasión propicia para entregarlo. (...) Los discípulos cumplieron las instrucciones de Jesús y prepararon la Pascua. Al atardecer se puso a la mesa con los Doce. Mientras comían dijo: ‘Os aseguro que uno de vosotros me va a entregar’. Ellos, consternados, se pusieron a preguntarle uno tras otro: ‘¿Soy yo acaso, Señor?’ Él respondió: ‘El que ha mojado en la misma fuente que yo, ése me va a entregar. El Hijo del hombre se va, como está escrito de él; pero, ¡ay del que va a entregar al Hijo del hombre!; más le valdría no haber nacido’. Entonces preguntó Judas, el que lo iba a entregar: ‘¿Soy yo acaso, Maestro?’. Él respondió: ‘Tú lo has dicho’ (Mateo 26, 14-25)”.
¿Por qué judas, por qué? Dicen que fue tu decepción porque veías en Cristo a un Mesías redentor... de la injusticia exclusivamente humana, política. Creías que Jesús era el rey guerrero que sabíais prometido a los judíos, aquél que os libraría de los “enemigos”, de los “malditos” romanos que os tenían ocupados... como antes se abrieron las aguas para permitiros escapar de Egipto. ¿Te decepcionó un Jesús que redimía al Hombre por completo, hasta el punto de limpiar su alma y no su espada? ¿Por qué, Judas, por qué?
“En aquel tiempo, salió Jesús con sus discípulos al otro lado del torrente Cedrón, donde había un huerto, y entraron allí él y sus discípulos. Judas, el traidor, conocía también el sitio, porque Jesús se reunía a menudo allí con sus discípulos. Judas entonces, tomando la patrulla y unos guardias de los sumos sacerdotes y de los fariseos, entró allá con faroles, antorchas y armas (Juan 18, 1–19)”. “Todavía estaba hablando, cuando aparece gente; y los guiaba el llamado Judas, uno de los Doce. Y se acercó a besar a Jesús. Jesús les dijo: ‘Judas, ¿con un beso entregas al Hijo del hombre?’ (Lucas 22, 14–23)”.
¿Con un beso, Judas? ¿Cómo te sientes al saber lo que has hecho? Ya, para siempre, serás tú la persona que vendió a Dios hecho Hombre para una muerte en Cruz. ¿Con un beso, Judas? ¿Cómo te sientes...? “Judas, el traidor, al ver que Jesús había sido condenado, se arrepintió y devolvió las treinta monedas de plata a los sumos sacerdotes y a los ancianos, diciendo: ‘He pecado entregando sangre inocente’. Ellos dijeron: ¿A nosotros qué? ¡Tú verás!’. Tiró en el templo las monedas, fue y se ahorcó (Mateo, 27, 5)”.
¿Por qué, Judas? ¿Por qué el suicidio? ¿Por qué una huida total? Te arrepentiste, supiste y sufriste la gravedad de tus actos. Pero si algo conocías a Jesús de aquellos años... ¿por qué no pudiste sentirte realmente perdonado? ¿Por qué, negando otra vez a Dios, dando la espalda al Maestro que, sin ninguna duda, te ofrecía la mano, la rechazaste? ¿Por qué el arrepentimiento sin pedir misericordia, cuando Dios es Misericordia en sí? Pedro traicionó a Jesús con la triple negación. Una triple reafirmación fue el bálsamo que le evidenció el perdón. Tu traición fue un beso. Tu perdón hubiera sido otro beso. Pero eras libre... y lo rechazaste. ¿Por qué, Judas, por qué?
Pese a todo, siempre quedará la sensación de que la Pasión, la Muerte y la Vida del Dios del Amor debía de estar precedida del acto malvado de un instrumento necesario. ¿Fuiste tú, Judas, necesario? ¿Fuiste instrumento? Cometiste el pecado más grave de la Historia. Pero, ¿vives aún, Judas? ¿Dónde? ¿En tinieblas? ¿O en la Gloria de quien siempre te quiso? No es ésta pregunta que ninguno de los de este lado de la existencia podamos responder. Sólo nos queda rezar por ti.
MIGUEL ÁNGEL MALAVIA
Jueves, 31 de mayo
Antonio García Fuentes
Julián Moreno Mestre
Chris Gonzalez -Mora
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