
En la noche sevillana, el bar más castizo de Triana albergaba los estertores de un Don Juan Tenorio que, tirado en el suelo, echaba las tripas en un vómito infernal. Las pastillas de éxtasis habían hecho mella en su profunda melancolía. Sólo y aterrado, quería terminar con la agonía de una mala vida por la vía del suicidio. La turba veía con impavidez su muerte. En medio de la multitud, estaba sólo. ¿Sólo? “Jamás”, gritó Doña Inés, que tapaba la blancura sepulcral de su rostro bajo un manto de maquillaje azul y botas de tacón. La musa de la verdad apartó a los bulliciosos y se arrodilló ante el caído.

Él era el ídolo de la afición. Un delantero a la antigua usanza: su disparo con la diestra (jamás tocó un solo balón con la zurda) era duro, brutal, demoledor, zafio, corrosivo, indigno, inmoral. La grada lo alababa sin cesar, hiciera lo que hiciera. Y él correspondía como la auténtica estrella que era: con arrogancia, engreimiento, endiosamiento.

Al entrar esta tarde en la portada de Periodista Digital, la escogida como noticia principal me llamaba enormemente la atención. Su titular decía así: “Se busca mujer o gay para suceder a ZP en 2012”. En la ¿entradilla? de la ¿información? (ausencia total de fuentes, especulación en estado puro, sensacionalismo a raudales...) se decía que el presidente del Gobierno había decidido no presentarse a la reelección en 2012 y que tenía claro que el mejor perfil para figurar de candidato a la presidencia por el PSOE había de ser “una mujer o un gay”. Para, inmediatamente, por la propia cosecha del redactor de la noticia, oferecer algunos nombres: Carme Chacón, María Teresa Fernández de la Vega... ¡y Miguel Sebastián!

¡Vamos, soldados! Arriba las raquetas, las bicicletas y los balones. Los pérfidos miembros de Gabacholindansky nos han desafiado. Pero no saben a quienes han lanzado el guante a la cara... ¡Somos españoles!

¿Qué es la vida? Ufff, ¿bailas?, azul especiado, glocalización, hirsuto por preferencia, madera reseca a la par que dulce, ¡mamma mía!, Monica Bellucci, la niebla en la verbena, declaración letal por ser la respuesta inicial y que ya deja sin esperanzas, ¿no? ¡Yes, we can!

Ayer viví uno de los momentos más felices de mi vida, sin exageración. Cuando hace siete años comencé a ser catequista, siempre pensé con ilusión en lo que sería este día: el de la recepción del sacramento de la Confirmación por mi grupo. Y llegó ayer. Y fue, sencillamente, redondo. Junto a mi gran amigo Félix, hemos tenido el orgullo, en estos tres años de catequesis para confirmandos, de hablar de Dios a “nuestras chicas”: Ana, Bea, Marta, Mari Mar, Ana, Lorena e Inma. Muchos se quedaron por el camino, terminando por cansarse de las “chapas” que les metíamos mi acólito y yo. Ayer me acordé mucho de gente como María, Marta o “los terroristas” (unos crápulas con alas de ángel y mirada de demonios picarescos que nos boicoteaban cualquier intento de ponernos serios).

El bullicio expectante del respetable ensordeció cuando la terna de las letras saltó al ruedo: Luis María Anson, Alfonso Ussía y G. K. Chesterton, salieron decididos a dar la vida por el arte en la plaza del marqués de Sade. Los periodistas monárquicos hispanos salían fumando en pipa, con el gesto fingidamente sonriente, disputando sobre cuál era la tenista a la que le sentaba mejor la minifalda. El british, con la mirada mística a la par que burlona, dilucidaba el modo en el hombre que fue jueves abandonó el Consejo Mundial Anarquista para ingresar en las hordas de la conversión petrina.

Para los que tengan el ABC de hoy, en su edición madrileña. Les pido que acudan a la página 50, en Local. Allí, en una media, hay tres noticias breves. Aquí están los titulares de las dos primeras:

¡Habemus Obama! Antes de comentar nada, quiero recordar un texto que escribí el pasado 4 de abril, cuando se cumplían 40 años del asesinato de Luther King. Sin gente como él, el hito histórico que se acaba de producir en EEUU no hubiera sido posible. En su homenaje, expongo otra vez aquí lo que entonces comenté:

Aunque en mi anterior artículo pretendía iniciar un debate sobre el, a mi juicio indudable, ataque organizado contra la Monarquía Parlamentaria de todos, las embestidas ciriaqueñas acabaron reduciendo la discusión a la etapa precedente: el Franquismo. Mi amigo y gran azote, me echaba en cara que “mi apasionamiento como periodista” me impedía enjuiciar al Régimen de Franco “con la debida moderación del historiador”. En primer lugar, aclaro que no soy, en absoluto, historiador. Soy licenciado en Historia por la Universidad de Alcalá de Henares (teniendo como compañero de estudios, entre otros, al “exiliado en Málaga”, a la Bandera de Adiós Ayer, al Demonio del Mediodía, a Bsk on tour o al capo Edu J., todos ellos comentaristas de este blog). Pero lo de historiador queda sólo para los que han dedicado su vida a un periodo concreto, escribiendo libros e investigando las fuentes primarias. No es mi caso. Yo, simplemente, soy un apasionado de la Historia Contemporánea de España que me he documentado con todo tipo de lecturas de ese tema por simple afición. Y desde esa condición opino, no desde ninguna otra apegada a la esfera de lo científico.

La tradición cainita de España es suicida. Es así, nos aburrimos de la tranquilidad; nos va la marcha. En la Monarquía Parlamentaria de Juan Carlos I gozamos de una época sin parangón en cuanto a libertades y desarrollo en comparación con cualquier otro periodo de nuestra Historia. Y mucho más teniendo como referente la etapa precedente: la dictadura militar de Franco; un régimen autoritario y policial que elevaba a la élite a una minoría representante de la media España superviviente de una sangrante guerra fraticida.
Jueves, 31 de mayo
Manuel María Ventura
Juan Granados
Juan Luis Recio
Ángel Sáez García
Mª Rosario Aldaz Donamaría
Antonio García Fuentes
Patricio Peñalver
Julián Moreno Mestre
Julio César Izquierdo
Carlos Juan Gómez Martín
Paulino Toribio
Peio Sánchez Rodríguez