La hora de la verdad

El sensitivo autobús que conduce a una Venezuela que vota NO

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Son las seis de la mañana cuando cojo el autobús que me ha de conducir a la ciudad desde la que algunos dicen que se va al cielo. Pongamos que hablo de Madrid. Tras diez minutos, el libro ‘Mi querido Mijael’, del israelí Amos Oz, cae rendido sobre mis piernas dormidas. El sueño ha vencido al poder de la cafeína.

Media hora o un año después, abro los ojos. Un soplido en la oreja es el que me despierta. Penélope Cruz es la autora de la brisa de las centellas alegres y sonrientes. Con un ‘Bienvenido a Moscú’, me sitúa en la ciudad en la que una momia acabó con los omnipotentes Zares. Al contemplar a Lenin rezo porque nunca más vuelva a abrir los ojos... Me aterran aquellos que en nombre de la igualdad matan la libertad. Del mismo modo que huyo de un Madoff que no duda en robar a sus propios hijos para poner la pica más alta en un capitalismo de trasfondo opaco, casi negro.

El Cairo es la siguiente parada del autobús de la sensualidad, me informa una Kate Winslet que llora lágrimas de belleza pura sin quirófano. Una manifestación en contra de la actuación francesa en el Tratado de Versalles no sólo es apoyada por los germanófilos, sino por los amantes del arte de José Tomás. Por cierto, me recuerda un Serrat entusiasmado pese a su mirada triste, Talavante se encierra con seis toros en Las Ventas para Pascua de Resurrección. Prepara los prismáticos, pues hemos de verlo desde Kioto, le respondo yo, distraído ante los encantos de Charlize Theron, empeñada en darme un masaje. Rostropovich embauca al resto de Buenos Aires con un solo de violín.

Vida, fe, esperanza, dudas no agnósticas, lucha, ¿muerte?... son los siguientes estados de ánimo en los que nos instala nuestro frenético autobús. Hasta llegar a la explanada en la que un gorila intenta embaucar a la masa vendiéndoles tiranía por amor. Su demagogia es tan abismal que ni siquiera parece un populista más. Todos los dictadores dicen “sacrificarse” por el “bien” de su “amado” pueblo. Ya sea en Cuba o en la tierra madre engendradora de “gallegos” emigrantes por el hambre y el corsé ideológico. Pero aquí, en Venezuela, el “caudillo” pretende significarse como el amor encarnado en la piel estrictamente humana. Y eso ya no. Visiblemente enfadado y pese a ser español, deposito mi voto venezolano con el NO en la urna que vuelve a preguntar lo mismo que hace poco más de un año. Sí, esa es la democracia que algunos preconizan. Esa es la democracia que en el referéndum de mañana van a votar millones de venezolanos diciéndole a Hugo Chávez un NO tan grande que se escuche hasta en la cama del dictador que cambió el uniforme militar por el chándal Adidas.

Sólo cuando eso suceda podré despertar de mi sueño y llegar a Madrid. Que llego tarde al trabajo.

MIGUEL ÁNGEL MALAVIA

2 comentarios


Los comentarios para este post están cerrados.

Comentarios
  • Comentario por Juanan 15.02.09 | 22:36

    ¿No será usted comunista de la vieja escuela amigo Malavia? Ese post de corte masónico tiene toda la pinta.
    Tengo a los kazajos investigándole.

  • Comentario por Edu J. 14.02.09 | 18:50

    Para empezar han largado, a Luis Herrero y Carlos Iturgaiz, de Venezuela.
    Mal empieza la cosa.

Jueves, 31 de mayo

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