La hora de la verdad

La Pasión de Cristo a través de las almas que la rodearon (I): Simón Pedro

25.03.09 | 23:23. Archivado en Sobre el autor, Religión, Reflexiones
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Estamos en vísperas de Pascua. Semana Santa que expresa el momento álgido de la Historia. Dios que muere por todos y cada uno de nosotros... para hacernos vivir. Cristo fue el gran protagonista de la Pasión, seguida de su Resurrección. Pero, ¿qué mejor modo de apreciar lo que aquello significó que mirándolo a través de los ojos de los que, humanos y débiles como nosotros, rodearon los tres días más importantes para la Humanidad? Con sus virtudes y sus indignidades, con sus matices... ¿qué podemos decir de los que miraban expectantes al Dios del Amor, que moría en Cruz y resucitaba en Gloria?

Comencemos por Pedro, la piedra sobre la que se erigiría la Iglesia de los primeros tiempos. ¿Quién era Pedro? Un humilde pescador, brusco, de difícil raciocinio... pero que amaba a Cristo hasta la extenuación. Estamos en la Última Cena: “Jesús, sabiendo que el Padre había puesto todo en sus manos, que venía de Dios y a Dios volvía, se levanta de la cena, se quita el manto y, tomando una toalla, se la ciñe; luego echa agua en la jofaina y se pone a lavarles los pies a los discípulos, secándoselos con la toalla que se había ceñido. Llegó a Simón Pedro, y éste le dijo: ‘Señor, ¿lavarme los pies tú a mí?’. Jesús le replicó: ‘Lo que yo hago tú no lo entiendes ahora, pero lo comprenderás más tarde’. Pedro le dijo: ‘No me lavarás los pies jamás’. Jesús le contestó: ‘Si no te lavo, no tienes nada que ver conmigo’. Simón Pedro le dijo: ‘Señor, no sólo los pies, sino también las manos y la cabeza’ (Juan 13, 1-15)”. Sí, ése es Pedro, el impulsivo Pedro.

El mismo Pedro que, momentos después, anunciado ya por el Señor lo que iba a ocurrir, completamente turbado, llama a Jesús: “‘Señor, ¿a dónde vas?’. Jesús le respondió: ‘A donde yo voy no me puedes acompañar ahora, me acompañarás más tarde’. Pedro replicó: ‘Señor, ¿por qué no puedo acompañarte ahora? Daré mi vida por ti’. Jesús le contestó: ‘¿Con que darás tu vida por mí? Te aseguro que no cantará el gallo antes que me hayas negado tres veces’ (Juan 13, 21-33. 36-38)”. Pedro no hubiera creído eso jamás, pero horas después... ya con Cristo preso ante Caifás... “Simón Pedro y otro discípulo seguían a Jesús. Este discípulo era conocido del sumo sacerdote y entró con Jesús en el palacio del sumo sacerdote, mientras Pedro se quedó fuera a la puerta. (...) La criada que hacía de portera dijo entonces a Pedro: ‘¿No eres tú también de los discípulos de ese hombre?’. Él dijo: ‘No lo soy’. Los criados y los guardias habían encendido un brasero, porque hacía frió, y se calentaban. (...) Simón Pedro estaba en pie, calentándose, y le dijeron: ‘¿No eres tú también de sus discípulos’. Él lo negó, diciendo: ‘No lo soy’. Uno de los criados del sumo sacerdote, pariente de aquél a quien Pedro le cortó la oreja, le dijo: ‘¿No te he visto yo con él en el huerto?’. Pedro volvió a negar, y enseguida cantó un gallo (Juan 18, 1–19, 42)”.

¡Qué traición! El fiel, el que presumía de no abandonar jamás a Jesús, el que le aseguraba que daría la vida por él... negándole tres veces, en su peor momento, cuando más le necesitaba el Señor. Pero Cristo es Misericoria... y tenía que mostrarle su perdón del modo más simbólico que se pueda imaginar, ya resucitado: “Cuando hubieron comido, Jesús dijo a Simón Pedro: ‘Simón, hijo de Jonás, ¿me amas más que éstos?’. Le respondió: ‘Sí, Señor; tú sabes que te amo’. Él le dijo: ‘Apacienta mis corderos’. Volvió a decirle la segunda vez: ‘Simón, hijo de Jonás, ¿me amas?’. Pedro le respondió: ‘Sí, Señor; tú sabes que te amo’. Le dijo: ‘Pastorea mis ovejas’. Le dijo la tercera vez: ‘Simón, hijo de Jonás, ¿me amas?’. Pedro se entristeció de que le preguntase una tercera vez si lo quería y le contestó: “Señor, tú conoces todo, tú sabes que te amo’. Jesús le dijo: ‘Apacienta mis ovejas. Te lo aseguro: cuando eras joven, tú mismo te ceñías e ibas a donde querías; pero, cuando seas viejo, extenderás las manos, otro te ceñirá y te llevará a donde no quieras’. Esto dijo aludiendo a la muerte con que iba a dar gloria a Dios. Dicho esto, añadió: ‘Sígueme’ (Juan 21, 15)”.

Desde entonces, sabiéndose realmente perdonado –triple traición, triple perdón– por el Maestro y confirmado en su papel de ‘roca’ angular, Pedro, el terco Pedro, el sencillo Pedro... supo con gozo que daría la vida por ser pescador de hombres en nombre del Dios del Amor.

MIGUEL ÁNGEL MALAVIA

1 comentario


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Comentarios
  • Comentario por César Augusto 29.03.09 | 13:07

    ¡Torpes sois, con tanto "Jesús, Jesús"...!
    Aquel hombre señaló los cielos y vosotros no habéis hecho más que idolatrar el dedo durante 2000 años...

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