
Querido Juan Pablo... ¿me permites que te llame así? Sí, yo creo que sí. Seguro que recibes mi tuteo con una sonrisa. Como te decía, amigo Juan Pablo, hoy es un día muy especial, pues hace ya tres años que te nos fuiste y ascendiste a la Casa del Padre. Recuerdo como si fuera ahora esas primeras horas de un cercano abril. Nos decían en los medios que te morías, pero yo no me lo podía creer. ¡No quería creerlo! Al fin y al cabo, tú siempre habías sido mi Papa, el único que había conocido...
Me acuerdo que esa mañana del 2 de abril de 2005 hablé a mis chicos de catequesis de postcomunión de ti. Les dije que estuvieran muy atentos a lo que podía pasar, pues era algo que posiblemente recordarían a lo largo de su vida. Yo, por lo menos, jamás lo olvidaré. Recuerdo que después de la catequesis acudí a mi parroquia y me postré ante el Santísimo. Le pedía ante todo que no sufrieras. Quería que todo fuera un mal sueño y al final salieras adelante, pero en el fondo era consciente de que era el final. Por ello, acabé pidiendo que sucediera lo mejor para ti, que se cumpliera la voluntad del Padre.
Cuando a las 21.37 horas vi anunciada tu muerte en la televisión no pude sino quedarme blanco, paralizado, sin poder reaccionar, sin acabar de creérmelo. Cuando a continuación puse en la radio el ‘Ave María’ que Niña Pastori te cantó en Cuatro Vientos aquella inolvidable tarde del 3 de mayo de 2004, entonces sí, rompí a llorar. Esa misma noche te rezamos alegres una multitud de fieles en la madrileña Plaza de Colón. Varios días más tarde, en una experiencia inolvidable, pude acudir a Roma para tu entierro y postrarme ante tu cuerpo muerto y rezar a tu alma viva. Nunca, nunca olvidaré el estremecimiento que sentí cuando tu ataúd fue mostrado por última vez al mundo. La Plaza de San Pedro vibró en un mar de lágrimas y emociones contenidas, oyéndose un solo clamor: ‘¡Santo Súbito!’.
Sé que hoy, tres años después, eres muy feliz. Estás en compañía de tus padres y hermanos. Y sobretodo, estás con el Dios del Amor y tu amadísima Virgen María. Ahora mismo nos estás mirando cariñoso a todos aquellos a los que siempre te dirigiste: los jóvenes, los enfermos, los ancianos, los desposeídos de sus derechos, las mujeres, las familias, los abandonados... Y, por supuesto, en estos instantes estás al lado de tu más digno sucesor y gran amigo, Benedicto XVI, ayudándole cada día en la increíble y pesada carga de calzarse las sandalias del Pescador.
Juan Pablo II, marcaste mi vida. Nunca te olvidaré. Te quiero. Ora pro nobis.
MIGUEL ÁNGEL MALAVIA
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Y es que Miguel Angel Malavia es cuerpo y es alma; es espíritu, es emoción, es sentimiento, es sensibilidad, es inteligencia..., es poeta. Y es capaz de ponerse a la altura de todos y llegar a cualquiera. Mientras no nos ponga muchas fotos de Sabina...
Ciriaco es el azote que me atiza cuando me desvío del camino de la moral recta e impecable. ¿Qué haría yo sin Ciriaco? ¿Sería masón...?
io, es que yo a Malavia le quiero con amor paternal. Sabe de sus debilidades y yo soy para él un auténtico rector de la moral.
Estimado Bisoño Malavia, sus letras me ponen los pelos como escarpias. Gracias por su texto.
Me encanta que le digan al sr. Blogger que esos son los escritos "que tiene que hacer". O sea, ya sabe, Miguel Angel, lo que le digan.
Bromas a parte, gracias por su artículo y por traernos al recuerdo a ese gran Padre que fue Juan Pablo II.
A pesar de que el sr Ciriaco, me reprenda yo prefiero lo otros artículos.
Era una forma de hablar, amigo CCH. Claro que tiene que hacer de los otros, pero sin desviarse demasiado. Ya sabemos que Malavia es todo una malabarista. O, lo que es lo mismo, un "malaviarista".
Con la venia de Don Ciriaco:
Estos son los escritos que más me gustan y que el Malavia tiene que hacer, pero también los otros, los que no nos gustan a nosotros.
Malavia, redactor apto para todos los públicos.Incluso para don Ciriaco y para mí. Ole.
Preciosa oración. Estos son los escritos que tienes que hacer y no otros.
Jueves, 31 de mayo
Mª Rosario Aldaz Donamaría
Antonio García Fuentes
Julián Moreno Mestre
Chris Gonzalez -Mora
Ángel Sáez García
José Pómez
Manuel María Ventura
Juan Granados
Juan Luis Recio
Patricio Peñalver
Julio César Izquierdo
Carlos Juan Gómez Martín