La traidora
06.05.08 @ 21:49:54. Archivado en Sobre el autor, Relatos, El carcaj de la Historia

Madrid, 12 de noviembre de 1811. La capital, al igual que el resto de España, se desangra en un combate desesperado, agónico y expiatorio contra las todopoderosas tropas napoleónicas. En las afueras de la ciudad, en lo más hondo de un camino perdido, Mariana permanece agachada ante un soldado gabacho. Él, con gesto de victorioso desprecio, se mofa de la fulana a la que ha pagado. Ella, como cada día, llora por dentro.
Mariana acude desde hace dos años a este infierno en la Tierra. Antes de la guerra vivía tranquilamente en su casa, junto a su marido y su hijo. José, su único amor, era carnicero. Ella contribuía con las monedas que ganaba trabajando como costurera en el taller de la señora Ana. Entonces era feliz. Hoy ya nada queda de ese pasado, salvo el recuerdo. Y su hijo. Por él, sólo por él, es por quién cada día satisface los ímpetus fogosos de los gabachos a quienes tanto odia. Imberbes soldados galos, como los que fusilaron a su marido en la montaña de Príncipe Pío aquel desgraciado 2 de mayo, son sus clientes más habituales.
Hoy como ayer, después de su “trabajo” y tras lavarse con furia todo el cuerpo en la orilla del río más cercano, vuelve a casa sintiendo asco de sí misma. Ella, que tan despreciativa y arrogante se mostró con los conocidos que cada día aceptaban “servir” de algún modo a los invasores (vendiéndoles comida o remendándoles los agujeros de su ropa), ella, que tachaba a todos ellos de “traidores a la patria”, ella, que no quería sino la venganza en forma de un francés acuchillado, ella... tuvo que vender sus ideas, su patria, la memoria de su amado y su propio cuerpo por dar de comer a su hijo.
Mariana, que años atrás presumía orgullosa de su virtuosa decencia, era ya una puta. Sin embargo, ella, la traidora que cada día se agachaba ante uno o varios franceses, sólo quería vivir para ver algún día a su hijo siendo libre en su propia patria.
Dedicado a todas las heroínas que en su tiempo pasaron por putas o traidoras.
MIGUEL ÁNGEL MALAVIA
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Estaría muy bie denunciar que la prensa occidental NO es libre.
Tiene una enorme dependencia de las mafias internacionales de la prostitución sin cuya publicidad no podrían salir a la calle TODOS los periódicos que leemos a diario en España y en el resto de Occidente.
Por eso no suprimen la inmensidad de anuncios por palabras (incluso con foto) de estas organizaciones criminales y de esta humillante actividad para la dignidad humana.
Demoracia de baja calidad, Prensa de Baja calidad, Sociedades de baja calidad humana, que lo consienten. Puajjj ¡Asco! De alta intensidad.
Y es que a la entrada de la ciudad en las rotondas se apostan las prostitutas, ligeras de ropas, exhibiendo sus carnes como si de un supermercado se tratara. Chicas,jóvenes inmigrantes la mayoría que venden su cuerpo al mejor postor por cuatro perras. Siento pena, me duele y me avergüenzo de este mercado humano que tenemos en la entrada de nuestra ciudad de manera inmune y con el beneplácito de las autoridades incompetentes.
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