La hora de la verdad

Vivir con dolor

03.02.08 | 17:56. Archivado en Sobre el autor, Relatos
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Era uno de aquellos días. Los peores. Soledad lo supo en cuanto abrió los ojos y notó cómo le dolían las articulaciones. Cómo le dolían las rodillas, los codos, las manos, las plantas de los pies... todo el cuerpo. Unos días se encontraba mejor y otros peor. Y éste era, sin duda, uno de los horribles. Soledad, de cincuenta años, padecía desde hace años fibromialgia.

Cuando intentó levantarse de la cama, notó cómo los músculos se le agarrotaban de tal forma que no pudo sino cerrar los ojos y apretar los puños para evitar pegar un aullido. Estaba absolutamente cansada. La perspectiva de tener que hacer el desayuno la horrorizaba. Y el pensar que tenía que ir a trabajar, sencillamente la mataba. Quería que ya fuera la noche de ese maldito día. No tenía ganas de nada, no quería abrir los ojos... Sólo deseaba entrar en un estado neutro, ausente, astral, volando por encima de las sensaciones. No quería tener que soportar el tremendo dolor que horadaba su ser.

Su vida entera estaba condicionada por el dolor. Tenía que renunciar a multitud de planes. Veía a sus amigos mucho menos de lo que quisiera, ya que muchas veces no podía hacer lo que hacía antes. Ya no aguantaba toda la noche bailando y bebiendo. Algunos ya ni siquiera la llamaban. A veces, incluso, ni siquiera podía hacer el amor con su pareja más o menos estable. Todo ello hacía que a veces entrara en largos periodos de depresión. El dolor le impedía pensar, ser ella misma. Su alma, en esos días nublosos, demandaba otra oportunidad, la de una vida sin dolor casi constante.

Todo ello hacía que en determinados momentos, pensamientos negros y fugaces le hicieran perder las ganas de vivir. ¡Pero no! Ella era una mujer fuerte, con coraje. En esos instantes sacaba a relucir la mejor de sus sonrisas y pensaba en los días que eran mejores, en los que a veces incluso casi no llegaba a sentir dolor, en los que era ella misma. Esos fogonazos de esperanza, de ilusión, de detalles, de buenos sentimientos, de amor, de dulzura... eran los que le indicaban que la vida puede ser maravillosa y merece la pena deambular por ella aspirando a ser feliz. La fibromialgia era su cruz. El dolor su tormento. Pero ella se llamaba Soledad e iba a vivir su vida.

Dedicado a ti.

MIGUEL ÁNGEL MALAVIA

6 comentarios


Los comentarios para este post están cerrados.

Comentarios
  • Comentario por solariana 04.02.08 | 18:25

    ...Y es que la cruz no se puede dejar aparcada, pero se puede ser feliz cargando con ella, y se agradece también si alguien te presta una ayudita para llevarla.

    Gracias otra vez, Miguel Angel. Te deseo mucha suerte con tu blog y que sigas con ánimo para escribir desde tu óptica de sensibilidad y sinceridad.

    Un fuerte abrazo

  • Comentario por solariana 04.02.08 | 18:19

    Después de un primer momento de sorpresa y emoción ayer al entrar en tu blog, vuelvo a leer este relato y me confirma lo que ya he dicho en otra ocasión: tienes una gran sensibilidad y capacidad de empatía. Parece que no te ha costado imaginarte lo que Soledad podía sentir.
    Al igual que Marta y Sonia, las protagonistas de la historia de amor lésbico, que imagino se acostumbrarían a convivir con sus maridos aunque no fuera lo que ellas deseaban, las personas con fibromialgia nos acostumbramos a vivir con dolor. A veces se nos hace insoportable pero otras, es nuestra tan fiel compañía que hasta le tomamos cariño. Pero, no cabe duda de que añoramos una vida sin dolor.
    Claro que se me podría objetar que la fibromialgia no se elige pero Marta y Sonia se casaron porque les dio la gana. Sin embargo ellas sufrían por amar en secreto a una persona de su mismo sexo, por tener unos sentimientos, no elegidos, que tal vez les impedía la deseable y "normal" adaptación social...

  • Comentario por Juanan 03.02.08 | 22:39

    Muy bueno.

  • Comentario por cch 03.02.08 | 21:28

    Si yo fuera director de un medio de comunicación te fichaba ahora mismo y no sólo por el bien de mi empresa sino de la sociedad entera.
    Pero como ni lo soy ni es previsible que lo sea tendré que esperar a ver tu éxito por otra vía. Y entonces, seré probablemente yo quien vaya a rogarte que me fiches (cuando tú dirijas un medio) pero no porque yo ansíe riqueza ni gloria personal sino por el inmenso honor de trabajar contigo.
    Mientras tanto doy gracias a Dios de que exista un Malavia en el panorama informativo. ¡Que Él te bendiga y te proteja como persona y como profesional!

  • Comentario por Miguel Ángel Malavia [Blogger] 03.02.08 | 18:47

    Solariana, muchísimas gracias, de verdad. No te imaginas la ilusión que me he hecho leer ese escrito tuyo en tu blog. Un besazo y un abrazo inmenso!!!

  • Comentario por solariana 03.02.08 | 18:17

    Precioso. Auténtico. Cómo no, he derramado lágrimas de emoción. Gracias, Miguel Angel.

    Un fuerte abrazo


    Yo también pido que visiten mi blog, en especial este post: http://www.artnovelablog.com/blog.php?user=masalladelarazon&note=1064


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