
Era ya la profunda anochecida. En un ambiente fantasmagórico, casi sepulcral, me encontraba en un monte. Sólo. Pero no tenía miedo. Sin saber el qué, había algo que me hacía presentir que nada malo me podía pasar, que estaba allí, en ese lugar tan irreal, para presenciar algo maravilloso. Hasta que lo vi.
En un momento dado, allá a lo lejos, en lo alto de un cerro, estaba él. Bueno, estaban los dos: Un oso enorme, que se levantaba sobre sus patas traseras, de pie, hierático, sosteniendo un capote. Y un toro que acudía presto a todos sus cites, pasando muy cerca del oso en cada embestida, absolutamente sometido. La visión era surrealista, pero rodeada de una aura tan mágica y envolvente, que no cabía la menor duda de que lo que estaba sucediendo en esos mismos momentos era cierto.
Con la boca abierta, contemplé la sucesión de chicuelinas, gaoneras y verónicas que acometía un oso artista hasta la médula. Por la distancia, no llegaba a ver su rostro, pero estaba seguro que su gesto era el de un místico; aire compungido y mirada perdida al horizonte. El toro estaba completamente rendido, embelesado ante la magia del instante, pero aún así no paraba de embestir con toda su fuerza, con toda su verdad.
La luna, siempre sensible a la autenticidad, opacó todo su destello al resto de la tierra y únicamente alumbraba al cerro. En medio de la quietud de la naturaleza, con un silencio asfixiante y un aire oceánico y puro sólo ensuciado por el humo de mi habano, sólo había lugar para la épica escena protagonizada por los dos animales.
Allí no hubo ni banderillas, ni puyazos, ni espada. No hubo sangre. Sólo hubo un oso y un toro que bailaron hasta el amanecer. Hasta que se acabó mi puro y me quedé dormido. O me desperté, quién sabe.
MIGUEL ÁNGEL MALAVIA

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Señor, siento decirle que ese oso es el miedo subcosnciente que aguarda al escudo del otro club de la capital, el del Atletico de Madrid. Sin animo de exaltar, Dios me libre por mi bien y el suyo... Con Dios
deja de fumar cosas raras, a ver si no vas a llegar a la boda, tio castaña
Es que todavía me parto viendo el título y las fotos del artículo... El oso torero... Dios mío... Los puros, el alcohol, la juerga, el cansancio acumulado, las aguas landeteras,... todo eso, mezclado en la batidora que es el cerebro de Malavia, provocan estas cosas. Tremendamente gracioso. Excepcionalmente divertido. Genuniamente malávico.
Me encanta la segunda foto. Donde la has encontrado?
Aguas landeteras...causantes de furor
Jajajajajaja!!!
jeje, un oso toreando, has pensado en consultar con un especialista??? jejeje
Jueves, 31 de mayo
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