
Un pueblo cualquiera en un día cualquiera. Eso sí, la estación: verano; la hora: las cinco de la madrugada. Cuando Tomás salió al descampado, cubata en mano, miró a toda prisa en busca de un rincón escondido en el que poder mear. Eran las fiestas de la Virgen del Carmen, y la verbena estaba hasta los topes. La mayoría eran “extranjeros”, como él, que venían de Madrid o Barcelona, a donde sus padres se marcharon poco antes de que ellos nacieran.
Y como Elena. Ella vivía en Toledo. Ahora estaba apoyada en la barra, tumbando el último mini de vodka. “Vaya castaña...”, se decía Tomás mientras resoplaba bufidos abotargados, apoyado en un camión que había en la parte de atrás de la carpa ambulante. Según se bajaba la bragueta, empezó a escuchar de fondo una bella melodía de amor en boca de la penosa vocalista rubia del horrible grupo que habían contratado para esa noche el sinvergüenza del alcalde.
Ya había empezado a soltar lastre cuando, sin saber por qué, empezó a pensar en Elena: en sus ojillos vivarachos, en su boca melosa, en lo graciosa que estaba cuando iba chuza... como ahora. “Para qué me voy a engañar”, pensó mientras se abofeteaba a sí mismo dándole un pescozón a su conciencia. “Elena... Elena... siempre fue Elena. Cuando no pensaba en Sandra mientras la besaba, cuando me quedaba en casa un sábado para escuchar la canción que ahora está destrozando aquella rubia que está tan buena, cuando recibía un mensaje en el móvil y me moría de ganas por que apareciera su precioso nombre”.
“¿Y si se lo digo?”, se dijo en un arrebato. “¿Y si le digo que hoy y mañana y pasado... y siempre, siempre la querré?”. Con el corazón en un puño, él mismo trató de poner la red debajo de la cuerda de trapecista que tenía que subir... directo al cielo. “O al infierno”. “Total, si me mira asustada, mañana le diré que los dos íbamos borrachos y que fue una broma”. “Sí, sí, ¡una broma!”. Llevaban toda la noche juntos. Risas, confidencias, chupitos... “¿pero para cuándo el “oye, nena, ¿quieres bailar... sobre mis labios?”. Sí, la noche era ésa. Ninguna otra. “Ahora vuelvo”, le había dicho cuando se fue con su cubata en busca del alivio. “Pero vuelvo de verdad”, se decía ahora con una sonrisa nerviosa.
De un salto, se plantó sin más dilación en la puerta de la verbena. Ahora sonaba una de Amaral. “Cuando el mundo entero estalle... será demasiado tarde... para reencontrarnos con las leyes naturales”, berreaba la rubia de desproporcionados pechos. “Elena, Elena... ¡Elena!”, se dijo para sí mientras avanzaba trastabillándose ante su “rosa de la paz”. “¿Por qué se ríe? –pensaba– ¿Por qué cojones me está mirando todo el mundo? –se gritaba a sí mismo– ¿Por qué...? ¡¡¡Mierda!!!”, se dijo un Tomás que comenzó a huir a grandes zancadas, llevándose las manos a los pantalones manchados completamente de orina y ron.
En la distancia, Elena, majestuosa dueña de la barra, sonreía viendo correr al que sabía que algún día tendría que pedir que fuera su particular barman: “Camarero, una copa de besos de amor”.
MIGUEL ÁNGEL MALAVIA
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Miguel Ángel, ¿crees que debemos permanecer en un portal como éste, en el que acaba de inaugurarse el blog de Juan Fernández Krohn, ex sacerdote integrista que intentó asesinar a Juan Pablo II en 1982?
dejate de experiencias personales y vamos a darle caña a quien ya sabemos!!!
Cuando al día siguiente se despierte y se levante sentirá ciertos remordimientos de conciencia. Pasado un tiempo, pensará en una nueva oportunidad y una estrategia. Días después estará sumido en una pequeña depresión por su fracaso. Tardará meses en darse cuenta de que aquella reina de la barra, no estaba hecha para él. Solo era un espejismo, un juguete que disfrutaría otra persona muy diferente y a lo mejor distante.
Entonces se daría cuenta de que una mancha en la bragueta a veces es crucial en la vida de una persona.
Jueves, 31 de mayo
Manuel María Ventura
Juan Granados
Juan Luis Recio
Ángel Sáez García
Mª Rosario Aldaz Donamaría
Antonio García Fuentes
Patricio Peñalver
Julián Moreno Mestre
Julio César Izquierdo
Carlos Juan Gómez Martín
Paulino Toribio
Peio Sánchez Rodríguez