La hora de la verdad

De farra poética por Estambul

02.10.08 | 17:20. Archivado en Sobre el autor, Relatos
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La noche caía ceñida sobre Estambul, la puerta monumental al mundo de la sabiduría incensada. El silencio era tal que hacía daño a los oídos. Todos los de túnica y barba dormían plácidamente, en espera de la oración mahometana al albor de la primera luz. Hasta que algo rompió la paz. ¿Algo? ¿Alguien? No se puede asegurar a ciencia cierta, pero unos femeninos ojos negros envueltos en un pañuelo dirían más tarde que lo que acabó con el nirvana mágico fue una voz golfa, crápula, que se reía a carcajadas. “Todas las noches son noches de fiesta... para Chavelita y para mí”, gritaba el poeta canalla del brazo de una hembra de tez arrugada, traje apaisado y dos pistolones arraigados en la cintura. Sí, eran Joaquín Sabina y Chavela Vargas... llegados directamente desde Madrid, siempre Madrid.

¿Qué buscaban en Constantinopla los amantes bandidos de Frida Kahlo y Diego Rivera? ¡Pues qué iba a ser! El bulevar de los sueños rotos... que lleva directamente hasta la tertulia de la noche de Granada. Federico García Lorca y Pablo Neruda disertaban apasionadamente sobre el sentido de la enigmática sonrisa de la Mona Lisa. Cuando el poeta truhán y pendenciero y la mariachi masculina de sonrisa eterna y voz indescriptible, borrachos como una cuba, llegaron hasta ellos, todos estallaron en una risa que despertó a las gentes de la decencia en Granada, Madrid y Constantinopla.

¿Se iba a quedar todo ahí, en la picardía de una treta de pequeñuelos? No, la travesura debía de alcanzar el rango de hito en honor del gran Baco. Así, no tardaron en responder a su llamada en forma de aullido los artistas invitados: Paco de Lucía, que enmudeció el alma de la mujer del pañuelo con su guitarrada; Sara Baras, que elevó el flamenco al altar de Afrodita; Manolete y José Tomás, que sometieron a estatuarios suicidas a los toros del Otomano; Monica Bellucci, que sonrió y todo el mundo murió... para subir al cielo de las musas.

Con la tragedia de cuerpo presente, el luto terminó de ceñirse cuando la Vargas desenfundó sus pistolones y envió de un certero disparo a la ninfa (que no ninfómana) italiana al Hades; para disfrute del innombrable.

Sólo entonces dejó de escucharse la risa ajada del poeta que cantaba a los perdedores porque se cantaba a sí mismo. Esa noche 'Calle Melancolía' cerró en Madrid y abrió sucursal en la eterna Estambul.

MIGUEL ÁNGEL MALAVIA

3 comentarios


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Comentarios
  • Comentario por Ciriaco de Málaga [Blogger] 03.10.08 | 11:55

    Necesitas una cura de sueño urgentemente. Y cuidarte un poco esas piernas. Te recomiendo una cuarentena: una buena temporada sin alcohol y sin Sabina.

    Feliz día de San Francisco de Borja.

  • Comentario por bsk on tour 03.10.08 | 01:50

    yo con sabina no iria ni a coger billetes de 500, vaya aparato de ser, mas yonki imposible y solo cuando va hasta arriba es cuando lo mismo hace esas supuestas poesias de las que hablas. un caradura,vamos.
    un saludo moncholin

  • Comentario por Edu J. 02.10.08 | 23:23

    Le garantizo, que no me hubiera importado participar en el sarao.

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