
En este mundo que nos ha tocado vivir, todo se presenta como aparente, relativo. Por desgracia, cada vez son menos los que creen en la existencia de la Verdad. Sí, así, con mayúsculas. Pero no hay duda de que gran parte de esta situación se debe a la forma en que los hechos son presentados a la sociedad, a la masa.
Así, hace unas noches, ya de madrugada, emitieron un documental en La 2 de lo más curioso. Versaba sobre la llegada del hombre a la Luna. Sin dudarlo, puesto que soy un gran aficionado a la Historia, me quedé a verlo. Sin embargo, lo que en un principio se mostraban como inusitadas y curiosas novedades (se decía que de los tres hombres que fueron en la expedición, el que no pisó la Luna quedó sumido en una profunda depresión y después, al volver a la Tierra, ya nada se supo de él), pronto acabó derivando en un sin sentido. Así, se mostraba como si nada un vídeo clandestino que Nixon habría grabado por si la misión acababa en desastre. Con rostro circunspecto, el presidente de EEUU anunciaba en un discurso institucional que los aeronautas habían muerto.
Sin embargo, lo que ya se me aparecía como inaudito, pronto acabó degenerando en pavoroso. Del modo más natural del mundo, se acababa reconociendo como cierta una de las grandes leyendas urbanas de la Historia: el Hombre no habría llegado a la Luna y las imágenes que se mostraron al mundo no formaban parte sino de un montaje, obra de Stanley Kubrick. Parecía un bulo monumental, pero estaba realmente bien hecho (dándose numerosos detalles) y por si cabía alguna duda presentaba los testimonios en primera persona de personajes tan importantes como Henry Kissinger, entonces Secretario de Estado con Nixon, o Donald Rumsfeld, Secretario de Defensa con Gerald Ford y luego con George W. Bush. Escuchar directamente de sus labios que todo fue una farsa y que incluso después se decidió “eliminar” a los actores (¡y al propio Kubrick!) por temor a que hablaran, fue lo que acabó haciendo evidente que se trataba de un documental-broma. Algo que solo se confirmó al final, con los títulos de crédito. Sin embargo, hay que reconocer que por muy disparatado que fuera el reportaje, al estar presentado en la forma de un documental serio y riguroso, perfecto técnicamente, provocaba una evidente confusión.
Así pues, ello no hace sino que me plantee algunos interrogantes. ¿Pudo haber gente que no viera el final y acabara creyendo lo que realmente se decía en él? ¿Cuál es la capacidad verdadera de los medios a la hora de influir en las personas? ¿Somos conscientes realmente de esa capacidad? ¿Nos damos cuenta de que como decía Goebbels, una mentira mil veces repetida (en este caso, una muy bien presentada) acaba siendo verdad? ¿Es falso acaso que hay mucha gente que da por bueno de forma inmediata aquello que le muestran en un periódico, radio o televisión? ¿Somos tú y yo títeres rotos?
En definitiva, aquí dejo la que para mí es una pregunta esencial: ¿Cuántas veces son los propios medios los que, conscientes de su aureola de fiabilidad en un gran porcentaje de la población, mezclan premeditadamente información y opinión para presentar como verdadero algo que sólo es especulación? En tiempos de relativismo, predominio de lo vacuo y armas de destrucción masiva, creo más dañina la desinformación masiva. También llamada manipulación.
MIGUEL ÁNGEL MALAVIA

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al modo del general Patton antes de que lo aprobara por real Decreto su Excelencia don Ciriaco, yo ya me he permitido ponerme los galones de gran almirante de la armada de su majestad.
Apreciado y respetado Juanan: por cualidades demostradas, vastos conocimientos científico-geográficos, por calidad de inconsútil lealtad, amor a la milicia malávica, le nombro Gran Almirante de la vetusta Armada Ciriacal. Con plenos poderes para arrimar el hombro y llevar luz allende los mares.
J.J. Benitez es tan fantasioso como lo fue Julio Verne. La diferencia consiste en que el primero es un farsante de primera categoría que va de periodísta investigador sesudo y no es mas que un fantasioso pseudoescritor de best sellers sobre temas supuestamente paranormales para incautos incultos y el segundo era un escritor novelista francés de primer orden con mucha visión de futuro que se adelantó en muchas de sus novelas suyas a su tiempo.
Por otra parte yo sigo creyendo que la Tierra es plana, que mas allá de Finisterre solo hay el abismo y monstruos marinos que se tragan a aquellos que se atreven a ir mas allá del horizonte y quién diga lo contrario miente cuan bellaco, brujo y hereje y solo merece el garrote vil.
Por otro lado, mi tía Teresa, que en octubre de 2006 cumplió 100 años, y mi tío Félix, sabio octogenario, afirmaron siempre que el hombre jamás pisó la Luna. Que eso es un cuento chino, que está muy lejos.
¡Benditos tiempos en los que la Tierra era plana, cuántos quebraderos de cabeza nos habríamos ahorrado!
Hace unos años me quedé de piedra viendo un documental en la tele. Afirmaba que los Estados Unidos habían descubierto unos hangares en la luna, que demostraban un rastro de vida pasada en nuestro querido asteroide. El gobierno norteamericano decidió lanzar bombas atómicas para hacerlas desaparecer, pero contaminó hasta tal extremo la Luna que nunca más el hombre ha vuelto a pisarla. El documental era de J. J. Benítez.
Jueves, 31 de mayo
Manuel María Ventura
Juan Granados
Juan Luis Recio
Ángel Sáez García
Mª Rosario Aldaz Donamaría
Antonio García Fuentes
Patricio Peñalver
Julián Moreno Mestre
Julio César Izquierdo
Carlos Juan Gómez Martín
Paulino Toribio
Peio Sánchez Rodríguez