
Hace dos años, recién comenzada la carrera de Periodismo, el profesor que impartía la asignatura de Periodismo en la Red nos pidió que, como práctica de clase, nos creáramos un blog. “¡Vamos hombre! ¿Y eso cómo va?”, le espeté visiblemente disgustado al compañero (y amigo) que se esconde tras el seudónimo de Ciriaco de Málaga. Éste reaccionó con el paternalismo risueño propio de quien acaricia a un perro abandonado y me explicó que era un “diario digital”. Mi respuesta austrolopitecoide fue: “Pufff... ¿y qué cuento yo cada día?”. Para mí, un ser más bien receloso de lo denominado como “nuevas tecnologías” y partidario romántico de la Olivetti y el café con prensa en el sofá, un blog era un ente tan extraño como me lo puede ser hoy el famoso Facebook. En definitiva, que me escaqueé y me “libré” de hacerme un blog. Sólo unas semanas después, tras darme cuenta de que podía ser un lugar en el que hacer lo que más me gusta, que no es otra cosa sino escribir (aunque no fuera en papel sino “en el internete este”), nació ‘La hora de la verdad’.

Estos días se ha hecho pública en Verona la denuncia de 77 ex alumnos de un internado infantil para sordomudos que, presuntamente, entre los años 50 y los 80 habrían sido objeto de abusos sexuales por parte de 25 sacerdotes y religiosos encargados de su cuidado. También se involucra al obispo veronés de aquel entonces, el ya fallecido Giuseppe Penzi. Ojalá que todo esto sea falso y no se trate sino de un “montaje”, como dicen desde el obispado de Verona, pero pase lo que pase, hasta el final y con todas las consecuencias, esta historia no puede quedar en el desván del olvido; la pequeña Iglesia de Verona, así como la Iglesia universal, han de poner la lupa en un caso que sólo las autoridades policiales y, en su caso judiciales, han de solventar.

Tic-tac, tic-tac, tic... ¡Boom! El estruendo ha cegado los ojos de la pequeña Lucía, que corre sin parar, sorteando a los supervivientes que, cual cadáveres, deambulan de un lado a otro. Tiene miedo. Sin saber cómo ni por qué, se ha visto engullida por una oleada de fuego, disparos y trincheras. Cuatro carros blindados pasan a su lado, aplastando los restos desgajados de una familia ya masacrada. Uno de aquellos cuerpos, el más pequeño, es el de su amiga Judith. Tenía su misma edad: 9 años.

Para alguien que, como yo, pasa casi cuatro horas al día en distintos medios de transporte, la visión acelerada del paisaje es lo más normal. En el autobús, la fría primera hora de la mañana anhela el sabor a café, mientras la ventana, resguardada por las legañas y los bostezos, muestra un laberinto de fábricas, árboles y coches... y más coches. El metro y el tren son diferentes: la opacidad exterior es la que te hace clavar la vista en el libro o el diario gratuito, sin perder ripio de jugosas conversaciones ajenas y, quién puede evitarlo, de las hipotéticas protagonistas de la portada del próximo número de FHM. Aunque tal vez sea el sueño el que juega una mala pasada y nuble la vista para ocultar a quienes no habrían sino ser la primera plana de El Jueves... Me lo dice mucha gente: debería dormir más.

Ojeando las portadas de los periódicos del día, dos me han resultado especialmente despreciables: las del ‘Marca’ y ‘El Mundo’. La primera, por la indignidad del personaje que la ilustra, Vicente Boluda, nuevo presidente del Real Madrid. Y la segunda, por la falta de ética del propio diario.

Ayer, cuando pasaba por la plaza de Arganda del Rey (donde vivo), me topé con una manifestación (que no superaría la treintena de personas) para protestar contra la guerra de Gaza. A pesar de mi escepticismo por lo que imaginaba que iba a encontrarme, unas sencillas velas y el apacible sonido de música clásica me hicieron creer que tal vez sí, podía tratarse de un verdadero acto “por la paz”. Sin embargo, cuando al acercarme, vi que presidía el acto una bandera de Israel con una esvástica, me fui. Triste y decepcionado.

En el momento del desgarro y el beso en la frente y la mejilla ya tibias, las campanas comienzan a doblar en Landete. El pueblo, sobrecogido, llora porque sabe que ha perdido a una de sus hijas más queridas. Al día siguiente lo demostrará volcándose en un entierro de los de antes, de los de toda la vida. Pero eso será mañana. Mañana serán el ataúd cerrado, el responso definitivo, el silencio más impactante, los ladrillos de la última imagen... mañana, mañana, mañana... Pero hoy, hoy doblan las campanas en Landete.

Jamás me había costado tanto escribir algo. Pero cuando el dolor te oprime, el vacío te angustia y la melancolía te desgarra... hay que sacar fuerzas para honrar a mi modo a una de las personas que más quería en este mundo: mi abuela. El último rescoldo de 2008 fue el que te alejó para siempre de nuestro lado. ¡Maldito sea ya el 2008! Los papeles decían que te llamabas Emilia, pero siempre fuiste, para todos, Eloira. Cuando te quedaban meses para cumplir 80 años, te has ido de repente. Aunque, gracias a Dios, nos hemos podido despedir todos de ti. Y tú, desde el silencio pero con el corazón, de nosotros.
Jueves, 31 de mayo
Manuel María Ventura
Juan Granados
Juan Luis Recio
Ángel Sáez García
Mª Rosario Aldaz Donamaría
Antonio García Fuentes
Patricio Peñalver
Julián Moreno Mestre
Julio César Izquierdo
Carlos Juan Gómez Martín
Paulino Toribio
Peio Sánchez Rodríguez