
Fue un 22 de mayo de 2004. Para más señas, el día del enlace real entre el Príncipe de Asturias, Don Felipe de Borbón y Doña Leticia Ortiz, periodista y, si ‘El Jueves’ y Carod quieren, futura Reina de España.
La noche anterior había salido de fiesta discotequera con mi gran amigo Arturo. Así, tras una noche de aviesas y aromáticas aventuras, acudí al amanecer a buscar a mi novia Mari, con la que había quedado para ir a ver tan magno acontecimiento. Al llegar a la Plaza de Oriente, una masa amorfa nos recibió exultante. O eso me pareció a mí, claro. Muy animado, fui el primero en querer situarme en una cola que parecía no tener fin. La fila conducía al Patio de Armas del imponente Palacio Real, justo enfrente de la catedral de la Almudena, en la que iba a tener lugar la boda. Sin embargo, dos horas y media después, mi ilusión se convirtió en desfallecimiento y mareo. El no haber dormido en toda la noche, lo admito, pudo haber tenido algo que ver en ello...
Finalmente, me agarré con fe a mi bandera española y miré al infinito... por si me caía en redondo al suelo. Así, sin saber cómo, se hizo el milagro y de repente conseguimos acceder al patio. Me parecía increíble. Cual cine de época, estábamos en las puertas del que iba a ser un día histórico en esta legendaria nación. Pero la ausencia de acontecimientos, el frío y el olor a la lluvia que venía, me hicieron caer de nuevo en el sopor más absoluto. Hasta que la llegada de los primeros invitados me hizo revivir: reyes, princesas, periodistas famosos, políticos de primera línea... la flor y nata de medio mundo desfilaban ante nuestros ilusionados ojos.

De pronto, llegó el momento... y le vi. Carlos de Inglaterra, el hijo de la reina Isabel II, avanzaba, aunque en la lejanía, delante de nosotros. Así, en un impulso racial e ilógico, que no tenía en absoluto preparado, empecé a gritar repetidamente “Carlos, ¡Gibraltar español!, ¡Gibraltar español!”. Al instante, mi Dulcinea siguió el cántico. Y el que estaba al lado, y el de más allá y el vecino de la señora que estaba subido sobre una silla plegable... De repente, sin saber cómo, unas treinta personas mantuvimos el ardoroso cántico: “¡Gibraltar español!, ¡Gibraltar español!”... delante de todo un Príncipe de Gales, heredero de la eterna corona británica que, sonriente (seguramente no entendía nada de lo que le decíamos), saludaba con la mano abierta en nuestra dirección. Lo que tal vez fueron siete u ocho segundos, a mí se me hicieron deliciosamente eternos. Poder reivindicar en la cara el Peñón al que un día será el Rey de los ingleses no tiene precio. Fue, sencillamente, inolvidable...
Después llegó la lluvia, el Diluvio Universal, más bien. Pero aún así nos mantuvimos firmes y tras la ceremonia seguimos por medio Madrid el coche de lujo que portaba a sus altezas. Finalmente, en un trecho de la Gran Vía semivacío, me planté en la valla a esperar a los príncipes. Cuando el coche llegó hasta nuestra altura desplegué mi bandera rojigualda, con el escudo constitucional, y grité un “¡¡¡Felipe, viva España!!!” tan aterrador que el futuro Rey de todos los españoles me miró, en un primer momento, sorprendido. Luego, su reacción fue la de un saludo entrañable y una gran carcajada. Creo que en el fondo sabía que yo había dado el primer paso diplomático para que ya en su reinado recuperemos Gibraltar... o simplemente se rió de mí.
MIGUEL ÁNGEL MALAVIA
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NUEVA DEFINICIÓN DE GIBRALTAR: "CIUDAD GADITANA DONDE SE HABLA MUCHO EL INGLÉS..."
Joven, es usted un bon vivant, porque eso de estar toda la noche de jarana es un síntoma claro de serlo.
Lo segundo, veo que se fue bien acompañado a dicho evento y lo tercero que dejo el pabellón español por todo lo alto.
Viva España y Gibraltar Español
Un fuerte abrazo.
A la boda de los príncipes de empalme, "aish".
Seguramente si te entendió, pués la palabra Gibraltar es universal.
Y la palabra Español la conoce de cuando pide, Vino Español...
Si recuerdo ese día es porque cayo un chaparron, y porque se casarón dos que me reinan pero no me gobiernan. por cierto, porque no dan día de fiesta el día que se casaron... ¡Qué poco por el pueblo!
¡Qué gran patriota es usted! ¡Viva España y Gibraltar español por las buenas o por las malas! ¡Muera el hereje inglés! ¡Abajo Shakespeare, viva Cervantes!.
Es usted un aguerrido patriota! Qué crak! jaja.
Por cierto, no creo que lluviera más en la Boda Real que anoche en la feria, hasta tal punto que tuvimos que salir en canoa, jaja.
Un cordial saludo!
EL PERRO DEL HORTELANO EN LA ROCA
Ya que España dejó de ser dueña de Gibraltar, de momento me conformaría con que el Gobierno español exigiera al británico que éste, al menos, ejerciera su soberanía civil efectiva sobre el Peñón, y así dejara de ser un nido de contrabadistas, piratas y criminales ecológicos que se guarecen en ese "puerto SIN LEY" para ejercer impunemente desde allí sus fraudes y crímenes o aprovechan sus aguas circunvecinas para hacer sus guarradas.
Y yo me pregunto, Miguel Ángel, ¿por qué razón no lo gritas delante del Mº. de AAEE español?.
A estas alturas, todos sabemos lo que ocurrió con el Tratado de Utrech, y conocemos, asimismo, la idiosincrasia inglesa, y el "bien hacer" de la política exterior española.
No es culpa de Carlos, el inglés, sino de los políticos españoles, que son incapaces de resolver una metedura de pata ESPAÑOLA de hace tres siglos.
Que no se toque el asunto, por favor, que vamos a tener que cederles la comarca del Campo de Gibraltar, si se le antoja a su "Graciosa Majestad".
Estimado Señor Malavia leyendo sus letras, el final, recuerdo cuando usted y yo corrimos tras el papa-móvil en Valencia en 2006 gritando "Benedicto, Benedicto". Hoy me enorgullece aún más tenerle entre mis amigos, gracias Bisoño.
Jajajajaja!!!
Domingo, 19 de febrero
Juan Fernandez Krohn
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Baldomero Gómez
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Atticus-444
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