La hora de la verdad

La oración

19.01.08 | 00:33. Archivado en Sobre el autor, Relatos
  • enviar a un amigo
  • Imprimir contenido

No podía parar de llorar. María, tumbada sobre la cama, desnuda, tenía el alma rota. La noticia que acababa de recibir había sido la gota que había colmado el vaso de los sinsabores, tan habituales ya en su vida. El calor abrasaba su pecho cuando decidió incorporarse y mirar al mundo virtual que se abría todas las noches de luto ante su ventana. Otras veces veía vida, estrellas, risas, amores furtivos. Eso no le hacía en absoluto feliz, pero al menos sí le abría un camino a la esperanza. El reflejo del espejo vital de los otros, a veces, le hacía creer que otra vida era posible. Al menos lo era para los demás. “¿Y por qué no para mí?”.

Sin embargo, cuando esa noche miró por la ventana de los sueños, no vio nada. No estaban los borrachos, los novios, ni los golfos. Por firmamento, la oscuridad total. “¡No puede ser!”, se repetía a sí misma una y otra vez. Entonces, decidió escuchar. Paró hasta el latido de su corazón para agudizar bien el oído. Pero por toda respuesta, la nada. “¿Dónde están las canciones de los poetas a sus musas?”. Ni siquiera Sabina andaba esa noche por allí...

Las lágrimas, ya mar, inundaron por completo su ser. Su mente, vacía de tanto llorar, quedó pendiente de un hilo. Su corazón, al que aún no había dejado latir, se estaba ahogando. Iba a morir. De pena. De angustia. De falta de fe. “¿Dónde está el Dios que dicen que me ama?, ¡¡¿¿dónde??!!”, gritó desconsolada.

En ese instante, de repente, se sintió aliviada. Ese grito, lo sabía, había sido el culmen del vacío en el que se encontraba. Ese grito había sido su oración. Estaba enfadada con Dios, pero ahora era consciente de que si sentía eso (algo que siempre se negaba a ni siquiera pensar, pues siempre se definió atea), era porque creía en Dios. Y si creía en Dios era porque creía en el Amor, total, eterno e infinito. Con una sonrisa, al fin, se dio la oportunidad de empezar a vivir.

MIGUEL ÁNGEL MALAVIA

2 comentarios


Los comentarios para este post están cerrados.

Comentarios
  • Comentario por cch 19.01.08 | 12:35

    Bienaventurado aquel que clama al rezar, pues sólo nuestra compasión meree a quien "no le arde el pecho" antes de exclamar su plegaria.
    Gracias por recordárnoslo con este hermoso relato.
    Sincera enhorabuena para sincera creación literaria.

  • Comentario por Edu J. 19.01.08 | 09:32

    Hermoso como la mayoría de sus relatos. Aunque me quedo con dos cosas: la primera la alusíon al gran Sabina y la segunda, una frase que me ha gustado mucho: "" La ventana de los sueños "". La cual me ha evocado, varias cosas bonitas

Jueves, 31 de mayo

BUSCAR

Editado por

Los mejores videos

Síguenos

Hemeroteca

Mayo 2012
LMXJVSD
<<  <   >  >>
 123456
78910111213
14151617181920
21222324252627
28293031   

Sindicación