
Se ha hecho pública la próxima ejecución de Ali Hassan al-Majid, conocido como ‘Ali el químico’, responsable durante el gobierno tirano de Sadam Husein de la matanza de casi 180.000 kurdos iraquíes. Estoy absolutamente en contra de esta ejecución, como en su día lo estuve del ahorcamiento de Sadam. Expongo aquí el artículo que escribí y colgué en diversos foros hace algo más de un año por tal motivo. Creo que los mismos argumentos que entonces empleé siguen muy vigentes a día de hoy:

Concluyendo esta especie de trilogía sobre mi experiencia en Estambul, abordo al fin el tema de la espiritualidad, uno de los más importantes para mí a lo largo de todo el viaje. Sin duda, lo que más me impresionó de esos maravillosos ocho días fue la fe latente en toda una sociedad. Siempre que pude busqué sentir una experiencia espiritual que ya sabía guardaría en mi retina y en mis oídos el resto de mi vida. Por suerte, pude presenciar las oraciones de musulmanes, ortodoxos y católicos (lamentablemente no encontré ninguna sinagoga). Y de todos ellos saqué mis propias conclusiones.

Si tuviera que definir Estambul con una sola palabra sería ésta: contraste. No imagino ningún otro espacio del mundo que cambie tanto según se recorre a cada paso. No creo que exista otro rincón del planeta que ofrezca tal mosaico de colores, formas, olores, pasiones y fe.

Tras ocho días de experiencia maravillosa en lo que un día fue Constantinopla, retomo con ganas este espacio para ofrecer mis impresiones de la que es una de las más impresionantes ciudades de todo el mundo. Han sido tantas las cosas que me han pasado a mí y a mis 13 compañeros de viaje que he decidido dividirlas en tres bloques: el surrealismo, el contraste y la religiosidad.

Vivimos en tiempos de repúblicas y de monarquías ornamentales. Sin embargo, en ciertos espacios urbanos sigue habiendo reyes. Partidarios, para más señas, de la monarquía absolutista. Es el caso de Jaime. De él, aunque nadie lo sospecharía, dependen muchas vidas en el barrio ‘Meretrices’.

Y Dios creó al hombre. Y del hombre, de uno sólo, hizo el talante. José Luis Rodríguez Zapatero: paz, tolerancia, igualdad, diálogo, talante, talante, talante... El presidente, embelesado en medio de la entrevista-masaje con Iñaki Gabilondo en ‘Cuatro’, pensaba en estas bellas palabras, repitiéndolas como un papagayo con su tono solemne, empalagoso, buenista...

Admito que tiene que ser muy duro verte alejado del mundanal ruido, sobretodo cuando has estado en la primera línea de fuego durante tanto tiempo; tal vez demasiado. Y aún más si cabe si te gusta más un micrófono que a un niño una play (antes el dicho era con los caramelos, pero señores, los tiempos cambian), como en el caso de Ibarra. El que fuera tantos años presidente de Extremadura, se debe aburrir mucho en casa. Por ello, no ha tenido nada mejor que hacer que dar su opinión sobre la polémica con la Iglesia en estos términos: “No es bueno apoyar a partidos que van a la guerra a matar inocentes en base a mentiras; hay que estar contra las guerras, las dictaduras, la pederastia, el abuso de menores... Prueben con ese discurso, a ver qué pasa”.

Hay días en que tengo claro que el mundo se ha vuelto loco. Días, como hoy, en los que sé a ciencia cierta de que vivimos en una sociedad que, a veces, se muestra como profundamente enferma. ¿Qué se puede decir cuando la dirigente del PP vasco, María San Gil, casi ha sido linchada hoy por un grupo de independentistas gallegos que querían impedirle que diera una conferencia en la Universidad de Santiago de Compostela? ¿Qué se puede decir cuando esta gente se ha dedicado a llamarla cosas como “fascista” o “terrorista”?

En previsión a un viaje que voy a emprender próximamente a lo que un día fue Constantinopla, me pasé gran parte de la tarde de ayer husmeando entre las guías de viaje de la biblioteca de mi pueblo. Así, pude apreciar cómo cada una de ellas huele al espacio que pretende escrutar al detalle.

Rayando el alba, paseando por Tirso de Molina, lo vi. Ya no iba hasta arriba de coca, como antes. Eso, esa, que durante tantos años fue su inseparable compañera, su faz inspiradora, la puta droga, eso, esa, ya pasó. En ese momento, como los grandes crápulas que han visto de cerca el rostro de la muerte a causa de los excesos, simplemente volvía a casa borracho. Sonriendo, soñando despierto con los senos, las nalgas, las risas y las confidencias de las putas a las que tanto amó. Así, en pleno orgasmo etílico, en el culmen de la madre de todas las cogorzas, enfiló como pudo el bulevar de los sueños rotos, Calle Melancolía, hasta su casa.

Espero que nadie me tome este escrito como una frivolidad, porque no lo es en absoluto. Aclaro ya que en mi vida he comprado un disco de Britney Spears, ni he visto ninguno de sus conciertos, ni me gusta su estilo... ni nada. Pero ello no es óbice para decir que ya es la hora de que los medios de comunicación la dejen en paz.

Ese día Elisa llegó antes a casa. Venía corriendo del colegio. Llorando. Josefa, su madre, al verla con tal sofoco, le preguntó qué le había pasado. Elisa, levantando la vista que hasta entonces tenía enfocada hacia el suelo, le preguntó: “Los niños se han reído de mí. Dicen que no soy como ellos. ¿Mamá, soy normal?”

Estadio de Saint Denis. París. Final de la Copa de Europa. Real Madrid y FC Barcelona juegan el último partido de la historia del fútbol. Queda un minuto para alcanzar los 90 reglamentarios. El resultado depara un ajustado empate a tres goles. El que gane será el último gran ganador en la epopeya del deporte rey. Los corazones de los presentes van a estallar. La tensión es insoportable.

El calor era insoportable. Después de toda una noche (ya eran las seis de la madrugada) sin parar de bailar y de beber cubatas como quien bebe agua, Sonia y Marta estaban destrozadas. Habían venido a la última disco de moda con sus respectivos novios. Pero la verdad es que ni una ni otra se encontraban ya muy a gusto con ellos. Desde hacía algún tiempo sentían que no había entre sí una verdadera complicidad. En cambio, este sentimiento por el que el alma se puede compartir, por el que se puede mirar al cielo y al fuego a través de los ojos de la otra persona, sí existía entre ellas. Al fin y al cabo eran las mejores amigas desde los doce años. Y ya tenían 23...

Era uno de aquellos días. Los peores. Soledad lo supo en cuanto abrió los ojos y notó cómo le dolían las articulaciones. Cómo le dolían las rodillas, los codos, las manos, las plantas de los pies... todo el cuerpo. Unos días se encontraba mejor y otros peor. Y éste era, sin duda, uno de los horribles. Soledad, de cincuenta años, padecía desde hace años fibromialgia.

Son las cuatro de la tarde. 26 de abril de 1937. Silencio. Presentimiento. Miedo en aumento. Ruido de sirenas. Carreras. Huidas. Pavor. Gritos. Ocultamiento. Silencio. Eco de más ruidos. Llantos. Silencio. Silencio previo a lo que viene. A lo que se teme. Aviones. Aviones que sobrevuelan las cabezas de los inocentes. Está cerca: la matanza.

Tras unos días de sinsabores y reflexión he decidido salir del armario. Por fin, hoy voy a reconocer una cosa que seguramente muchos ya sospechaban de mí. Sí, lo admito, soy fascista.
Jueves, 31 de mayo
Mª Rosario Aldaz Donamaría
Antonio García Fuentes
Julián Moreno Mestre
Chris Gonzalez -Mora
Ángel Sáez García
José Pómez
Manuel María Ventura
Juan Granados
Juan Luis Recio
Patricio Peñalver
Julio César Izquierdo
Carlos Juan Gómez Martín