
El próximo lunes se cumplen 30 años de la legalización del Partido Comunista. El 9 de abril de 1977, Sábado Santo, España entera se sobrecogía con la noticia de que, tras más de 40 años de prohibición, el PCE volvía a ser un partido oficial y reconocido. En un momento histórico crucial, en el que todos los españoles trataban de construir un futuro en libertad, la decisión de un hombre valiente supuso el paso definitivo por el que ya no cabía la posibilidad del retorno. Adolfo Suárez dio así el golpe de gracia a 40 años de división nacional, los que comprendían el trauma de una cruenta guerra fraticida y una terrible dictadura. El presidente tomó una decisión difícil, pues sabía que así soliviantaba a los sectores más extremos del ejército y los de la derecha aún franquista, que lo sintieron como una auténtica traición.
No se puede olvidar que en las semanas precedentes el proceso hacia la democracia había estado a punto de volar por los aires, literalmente. En un corto espacio de tiempo se sucedieron diversos atentados terroristas de la extrema izquierda (ETA y GRAPO), los secuestros de Oriol y Villaescusa y la matanza de los abogados laboralistas de Atocha por parte de un grupúsculo fascista. La Transición parecía entonces un sueño que se escapaba de las manos, fruto de la violencia y el odio cainita de los ultras de siempre, tanto de los de un lado como los del otro. Por suerte, contamos en ese momento con unos políticos de altura y sentido del Estado, que sabían perfectamente que la inmensa mayoría de la sociedad española sólo quería vivir en paz, en democracia y en libertad.
Tras capear el temporal y superarse con el tiempo (breve, pero eficaz para cicatrizar las heridas) el trágico escollo, el presidente del Gobierno y el líder comunista buscaron el camino de la política con mayúsculas, la del consenso. Adolfo Suárez y Santiago Carrillo negociaron clandestinamente las condiciones de un hecho absolutamente necesario. En pocos meses tendrían lugar las primeras elecciones democráticas en cuarenta años y a esa cita no podía faltar el PCE. ¿Por qué? Sencillamente porque representaba la sensibilidad de cientos de miles de españoles que llevaban mucho tiempo en silencio. Y porque si queríamos una verdadera democracia todos los españoles debíamos estar representados políticamente, pudiendo elegir la opción que más acorde fuera a nuestra ideología, fuese la que fuese.
Hoy la Transición se ve como un proceso muy fácil y lógico, pero en ese momento histórico cualquier mal paso podía acabar con la frágil democracia que estaba a punto de nacer. Los dos líderes dieron el paso decisivo con la mayor de las cautelas y con el resultado final del éxito tranquilo. Sencillamente, Suárez dio voz a quién no la tenía y Carrillo acalló la ira de quién en su partido pudiera tener deseos de venganza. Evidentemente, ambos pagaron un precio. Suárez se ganó el desprecio de muchos de los que antes le habían apoyado y Carrillo el de quién no se sometió a la directriz del partido de aceptar la bandera bicolor nacional y la Monarquía de Juan Carlos I. En su momento pudo parecer un alto precio. Hoy, los que amamos la democracia plural y multicolor, les agradecemos que no se dejasen arrastrar por aquellos que en realidad sólo querían “su” democracia homogénea y monocolor.
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Ya estoy aquí otra vez, tras unos días de "retiro" en mi pueblo, el venerable Landete (Cuenca).
Amigo Cisneriano, me complace comprobar tu conversión al talante, llegando hasta el extremo de suscribir, punto por punto, que "Carrillo actuó como el mejor político de España junto a Suárez".
Amigo Andrés, comparto contigo la idea de que el Carrillo de los últimos años está abandonando la imágen de conciliadora de la Transición. Le he visto hoy en una entrevista televisiva y ha dicho que el PP es la misma derecha que la de los años 30, siendo extrema e inspirada en el nacionalcatolicismo. Es una pena verle caer en el discurso falso e hipócrita del guerracivilismo.
Demoniodemediodia: por eso es bueno dar un poco de caña y mostrarse más radical de lo que uno realmente es. Si todos pensamos igual, la cosa se hace muy aburrida. Por eso Cisneriano es manso como una paloma, aunque me acuses de inquisidor. Fuerza y honor.
Son tan catequeticas tus exposiciones, querido miguel Angel, que poco lugar dejas a otras reflexiones que no sean las de darte la enhorabuena, decir que muy bien, y que si, que tienes razon. Pues eso, Fuerza y honor
Con la puntualización de que la Transición, en cualquier caso, debería haber muerto de forma natural una vez instaurada la democracia. Lo que ha muerto, más que la Transición, es efectivamente, el espíritu de la Transición. El respeto a las ideas del adversario, el consenso y el ánimo tolerante de respeto a la pluralidad política.
Hago mías todas y cada una de las afirmaciones del joven Andrés Sánchez Padilla.
Mientras, nos dedicamos a recordar con nostalgia una Transición que ya ha quedado hecha trizas, convertida en otra excepción feliz de nuestra trágica historia. La Transición ha muerto. En su lugar, lo que ahora está de moda son el franquismo, la guerra civil y la República. Con eso se dice todo.
Está claro que aquel fue el acto decisivo de la Transición, el más importante y el más peligroso. Una vez franqueado ese umbral, el camino a la democracia quedó bastante expedito. Lástima que Carrillo no haya ocnservado la lucidez de entonces (cuando actuó como el mejor político de España junto a Suárez, mientras el PSOE jugaba a revolucionario de salón) y haya vuelto en su senilidad al viejo estalinismo de su juventud.
Jueves, 16 de febrero
Ángel Gutiérrez Sanz
Chris Gonzalez -Mora
Juan Luis Recio
Juan Fernandez Krohn
Ángel Sáez García
Mª Rosario Aldaz Donamaría
Antonio García Fuentes
Padre Fortea
Carlos Ferrer
José Pómez
José Donís Català
Paulino Toribio