
El traje de luces, ajustadísimo, marca la sensualidad de fuego y oro de Conchita Cintrón. La conocida como ‘Diosa Rubia del Toreo’, está siendo pintada por Francisco de Goya. Este aragonés agrio y poeta murió hace ya más de una centuria, pero dejó firmado en su testamento que debía ser llamado para un último lienzo el día en que una bella mujer cogiera el capote y dibujara un compás perfecto ante un morlaco bravío.
Conchita Cintrón, chilena de nacimiento y peruana del sentir, lucha. Lucha ante las leyes que en la España de un caudillo bajito no le dejan emular a Cúchares. Le prohíben torear por ser mujer. Precisamente, en la geografía de sus sueños: la tierra madre que alberga las Ventas isidriles, la Maestranza de tez aceitunada y la Monumental sin ramblas, debe ser la pica a conquistar por quien en las Américas ha matado a más de cuatrocientos toros en las plazas de Bogotá, Ciudad de México, Caracas, Quito o Lima. Allí, su arte abarrotaba las plazas y le concedía la gloria del triunfo de ducharse en la habitación del hotel y sentirse viva al no haber sido destrozada por un astifino. Cada tarde: sudores fríos, boca seca, olor a habano, silencio en la gradona, estremecimiento ante el contacto de la piel del toro, placer, vida.

Los machistas y tuteladores de su salud sólo le permiten torear a caballo, con el rejón como arma letal. Pero ella sólo se siente artista con la muleta como única defensa, pasándose los toros muy cerca, lentamente... Lucha por cumplir su sueño. En Jaén aún recuerdan la tarde en que “osó” torear a pie y la guardia civil la arrestó el resto del festejo, con el palco presidencial como cuartelillo. Allí, justamente en Jaén, fue donde poco después se retiró en una gloriosa tarde de 1950, ante el éxtasis de una grada que clamaba por su ‘diosa’.
Dicen por ahí que hace dos semanas que has muerto en Lisboa a los 86 años. Dicen que pintabas, que así sofocabas la pasión por el arte. ¿Será cierto? Ha de serlo... ¡Si hasta leí tu obituario en el ABC! Pero... no, no puede ser... ¿quién fue el que me dijo que un artista nunca moría? Pues él ha de saber mejor que nadie que vives en el corazón del Cossío. Que fueron muchos los que en los cuarenta y cincuenta te vieron esperar el combate dando la espalda a la puerta de chiqueros. ¿Y tus verónicas? ¿Y tus estatuarios? ¿Y tus pases de pecho? ¿Y tus naturales? ¿Yo, que no los vi jamás, podré olvidarlos algún día?
MIGUEL ÁNGEL MALAVIA

Jueves, 31 de mayo
Antonio García Fuentes
Julián Moreno Mestre
Chris Gonzalez -Mora
Ángel Sáez García
José Pómez
Manuel María Ventura
Juan Granados
Juan Luis Recio
Mª Rosario Aldaz Donamaría
Patricio Peñalver
Julio César Izquierdo
Carlos Juan Gómez Martín