
23 de septiembre de 1973. Chile, su amado Chile, se desangra en una bola de fuego que desgarra sus entrañas. El Golpe se cierne en lo que ya se presenta como una horrible matanza. Pablo Neruda, el poeta de la gente, yace consumido por la enfermedad, que le lleva muriendo varios días. Para el que ya no hay luz es para Salvador Allende, su esperanza y la de muchos otros compatriotas, felices al fin de que no gobernaran ‘los de siempre’. Hasta que llegó el 11 de septiembre, la antesala fúnebre del 23. Hasta que llegó el Golpe... hasta que llegó el olor a sangre quemada.

¿Qué más se puede pedir de una ciudad cuyas piedras han albergado los pasos de Isabel la Católica, Cristóbal Colón, Felipe II, Cervantes o Zorrilla? ¿Qué más se puede pedir a una villa que fue el altar que iluminó por primera vez el rostro de la que algún día habrá de ser mi mujer? Sí, se le puede exigir algo más. Que abra su esencia para ella y para mí, solo para nosotros, y nos depare un fin de semana digno de quedar grabado en la eternidad. Como ha hecho estos días atrás...

Corro, vuelo, llego
Miro
A izquierda y derecha
¿Dónde es?
... aquí
Donde huele a...
¿Socorros con arroz?
¿Consuelo en la vid?
No, ya lo sé
A la conversión damasca

La oscuridad era cada vez más palpable. Se diría que aquella noche, sin estrellas, era casi hiriente a la vista. O al menos así se lo parecía a Samu, ciego como estaba. Allí, apoyado sobre la tapia del cementerio, se metía el último pico junto al ‘Chiki’, su camellito del deseo quebrado.

En este mundo que nos ha tocado vivir, todo se presenta como aparente, relativo. Por desgracia, cada vez son menos los que creen en la existencia de la Verdad. Sí, así, con mayúsculas. Pero no hay duda de que gran parte de esta situación se debe a la forma en que los hechos son presentados a la sociedad, a la masa.

He estado en ciudades que me han dejado maravillado: Roma, Florencia, Asís, Lisboa, Estambul, Bruselas... pero siempre he tenido claro cuál es el lugar que necesariamente he de pisar alguna vez. Jerusalem, Yerushalayim, al-Quds... Jerusalén.

La imagen difundida hoy en la portada de todos los periódicos pone los pelos de punta. Pero en este caso por un estremecimiento a flor de piel, de los que conmueven las entrañas. De espaldas, caminando como dos buenos amigos, Juan Carlos I y Adolfo Suárez. El baluarte de la Transición y el patrón que condujo a buen puerto ese difícil barco. Se trata de un momento histórico, digno de quedar grabado a fuego y lino en el ajuar de la Historia de España. Al fin y al cabo, se trata del reencuentro del Rey y el primer presidente de gobierno de nuestra reciente democracia.

Tras su última “hazaña”, el criminal estaba realmente satisfecho. Volver con la cantinela de la huelga de hambre a dos semanas de salir en libertad era, como a él le gustaba repetir, “para tocar los cojones”. Ya era media noche y estaba francamente cansado después de un larguísimo día dedicado a pensar única y exclusivamente en cómo causar más daño a la sociedad que le rodeaba. “La puta España”, como solía refunfuñar entre dientes ajados de los que chorreaba sangre. O al menos así le gustaba a él imaginarse.
Esta imagen y esta frase sirvieron hace cuatro meses para que muchas personas creyeran en lo que se les prometía. Les dieron un motivo de esperanza, les pidieron confianza. Los “ideólogos” del cartel tachaban de “antipatriotas” a los que hablaban de crisis, pedían optimismo a la sociedad… Lo mismo que hoy. Pero con una diferencia: Miles y miles de personas de carne y hueso que antes tenían trabajo hoy están en el paro. Esa es la puñetera realidad, señor Zapatero. Qué quieren que les diga, pero hoy veo este cartel y me parece siniestro…

Con asombro y estupor leo los titulares de varios medios que, como si tal cosa, afirman que “Sarkozy pedirá a los irlandeses que voten por segunda vez”. ¿Pero quién se ha creído este señor que es? Y yo que hace un año pedía un Sarkozy en nuestra tierra hispana... y resulta que en vez del presidente de una República es un imperator del siglo XXI. Oiga, que eso del autoritarismo ya no se lleva en Europa...

Jamás olvidaré ese maldito día. Eran las seis de la mañana y salí corriendo del portal de casa, pues llegaba tarde al trabajo. Sin embargo, cuando apenas había cruzado la esquina de la calle, retumbó el suelo y caí de bruces contra el mismo.

Dos de mayo de 2008. Los franceses han tomado nuevamente la patria. Pero a diferencia de 1808, no son las costureras, las fulanas y los manolos los que defienden su tierra y su libertad, sino que hoy son los artistas los que dicen ‘Stop’ al gabacho invasor. El Pueblo en hoguera de venganza ha dejado paso al sector sin sindicar que se pone el dedo índice sobre la ceja, pidiendo el sufragio para un zapatero sin zapatos.

Fue un 13 de julio de 2008. En la ciudad que para mí, odiada y amada a medias, siempre será el lugar en el que de por vida querré estar. Pongamos que hablo de Madrid. Y ella. Recental, sublime, alucinante, increíble. Musa. Mariza. ¿Cabe mayor conjunción de armonía que Mariza en Madrid, haciendo temblar a Madrid? Pues los que ayer por la noche estuvimos en el Patio del Conde Duque, estremeciéndonos ante el estupor del fado, sabemos que no hay nada que lo supere. ¿Nada? Bueno sí, el día que Mariza baile flamenco, muy despacio, a la vez que cierre los ojos cantando como un trueno un fado roto, ese día... ese día será el fin: la culminación del arte.
Finalizado el congreso del PP en el País Vasco he comprobado con desagrado que uno de los argumentos utilizados por algunos (sobretodo desde varios medios de comunicación) para criticar la actual situación del PP, era echar en cara la posición de María San Gil (y Ortega Lara), dando a entender que quien no esté con ella en este tema está traicionando unos principios fundamentales. Lo he dicho muchas veces y lo repetiré las que haga falta: María San Gil y Rosa Díez son mis referentes en política, mi esperanza de que la política es algo más que una fórmula de medrar hasta el poder. Ellas, en sí mismas, representan los valores con los que me identifico: libertad, democracia y lucha hasta el fin contra la lacra de ETA.

Y como lo prometido es deuda, aquí está nuestro relato. Ha sido un juego en el que he disfrutado mucho, al igual que espero que lo hayáis hecho también vosotros. Es una historia elaborada por nueve plumas diferentes, a base de tirones y cambios de ritmo espectaculares. Es un poco (o bastante) loca, pero creo que precisamente eso es lo que, por encima del valor literario que pueda tener o no, importa de verdad. Hemos sido nueve amigos que hemos contado una misma historia, quedando ya para siempre José, Sofía y el segurata de gorrilla como personajes absolutamente nuestros. Por ahora, Ciriaco de Málaga y Joaquín Sabina escapan a nuestro poder imaginativo y son personajes de carne y hueso. ¿O no? Descifrarlo puede ser el inicio de la que podría ser, algún día, nuestra segunda historia...

Queridos amigos y compañeros, os invito a participar en un juego. Yo comienzo una historia y sois vosotros, entre todos y con vuestros comentarios los que la vais completando. Hasta llegar al final. Me comprometo a seguir el hilo y colocar en el orden que lleguen los comentarios que se tomen en serio este experimento. ¿Os apuntáis? La historia comienza así:

En la vida hay cosas que pueden pasar desapercibidas, pero que son parte esencial de la misma. Vamos muy rápido, corremos, avanzamos sin mirar a nuestro alrededor. No caemos en la cuenta de que a nuestro lado, mientras pasamos impetuosamente en rumbo recto, hay un alma. Hay una mirada. Que se posa en nosotros o en el infinito.

El 23 de octubre de 1977, Josep Tarradellas regresaba a Barcelona tras su exilio para ser nombrado President de la Generalitat de Cataluña. Emocionado, tras asomarse al balcón de la Plaza de Sant Jaume y observar a la multitud que le aclamaba como a un héroe, lanzó su grito triunfal: “¡Ja sóc aquí!”.

El sábado, cuando a las seis de la mañana se encendieron las luces de la discoteca y se apagó la música, un rugido espontáneo y voraz inundó todo: “¡A por ellos, a por ellos!”. Extasiado, dándome la vuelta, observé varias banderas españolas. El “¡España, España!”, salido de varios grupos de personas, cada uno en un lado de una calle ya alumbrada por los rayos del sol, me acompañó mientras me dirigía a coger el búho en Cibeles. El ‘As’ y el ‘Marca’ me mantuvieron con los ojos abiertos en mi larga odisea hasta llegar a mi argandeña casa. Cuando varias horas después, tras algunos quehaceres, me tumbé en la cama.... estaba al borde del ataque de nervios. Ese día debía de ser un gran día. Para España. Para todos. Nunca antes había visto ese sentimiento en este país tradicionalmente cainita y desgarrado.
Jueves, 31 de mayo
Manuel María Ventura
Juan Granados
Juan Luis Recio
Ángel Sáez García
Mª Rosario Aldaz Donamaría
Antonio García Fuentes
Patricio Peñalver
Julián Moreno Mestre
Julio César Izquierdo
Carlos Juan Gómez Martín
Paulino Toribio
Peio Sánchez Rodríguez