
Temerosa, Eva Braun, la mujer que por un día (el último) fue la esposa de Hitler, alzó la vista. Frente a ella, omnipotente, Poncio Pilato. El hombre, tocado con una túnica y unas sandalias, le explicó que era el juez de la Historia.
“Estás aquí por ser la mujer del gran tirano de la Humanidad. ¿Por qué, Eva? ¿Cómo pudiste entregar tu vida por él? ¿Por qué no huiste del búnker? ¿Por qué consagraste tu relación con la bestia justo antes de morir? ¿Por qué te suicidaste? ¿Qué viste de humano en aquel animal? ¿Hasta qué punto conocías los actos horribles de Adolf Hitler?”. Tras formular tal batería de preguntas, el juez guardó un silencio expectante.
Después del inicial sobresalto, Eva miró a los ojos al juzgador y le espetó con dureza: ¿Cómo puedes ser tú el juez de la Historia? ¿Tú, que entregaste en holocausto al cordero de Dios? ¿Tú, que te mostraste débil y sucumbiste frente a los culpables entregando al que sabías inocente? Yo, por amor, me di al que ha sido el gran representante del Mal. Pero tú, tú tenías frente a ti al que era el Bien y no hiciste lo que debías para salvarlo. ¿Vas a ser tú, entonces, quien me condene y sucumba mi nombre a la oscuridad eterna?
El juez, retrocediendo asustado, comprendió que aquella joven no era la ingenua que había supuesto. Tras unos segundos de presurosa reflexión, dictó sentencia: “Eva Braun, te condeno a que expíes tus culpas y retrocedas conmigo 2.000 años atrás. Serás la voz de mi conciencia en mi encuentro con Él, para evitar que retroceda en la Justicia, corroído por mis miedos. Sólo así será como la Historia cambie y tú no llegues a enamorarte de Hitler”.

Entonces Eva le dio la respuesta más rotunda que pudo dar mujer alguna: “¿Estás loco? Prefiero ser la esposa del Mal y perder mi nombre en la miseria eterna a que cambies la Historia. Porque con tu cobardía, con tu lavado de manos, hiciste lo que la Humanidad necesitaba... ¿Aún no lo has comprendido? Tu crimen era necesario. El cordero tenía que ser entregado. Tenía que morir por todos nosotros para vencer al Mal. Incluso, quién sabe, tenía que morir por los que fuimos instrumentos del Mal. Otro juez, mucho más alto que tú, será el que un día nos diga si también nos acoge en su seno a ti y a mí”.
Así fue como Poncio Pilato volvió a llorar amargamente 2.000 años después. Una clarividente conversación le había hecho ver otra vez su gran debilidad como juez y ser humano.
MIGUEL ÁNGEL MALAVIA
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Vaya muy bueno el argumento Eva era según mi investigación una mujer ingenua y a la vez muy perspicaz, no dudo que si se hubiera dado el caso, le hubiera respondido más o menos igual que este relato, aunque debemos reconocer que la guerra trajo más beneficios que males para nuestro actual medio.
Vaya, historia. Genial
Buen relato, buena imaginación, creativo, sugerente,...
Pero por favor, dejemos ya a los muertos que descansen para siempre.
Dejemos a los movimientos totalitarios donde la historia y el tiempo los ha situado (que esperemos sea el olvido).
Dejemos a Dios ser Dios y dejemos de juzgar a nadie (ni aunque sea con la imaginación) y menos en estos días de Semana Santa.
Pues sí, es un relato magnífico. Me ha recordado mucho a la película "El hundimiento", que seguramente habréis visto, y también al cuento "El credo de Pilatos", del escritor checo Karel Capek (1890 - 1938), que nos muestra un diálogo entre Pilatos y José de Arimatea en la noche de la crucifixión. Los dos representan, respectivamente, el eclecticismo romano y la cerrazón judía.
Rotundo relato. Brillante, definitivo. Genial alarde de imaginación.
Veo en el personaje de Eva Braun el reflejo de lo femenino, de la Eva universal, de la primera pecadora, de la mujer, madre de toda la humanidad, que posibilitó la necesidad del nacimiento del Mesías, la necesidad de la Redención.
Un fuerte abrazo
Gran relato, sí señor.
no sigas con esas cosas,que luego tienes delirios como estos.ten cuidado con la fiebre,que mezclas churras con merinas
Gran Escuela Relatora Malávica
El gran defecto de la humanidad es dejar sus destinos a locos idealistas y desiquilibrados malabaristas que con una pistola y un uniforme militar quieren cambiar la humanidad a su imagen y semejanza: Hitler, Pol-Pot, Lenin, Stalin, y tantos muchos.
Jueves, 31 de mayo
Mª Rosario Aldaz Donamaría
Antonio García Fuentes
Julián Moreno Mestre
Chris Gonzalez -Mora
Ángel Sáez García
José Pómez
Manuel María Ventura
Juan Granados
Juan Luis Recio
Patricio Peñalver
Julio César Izquierdo
Carlos Juan Gómez Martín