La hora de la verdad

La entrañable historia de Joseph Merrick, “el hombre elefante”

26.03.08 | 00:54. Archivado en Sobre el autor, Relatos
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Joseph Carey Merrick, que nació en Leicester en 1862 y murió en Londres en 1890, jamás tuvo una vida fácil. La enfermedad hizo que desde los 18 meses de existencia su cuerpo se deformara progresivamente... hasta convertirse en lo que para muchos era un monstruo.

Tenía una enorme cabeza (con una circunferencia de 91,94 cm), siendo además de forma absolutamente irregular, con unas enormes protuberancias en algunas partes y otras repletas de pequeños y vellosos nódulos. Su rostro era una masa amorfa, sin ninguna línea delimitada propia de un ser humano. Por si fuera poco, un ingente tumor en su labio superior hacía que éste le colgara hasta el pecho. Su apariencia era la de una trompa de elefante. De hecho, el sobrenombre que persiguió a Joseph el resto de sus días fue el de “el hombre elefante”. Su columna y caderas estaban totalmente inclinadas, por lo que andaba costosamente y con una ostentosa cojera. Respecto a sus extremidades, su brazo derecho era del tamaño y la forma de la pata delantera de un elefante. La circunferencia de su mano era de 30 cm y la de uno de sus dedos era de 12. Por el contrario, su brazo izquierdo era del tamaño del de un niño de diez años. Parece ser que el causante de su desgracia no fue sino el caso más agudo hasta ahora conocido del ‘Síndrome de Proteus’.

Como nos podemos imaginar, tal aspecto hizo que Joseph tuviera una existencia llena de padecimientos y burlas constantes. Sin embargo, este admirable joven siempre hizo frente a las mismas con un grado extremo de bondad y comprensión. Jamás albergó en su alma un sentimiento de odio o rencor hacia los que le vilipendiaban. Por el contrario, gracias a su increíble sensibilidad, sólo era capaz de mostrar gratitud y emoción hacia las pocas personas que le trataban como a una persona normal.

Su infancia fue ya absolutamente anormal. Sus deformidades le impidieron jugar alguna vez con el resto de los niños que le rodeaban. Además, las constantes humillaciones a las que le sometían sus compañeros de colegio hacían que su madre, Mary Jane, siempre le acompañara hasta la escuela. De hecho, Joseph pasó toda su infancia bajo las faldas de una madre-coraje que le quería exactamente igual que a sus dos hermanos, que no padecían ninguna enfermedad. Como veremos después, su padre jamás sintió lo mismo por él. Así, la desgracia llegó en 1873, cuando su queridísima madre murió repentinamente. Joseph sintió este golpe como el más duro de toda su vida, superando incluso al del padecimiento de su propia enfermedad. Sentía que su madre había sido la única persona que realmente le había querido, viendo en él a una persona antes que un enfermo. Sin ella, se sentía totalmente abandonado.

Y no le faltaría razón. De hecho, a los pocos meses su padre se casó con una viuda que ya tenía otros dos hijos. Su madrastra sintió repulsión por él desde el primer momento. Siempre le echaba en cara su incapacidad para trabajar. De hecho, solía quitarle el plato cuando estaba a mitad de comer, argumentando que “ya había comido demasiado para lo poco que aportaba al hogar”. Sus hermanastros tampoco hacían sino insultarlo constantemente. Las palizas que recibía eran la nota constante en esos terribles años. Joseph sufría enormemente con esa situación, por lo que huyó en varias ocasiones de casa. Su padre, más por compromiso que por otra cosa, salía siempre a buscarlo. Además, el coraje y el valor de Joseph le impulsaron a conseguir algunos empleos, en los que por desgracia no duraba mucho. En uno de ellos estuvo contratado como vendedor ambulante, pero la mayor parte de la gente ni siquiera le abría las puertas de su casa. Y los que lo hacían era exclusivamente para reírse de él. Como nuca vendía nada, solía dar a su madrastra el dinero que recibía en el trabajo para almorzar. Prefería hacer creer que recibía un sueldo, aunque se quedara sin comer. Por lo menos evitaba que le recriminaran su incapacidad. Finalmente, la situación se hizo insoportable y Joseph, con sólo 15 años, abandonó para siempre su casa. Lo que más le dolió fue el hecho de que ni su propio padre “nunca le quisiera como a un hijo”.

Joseph pasó los dos siguientes años viviendo en la casa de su tío Charles (al principio deambuló durante días por la calle) y paseando con su carrito... sin vender nunca nada. Sin embargo, un buen día, cuando fue a renovar su licencia como vendedor deambulante, se encontró con que el gremio se la denegaba “por dar una mala imagen de la profesión”. Considerándose una carga para su tío, decidió irse e ingresar en la ‘Work House’, un centro estatal que ofrecía alojamiento a cambio del compromiso de trabajar en algún oficio. Los cuatro años que allí pasó Joseph fueron tal vez los más duros de toda su vida. Rodeado de desconocidos que le miraban como un bicho raro, todo sucedió de un modo especialmente cruel para un alma tan sensible, anhelante siempre de cariño. De hecho, siempre mantuvo un recuerdo de esa institución repleto de pavor y pánico.

Así, al cabo del tiempo y tras intentarlo todo, Joseph llegó a la conclusión de que sólo había ya una única solución para él: ingresar en una feria y actuar en exhibiciones como si fuera un monstruo. Fue horrible, pero la situación era tan desesperada que ya no veía otra salida posible. De este modo recorrió toda Inglaterra como la gran atracción de una feria ambulante. Sin embargo, su actuación era tan degradante que las respectivas autoridades locales se veían obligadas a clausurar la función. Una vez que ya no podía actuar en toda Inglaterra, un promotor italiano, Ferrari, lo acabó comprando y se lo llevó de gira a Bélgica. No obstante, las autoridades belgas eran aún más duras a la hora de no permitir ese espectáculo tan “indecente”. Por ello, cuando la feria llegó a Bruselas Ferrari abandonó a Joseph y le robó todo el dinero que había ganado en sus años de feriante.

Sólo en un país desconocido, sin conocer el idioma (además, debido a su prominente labio apenas podía hablar) y sin dinero, pasó grandes penurias para llegar a coger un barco de vuelta a Londres en Ostende. A pesar de que había pagado el billete, el capitán del barco no le quería dejar subir a bordo. Al final le dejaron subir, pero con la condición de que se ocultara y nadie le viera. Joseph se vio así obligado a pasar las diez horas del viajes acurrucado en la cubierta. Lo mismo le sucedió al llegar a Inglaterra. Permaneció la mayor parte del viaje en tren oculto en un vagón, tratando de pasar desapercibido. Sin embargo, al llegar a la estación una multitud le rodeó y empezó a insultarle y a burlarse de él. Este fue el momento culminante en una vida de desgracia continua: el pobre Joseph estalló en un ataque de ansiedad y pánico. Cuando la policía llegó al tumulto se encontró con un hombre al borde de la desesperación. Gracias a Dios acudió a la estación el doctor Treves, un médico que conoció años atrás, en su etapa en la feria inglesa, y que ya entonces quiso internarlo en un hospital para conocer la causa de su enfermedad.

Finalmente, el director del hospital donde trabajaba Treves tuvo una idea que a la postre cambiaría la vida de Joseph: insertar un anuncio en la prensa inglesa solicitando ayuda económica para “el hombre elefante”. Fue así como la campaña supuso un éxito impresionante y debido a las numerosísimas donaciones se pudo crear un fondo que alivió definitivamente su situación. Joseph, al fin, pudo instalarse en una habitación propia. En ella recibía a muchísimas personas que ahora sí se interesaban por él, como la propia princesa de Gales, que acudió a visitarle en numerosas ocasiones. Fue su etapa más feliz. En ese tiempo se dieron sus anécdotas más enternecedoras. Por ejemplo, cuando un día una mujer le cogió de la mano, él sólo pudo responder al gesto rompiendo a llorar por la emoción. Detalles tan pequeños eran los que más le sobrecogían, ya que hasta ese momento lo único que había vivido era el rechazo por ser diferente. A todos aquellos que acudían a verle les dispensaba su cariño y su gratitud, regalándoles pequeños ornamentos artesanales (como cestitas de paja y cartón) hechos con sus propias manos.

Pero tal vez lo más increíble es que dedicó todo ese tiempo a leer y escribir poesía. A pesar de que muchos consideraban que era retrasado mental (porque apenas podía hablar), la realidad es que siempre fue un hombre tremendamente culto e inteligente (su coeficiente intelectual era muy superior a la media). Conocía una gran cantidad de autores y libros. Una vez más, su sensibilidad eran la nota predominante en su vida.

Sin embargo, cuando sólo tenía 27 años (de los cuales sólo dos había sido tenido por una persona humana como tal), en su momento más feliz, una mañana de 1890 Joseph Merrick amaneció muerto. Nadie pudo certificar la causa de su muerte, pero muchos expertos creen que murió ahogado al tratar de dormir tumbado. Joseph, que por el enorme tamaño de su cráneo tenía que dormir sentado y con la cabeza entre las manos, en posición fetal, siempre expresó su enorme deseo por dormir al menos una vez tumbado, “como todos los demás”. Puede ser que este último sueño fuera el que le costara la vida.

Valga desde aquí este humilde homenaje a Joseph Merrick, un alma pura, sensible e incapaz de odiar, incluso a los que siempre le hicieron sentirse un monstruo. ¡Qué equivocadas estaban esas personas! Jamás he visto un ejemplo de persona más humana que el de el entrañable y admirado Joseph... Por último, quiero concluir con la trascripción de sus versos más famosos:

Es cierto que mi forma es muy extraña,
pero culparme por ello es culpar a Dios;
si yo pudiese crearme a mí mismo de nuevo
me haría de modo que te gustase a ti.

Si yo pudiese alcanzar de polo a polo
o abarcar el océano con mis brazos,
pediría que se me midiese por mi alma,
porque la verdadera medida del hombre es su mente

MIGUEL ÁNGEL MALAVIA

4 comentarios


Los comentarios para este post están cerrados.

Comentarios
  • Comentario por solariana 29.03.08 | 21:18

    ¡Precioso y triste!

  • Comentario por Juanan 26.03.08 | 13:52

    Ví la película, es lamentable que a personas con este tipo de deformidades se les consideren monstruos.

  • Comentario por Edu J. 26.03.08 | 11:50

    Sabía de este personaje, pues este verano me leí un articulo en inglés que hablaba de él.
    Lo siento, por usted, Julián.

  • Comentario por Julián Moreno Mestre [Blogger] 26.03.08 | 10:19

    Me acabas de pisar el post de mañana, jajaja

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