La hora de la verdad

La Séptima...

20.05.08 | 17:51. Archivado en Sobre el autor, Madridismo en estado puro
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20 de mayo de 1998. Amsterdam. Hoy se cumplen diez años de uno de los días más felices de mi vida, sin ninguna duda. Aquel día, del que recuerdo todos los detalles como si hubiera sido ayer, el Real Madrid venció en la final a la todopoderosa Juventus de Zidane, Del Piero y compañía y ganó la séptima Copa de Europa de su Historia. Mi primera Copa de Europa.

Los que no sienten la pasión por unos colores no pueden entender aquello... pero el que sí mantiene ese irracional sentimiento sí sabe lo que es. Los madridistas llevábamos 32 años sin ganar la Copa de Europa. Nos decían que éramos grandes, que éramos los reyes de Europa, nos hablaban de Gento, Di Stefano, Puskas... Y nosotros, generaciones y generaciones de madridistas, sólo veíamos en la Copa de Europa una leyenda mágica escrita a fuego, pero ya en blanco y negro. Muchos míticos jugadores hubieran matado por ganarla, pero acabaron quitándose la camiseta blanca sin poder levantarla. Camacho, Juanito, Míchel, Butragueño, Stielike... grandes que nunca la levantaron. La Copa de Europa... la Séptima... era ya una obsesión para millones de madridistas de todos los países y de todas las edades.

Por eso, cuando llegó ese 20 de mayo, cuando Amsterdam se plantó en nuestra vida, los sentimientos a flor de piel nos hicieron estallar. Me levanté esa mañana con miedo, temblando, alegre, esperanzado, a punto de morir... ¡No se nos podía escapar! Según se acercaba la hora del partido (lo recuerdo ahora y se me pone la piel de gallina), la tensión se hacía insoportable. Sudaba, no podía leer (me había comprado todos los periódicos del día), me mareaba... Hasta que llegó el himno de la Champions, la salida de los jugadores, el pánico, la súplica agonizante... Me pasé todo el partido de pie, retorciéndome en espasmos. Cada ataque de la Juve era una puñalada, un estrangulamiento que me quitaba el aire. Cada embestida del Real era aire, esperanza y fe a raudales. Estuve 90 minutos clamando. “¡Por favor! ¡por favor!”, repetía constantemente.

Tenía que llegar, ¡no podíamos perder! Si no, la obsesión sería eterna y el trauma por ese 20 de mayo perdido, infinito. ¡Teníamos que ganar! Los minutos fueron calvario hasta que llegó el minuto 66. Tras un saque de banda, Panucci colgó desde el lateral derecho un balón a la olla que salió pasado. Roberto Carlos, al otro lado, evitó que esa bendita pelota saliera fuera y sin pensárselo tiró a puerta. El balón, el mágico balón, rebotó en la sólida defensa italiana y quedó suelto... hasta que lo agarró Pedja Mijatovic. Tras controlarlo, regateó por el exterior a un Peruzzi que salió a la desesperada. Ya sólo quedaba la portería vacía. Pedja, casi sin ángulo, tocó como si fuera Dios un balón que sólo avanzaba en cámara lenta. Montero, el defensa italiano bajo palos, parecía que la iba a sacar con la cabeza... pero un milímetro fue el que le dribló y llevó la explosión al alma de los madridistas. “¡Gooooooool!”. Jamás he cantado ni cantaré un gol como ese. Es más, creo que morí y resucité en ese instante.

El resto del partido discurrió a base de manotazos en el estómago, patadas en las piernas y mordiscos en el corazón. ¡No se podía perder ya! “¡Por favor! ¡por favor!” Cuando el pitido final nos dijo que al fin éramos campeones no me lo podía creer. La Séptima... la Copa de Europa. Ahora, para nosotros, para mí... El sueño era realidad. Pero eso sólo lo comprendí más tarde, cuando varias horas después me acosté en la cama. Entonces, un poso nostálgico me cruzó el pensamiento. “Tengo 15 años y ya he visto lo que siempre quise ver. ¿Y ahora qué? Ya nada podrá superar esto...”.

Y así fue, efectivamente. En los cuatro años siguientes llegaron la Octava y la Novena. Las gocé al máximo. Pero ya no eran la obsesión, el sueño imposible. Pedja Mijatovic me hizo despertar del anhelo infantil (a mí y a personas de más de treinta años), de la aventura a culminar, y me topé con la realidad. Desde entonces en adelante, para toda mi vida, podía ver igualadas algunas de las sensaciones de aquel mítico 20 de mayo. Pero sabía que ninguna podría jamás superarlas.

Por ello, cada vez que quiero sentir lo máximo que sentí y sentiré en el mundo del deporte, sólo tengo que ponerme a ver la cinta del partido. Cada jugada me hace recobrar las emociones de entonces. Aún sigo poniéndome nervioso, como si el partido pudiera cambiar su curso, como si Mijatovic pudiera tirarla fuera...

MIGUEL ÁNGEL MALAVIA

3 comentarios


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Comentarios
  • Comentario por Juanan 21.05.08 | 11:38

    Aquel gol supuso el principio de una nueva era esplendorosa de un gran Real Madrid que alternó copas de Europa, intercontinentales y ligas.
    Pero de todas formas que grande es el Real Madrid. Sin duda el mejor club del mundo y de todos los tiempos.¡Hala Madrid!

  • Comentario por Ciriaco de Málaga [Blogger] 20.05.08 | 18:20

    Anda que no has muerto y resucitado veces... tienes más vidas que Carrillo.

  • Comentario por Edu J. 20.05.08 | 18:01

    Que noche, más mágica para el madridismo, treinta y dos años después.
    Esperemos que el Real Madrid, continue ganando copas de europas y haciendo más grande su historia.

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