
Una de las cosas que más me maravillan del Cristianismo es la fuerza que en él tienen los conversos. Los que en otros ámbitos serían vistos como sospechosos o “chaqueteros”, en la fe de Cristo son los primeros. No obstante, el propio Jesús lo dejó bien claro: “No vengo a por los sanos, sino a por los enfermos: los pecadores”. ¿No es sensacional que San Pablo, uno de los pilares indiscutibles de nuestra fe, fuera antes un martillo para los cristianos? ¿No es increíble que San Pedro, el otro bastión de la Iglesia, fuera el gran traidor a Cristo en el momento más importante? Para mí, al menos, es algo maravilloso: Te hace pensar que ellos secundaron la oscuridad del alma en un momento dado, pero luego convirtieron su duro corazón y acabaron siendo instrumentos básicos en la difusión del Evangelio. Eso me hace reflexionar: ¿Por qué, entonces, no me puedo levantar yo cuando tropiezo? La respuesta, alegre, es la de la esperanza.
¿Qué mas se puede decir del Cristo que perdonaba los pecados, antes incluso que curar a los paralíticos, para escándalo de los fariseos? ¿Qué ejemplo es más gráfico que el que Dios hecho Hombre se rodeara principalmente de publicanos, paganos y prostitutas? ¿Por qué son tan duros de corazón algunos cristianos de hoy en día con aquellos que yerran su camino vital? ¿Quiénes son ellos para despreciarlos y tacharlos de “pecadores”? ¿Por qué son los fariseos del siglo XXI? ¿Acaso no saben que si esos “pecadores” convierten sus espíritu acabarán siendo los primeros en el Reino de Dios?
Espero que hasta los críticos más duros del Cristianismo sepan valorar el hecho de que la fe propugnada por Jesús de Nazaret y sostenida hoy por la Iglesia se basa en el perdón y en la misericordia. Puedes tropezar, como María Magdalena, como Santo Tomás, como San Agustín... pero si de verdad lo sientes, si tu arrepentimiento es sincero, el Dios del Amor te acogerá gozoso en su seno. Lo está deseando. Sí, el más grande te está viendo a ti, a mí, los más pequeños, y está pendiente de que demos el paso y seamos conscientes de nuestras negruras internas. Él, si tú lo quieres, si lavas tu corazón, te pondrá en el primer lugar de su banquete del Amor. Es el don, el poder de los conversos. “Arrepentidos los quiere el Señor”, es el aldabonazo que nos ha de mover. Da el paso. Ahora.
MIGUEL ÁNGEL MALAVIA
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ORACIÓN RUSA PARA PEDIR POR LOS DEMÁS
"Señor misericordiosísimo, hágase tu voluntad que quiere que todas las personas se salven y lleguen al conocimiento de la Verdad. Salva y socorre a tu sierv@:... Acoge este mi deseo como un grito de amor que Tú mismo nos has mandado".
Válida tanto para pedir el bien para otr@ -sea creyente o no- como para rogar al Señor que ilumine a quien esperamos que se convierta a la luz del Evangelio.
Cambió usted la imagen adjunta, bravo
Bueno San Pedro no es que fuera el mayor traidor... creo que hubo otro que le llegó a vender a las autoridades... Saludos
No me gusta que a la pregunta que profesión tengo, pudiera responder: mis pecados, y quedarme tan pancha. Algunos lo hacen, y son, a mi jucio unos profesionales del pecado.
Misericordia quiero y no sacrificios; que no he venido a llamar a los justos sino a los pecadores.
José Blanco, fariseo número uno
Jueves, 31 de mayo
Mª Rosario Aldaz Donamaría
Antonio García Fuentes
Julián Moreno Mestre
Chris Gonzalez -Mora
Ángel Sáez García
José Pómez
Manuel María Ventura
Juan Granados
Juan Luis Recio
Patricio Peñalver
Julio César Izquierdo
Carlos Juan Gómez Martín