Javi y Sandra
05.10.08 @ 17:08:04. Archivado en Sobre el autor, Relatos

Javi no sabía muy bien qué hacía allí y cómo se había dejado convencer por sus compañeros de trabajo. Ese día se había hecho tarde por el inventario y él estaba realmente cansado. Pero cuando Juan y Sebas le dijeron que se fuera con ellos a tomar una copa “y lo que se terciara después”, se animó rápidamente, pues no quería acostarse y volverse a despertar para ir nuevamente al trabajo. Necesitaba “cambiar el chip”, y para ello nada mejor que algo de marcha, de las “emociones fuertes” prometidas por sus compañeros; de los que intuía por sus cuchicheos que tramaban “alguna” a sus espaldas. Aunque no le importaba lo más mínimo, pues presentía que le iba a gustar conociendo a ese par de golfos.
Pero todo cambió cuando después de la tercera copa cogieron el coche de Sebas y se fueron de “excursión”. A la que Javi se quiso dar cuenta, estaban en un descampado del extrarradio en el que otros coches realizaban un circuito nauseabundo. Fueron sólo un par de minutos, en los que él, medio mareado, veía desfilar ante sus temblorosos ojos las imágenes de luces, colores, chicas de minifalda y labios pintados ostensiblemente. Las chicas, al principio, trataban de llamar su atención, insinuándose provocadoramente. Pero luego todo degeneró en lo mórbido, en lo sucio, en lo pueril. Sus amigos no paraban de insultar a las “guarras”, a las “jododas zorritas” y a instarle e él voz en grito a “reírse de las putas”. ¿A eso habían venido, no?
En un momento dado, vio a una boliviana muy bonita y extremadamente joven, que no tendría más allá de los 17 años. Al pasar el coche a su lado, ésta, con gesto de asco y temor, se levantó la falda y pareció llamarles con la mirada perdida. En ese instante, Juan y Sebas le tiraron a la cara el último cubata y le dijeron que “no follaban con perus de mierda”. Ella lloró y Javi vomitó sobre su traje de raya ejecutiva.
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Esa noche estaba siendo muy mala. Sandra, que llevaba en ese maldito descampado desde las once de la noche, sólo había estado con dos hombres. Por el completo había ganado algo, pero por la felación tuvo mala suerte. El tío era poli y le dijo que no le pagaba. Cuando ella hizo un atisbo de protesta, él le soltó un tortazo y le dijo que si se le ocurría abrir la boca “la mandaba a su puto país a leche limpia”. Ella, de buena gana, hubiera dicho que sí, que la mandara a su “puto país”, a su Bolivia, con sus dos hijos y su madre.
Erigida otra vez sobre su “escaparate”, pensaba para sus adentros: “¡¿Por qué la vida es así, joder?! ¿Por qué no puedo estar ahora en casa con mis hijos, abrazándoles? ¿Por qué vine aquí, a este jodido Primer Mundo, en busca de la oportunidad? ¡¿Qué oportunidad?! Abrirme de piernas ante esos perros abuelos, ante los padres de los malcriados, ante los malditos chicos de traje... como esos hijos de puta que aquí acaban de venir a reírse de nosotras”.
Por un momento, Sandra pensó en tener un detalle de dignidad y darse la vuelta ante el coche blanco del que salían bocinazos, risas e insultos. Pero al final, en el último instante, pensó que si aquellos chicos vestidos de traje la cogían a ella, podía ganar el suficiente dinero como para dar por terminada la noche y tomarse un café caliente (tenía mucho frío) junto a sus cuatro compañeras de piso. “A esta hora, tal vez, ya estén levantadas para ir a la universidad. Y a lo mejor se han acordado de mí y me han dejado algo de desayunar. Si supieran de dónde vengo todas las noches..”. En éstas estaba Sandra cuando al llegar el coche blanco a su altura, sin poder evitar la náusea y el desprecio, se levantó la falda, enseñando la “mercancía” que les ofrecía. Por toda respuesta, el insulto y un vaso de whisky arrojado en su cara. En medio del estallido de lágrimas, mezcladas con el alcohol que caía por su cara, vio a los dos hijos de puta que con su impecable traje gris y corbata a juego, rompían en un mar de carcajadas, acelerando el coche.
A quien Sandra no vio fue a Javi, que agachado en el asiento trasero, vomitaba la dignidad robada a las princesas de la noche.
MIGUEL ÁNGEL MALAVIA
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"...Si no el hecho de hacer con estas pobres chicas un acto de misericordia, devolverlas un mínimo de esperanza, de fe en el ser humano. Lo que la sociedad las suele negar y mirar hacia otro lado. Amigos, aunque os parezca una locura y una insesatez total, ¿por qué no atreverse a intentar la experiencia, pararse delante de una de estas mujeres y entablar diálogo,llevarlas un café en mitad de la noche ahora que empieza a hacer frío y llueve, por ejemplo, aunque nos mande a la m.ierda, nos grite insulte porque la estamos por así decirlo j.odiendo el negocio? Entonces se buscaría otras estrategias. Pero sería la mejor manera de que conocer un poco la realidad de este mundo".
Lo que dice Juanan también es verdad, a mi las señoritas de la via Complutense me merecen todo el respeto del mundo.
Hace unos 3 años mi primo y yo ibamos en su coche por la vía de servicio que da a entrada a Alcalá para entendernos en dirección al Juncal. Los que solemos transitar por esa carretera, sabemos muy bien que es una zona donde se suelen aposter cada día algunas prostitutas. Bien, era de noche, me parece que era de madrugada y algunas de aquellas jóvenes se protegían del frío insoportable de enero con una pequeña fogata al lado de una depuradora. Ciertamente la escena era desoladora. Al contemplar fugazmente ese panorama, mi primo que conducía comentó: "Si tuvieramos mas tiempo, no me hubiera molestado parar donde estas chicas y llevarlas a tomar un café caliente e incluso nos contaran sus vidas." No como un acto de morbosidad ni para tener una batallita mas que contar, ni de presumir que buenos y caritativos, solidarios que somos. Si no el hecho de hacer con estas pobres chic...
Por cierto, creo que puedo decir esto de CCH, porque permanece en el anonimato (sé que él detestaría que ensalzara su nombre, pues sus actos son sinceros y humildes): Él sí es de los que se mojan los pies y salen a la calle a "desfacer entertos".
Tampoco he dicho que sea un relato "de los tuyos". Tan sólo afirmo que idealizas demasiado, como buen bisoño que eres.
Malavia: sé que hay mujeres obligadas por la necesidad, asfixiadas por las terribles mafias, atadas de pies y manos en un país extranjero, y alejadas, contra su voluntad, de sus seres queridos. Es más: pónme delante a una Sandra de carne y hueso y no a una invención tuya, totalmente idealizada. Entonces comprobaremos quién es más misericordioso, si tú o yo.
Creo más bien que habremos de hacer examen de conciencia del mucho mal –que nosotros consideramos poco- que hacemos con nuestras personales diferencias e indiferencias. Ya sabes que al arrepentido, a quien mucho se le perdonó, tiene mucha más gratitud y amor hacia quien le perdonó. Y el primer paso para el perdón es la compasión hacia quien nos ofende.
La simple existencia de “princesas de la noche” o de “príncipes de los ladrones” nos desagrada extremo a los que nos declaramos orientados hacia ciertas virtudes. Pienso que si superamos esa “ofensa de su presencia” quizá desarrollemos a partes iguales talento y amor hacia quienes así nos ofenden para ayudarles en su personal redención y ayudarnos en la nuestra propia.
Por favor, no te hagas publicano, no sea que te pases toda la eternidad intentando enhebrar un camello por el ojo de una aguja tú solo y sin ayuda de nadie. Mejor, compadécete de publicanos y prostitutas, y a buen seguro no te faltará...
Prostitutas y publicanos nos precederán en el Reino.
Este es un mundo injusto, pensemos lo que pensemos. ¿Permitiría un Dios algo así?
Por desgracia y me avergüenzo de ello, tengo amigos que cuando salían de fiesta desde Alcalá a Madrid. gritaban e insultaban a las prostitutas a lo cual yo por vergüenza ni les miraba e incluso descriminaba. ¡Que las den por culo a las lumis!. Contestación corriente. Por lo menos no las escupían ni tiraban nada a las pobres que ya bastante cruz tenían con lo suyo.
Cuando pueda señor bisoño visite mi blog, acabo de escribir el segundo capítulo de a espadazo límpio: http://blogs.que.es/el-galeon-de-don-juan-de-austria/posts
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