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Íñigo Sota HerasÍñigo Sota Heras

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Por un visor in fraganti

Permalink 18.12.08 @ 21:51:21. Archivado en Análisis y medios

El Tribunal Supremo acaba de dar la razón a una mujer que presentó un recurso poco después de que una periodista se colara en su consulta y la grabara con una cámara oculta. Según sus representantes, "se produjo una intromisión ilegítima en la esfera de la intimidad de la demandante, que afecta también a los demás derechos fundamentales mencionados en la demanda, y que dicha intromisión, en aplicación del principio de proporcionalidad de acuerdo con las circunstancias concurrentes, no está justificada por el ejercicio del derecho a comunicar libremente información".

A pesar de que la periodista, su productora y una televisión fueron absueltas en su día, ahora el recurso ha beneficiado a la naturista, quien fue acusada de intrusismo profesional, de ahí el sentido de grabarla in fraganti.

Dicho esto, me pregunto, ¿qué sucederá con otros programas que practican con sus cámaras ocultas y las emplean como un fin y no como lo que deberían ser, esto es, un medio? No creo que haya que hablar de buenos y malos, pero sí invito a todos a la reflexión. Desde mi punto de vista, creo que grabar unos hechos con cámara oculta debe servir para conseguir un bien, más o menos común, o que en algún sentido beneficie a la parte desfavorecida dentro de un conflicto.

Lo que no concibo es que se emplee como un fin en sí misma, como se ha aprovechado en algunos programas del corazón para supuestamente destapar asuntos serios. Sabemos todos que la identidad de la novia del futbolista tal o el color de la ropa interior de la modelo de turno siempre han sido temas de primer orden.

En estos momentos, en los que una televisión como Telecinco acaba de desembolsar casi quinientos mil euros en demandas perdidas, solo espero que periodistas y ciudadanos pensemos en común. La familia Aznar, Terelu Campos o Carmen Martínez Bordiú han ganado batallas legales intensas. La periodista que mencioné al principio ha perdido a favor de una persona que quizá dañe con sus servicios a otras, este caso no está todavía claro. Lo que queda patente es que algo está cambiando y que seguramente estos ejemplos sentarán las bases para lograr la autocrítica y el replanteamiento de nuestros modos de proceder.

Hernán Zin: “La verdad está en las víctimas, en su historia. Quien hoy no quiera conocerla, carece de excusa”

Permalink 03.12.08 @ 00:13:59. Archivado en Análisis y medios

Viajero compulsivo, escritor y reportero convencido. Hernán Zin es, además de un audaz e intrépido periodista, un verdadero ejemplo de Humanidad, con hache mayúscula. Sus viajes por los cinco continentes le han llevado a observar, ayudar a las personas más desfavorecidas y narrar numerosas historias que ahora ya nadie puede olvidar. Durante los últimos quince años, Zin ha viajado por más de una docena de países, entre ellos, Afganistán, Palestina, Argelia o Nicaragua. Desde 2006 y como él dice, “se ha puesto el casco y las botas para sumergirse en las entrañas de la guerra”, cuyo fiel reflejo es su blog personal, Viaje a la guerra. Entre libros, reportajes y documentales, también ha tenido tiempo para firmar en medios de comunicación como la Cadena SER, Interviú, El Mundo, La Nación o RNE. Ahora sí, señor Zin, hablemos de sentimientos…

-Hasta hace muy poco, su destino fue Afganistán, pero ha viajado por África, Asia y América Latina dando luz a poblaciones muy necesitadas. ¿Cómo valora su experiencia hasta la fecha?

Me siento sumamente afortunado de poder hacer este trabajo, de haber vivido todas estas experiencias. Y no porque lo que haya visto o contado resultase grato. Al contrario, ojalá no existiese esta realidad. Ojalá la guerra, la pobreza, la explotación, fueran meras ficciones.

De algún modo siento que es un privilegio, al tiempo que una responsabilidad, poder escuchar a la gente y quizás, con un poco de suerte, poder ser amplificador de sus deseos, de su lucha y, no en pocas ocasiones, de la extraordinaria dignidad con la que se enfrentan al destino que les ha tocado.

Me refiero, por supuesto, a gente postergada, ultrajada, por las ambiciones del poder. Una familia que lo acaba de perder todo bajo las bombas en Gaza. Un chaval que trabaja catorce horas al día en un taller de la India.

La generosidad con que te hablan, con que se abren a ti, te muestra lo mejor de la condición humana, frente a lo otro, lo que está alrededor, lo peor, lo más mezquino. Y, de alguna forma, esto te enriquece, te abre los horizontes y te da como narrador un sentido que, al menos yo, considero sumamente valioso.

-¿Qué tiene Afganistán, aparte de ser uno de los centros conflictivos más importantes del mundo?

Es un país complejo, fascinante, que como narrador a uno lo subyuga, con tantas historias que contar, con tanto que aprender y compartir. Basta poner el espejo, la pluma, que las historias se suceden. Un terreno muy resbaladizo a la hora de sacar conclusiones, por lo que también exige un ejercicio de contención.

Al menos a mí me resulta imposible deslindarlo de su actual situación, ver más allá de los niños que trabajan, de las mujeres quemadas, de la violencia fratricida, de las mentiras y equivocaciones de Occidente, de la corrupción, del extremismo, de la guerra.

-Por su experiencia… le diré que me recuerda al maestro Kapuscinski.

Bueno, ¡¡¡esas son palabras mayores!!! Por ahora, con tratar de hacer narraciones lo más honestas y fidedignas posibles, junto a quienes carecen de altavoces para reivindicar sus derechos, sus necesidades, me contento. Como decía al principio, me siento muy afortunado. Más que una profesión, esto es un oficio. Y más que un oficio, una forma de vivir, que se disfruta y se sufre en el día a día, por lo que se aprende, por lo que se comparte, por todo lo que se recibe.

-Gracias a su libro Helado y patatas fritas y a un ambicioso documental sobre la pederastia en Camboya, las autoridades lograron detener a muchos implicados. ¿Cómo surgió la idea y qué experiencias recuerda de su investigación?

Caminaba por las calles de Phnom Penh, la capital de Camboya, cuando vi a un hombre -que luego sabría que era belga- que cogía a un niño muy pequeño de la calle y se lo llevaba a un hotel. Así comenzó todo. A raíz de seguir al belga di con otros pederastas: un francés, un austríaco, un italiano. El viaje, que inicialmente iba a durar una semana, se extendió a varios meses.

Recuerdo, ante todo, la conversación con un pederasta que torturaba a los niños y vendía sus fotos en Internet. Durante mucho tiempo tuve pesadillas, en especial mientras escribía Helado y patatas fritas. Y la conclusión que saco es que, si a un adulto como yo, el mero hecho de hablar con este hombre le causa semejante impacto, ¿qué efecto habrá tenido en sus víctimas?

-Se dice que ninguna guerra se parece a otra. Tras Palestina, Israel, Sudán, Argelia y otros tantos, ¿puede confirmarlo? Seguro que recuerda alguna experiencia humana con especial afectividad…

Cada conflicto es único, sin duda, como cada experiencia humana. Pero todos están unidos por intereses similares, económicos, de poder. Como dice Fisk, es el momento en que los políticos deciden que otros deben morir en pos de sus ambiciones.

¿Recuerdo que albergue con afecto? Cientos. Tantas veces me han recibido con generosidad, sin cuestionamientos, en casas, en hospitales, en entierros. Gente que había perdido a un ser querido, que había sufrido en carne propia los efectos de la violencia. Es algo que se valora, que se agradece. Y que, de algún modo, crea un vínculo entre el entrevistado y tú. Lo que te dice, sin decirlo es: “Cuenta mi historia, para que haya justicia, para que esto no se repita”.

-“Quiero conocer a fondo qué implica una guerra. Más allá de las balas, las muertes, los refugiados, todo lo que habitualmente vemos en televisión o lo que leemos en la prensa, deseo ponerme en la piel de quienes sufren sus terribles consecuencias”. Así comenzaba a escribir su blog, Viaje a la guerra. ¿Ha cumplido su objetivo? ¿Es cierto que la ciudadanía de los países desarrollados sigue teniendo una venda en los ojos?

En los dos años y medio que llevo escribiendo Viaje a la guerra, mi comprensión de lo que implican los conflictos armados, ha crecido exponencialmente, sin duda. La certeza de sus verdaderos intereses. Y el horror ante la maquinaria bélica, financiera y de grupos de presión que los alientan y sustentan. Un negocio monstruoso, infame, que cuesta creer cuán aceptado y extendido está, desde los fabricantes de armas con sus ferias, sus luchas por los fondos públicos, hasta las empresas militares privadas.

Con respecto al público occidental, creo que Irak le ha abierto los ojos sobre el significado real de una guerra. Hasta en EEUU parecen haber comprendido el mensaje. Ojalá sirva para poner fin a la violencia en Sudán, en Somalia, en Afganistán, en Palestina.

Se suele decir que la primera baja en la guerra es la verdad. No estoy de acuerdo. La verdad está en las víctimas, en su historia. Y hoy, con todos los recursos de comunicación que tenemos, quien no quiera conocerla carece de excusa.

-Como bien escribe, la esclavitud sexual sigue siendo una realidad alimentada hoy en día. ¿Qué vías, a su juicio, podrían existir para controlarla?

El factor principal pasa por la miseria. Sin pobreza, difícilmente cabría la explotación. Es la falta de recursos la que hace vulnerable a vastos sectores de la población mundial. Y, por supuesto, reducir la demanda, perseguirla. El que paga también es culpable, por más relativismo o excusas que se quieran esgrimir.

-Los suicidas palestinos también han centrado su atención. Comenta el caso de una joven, llamativo por cierto, pues la mayoría de los casos pertenecen a hombres. ¿Cómo es el trato con la familia de uno de ellos? ¿Qué impulsa a una joven a suicidarse en esas circunstancias?

En el caso que narré hace unos años, fue el asesinato de un amigo cercano lo que lo llevó a tomar la decisión de hacerlo. El joven en cuestión sentía que era una venganza, que era un sacrificio por su gente, una forma de llamar la atención sobre la situación de su pueblo. No entro en valoraciones. La familia me abrió las puertas de su casa porque de algún modo les había demostrado que iba a escuchar, sin prejuicios, sin los habituales maniqueísmos. Confío en contar la historia, con todos sus matices, y que luego los lectores saquen sus conclusiones.

-¿Es constatable, desde su experiencia, que existe esa llamada “cultura del odio” en países en guerra?

La violencia se contagia y nos afecta de formas insospechadas. Inclusive a mí, que soy un mero testigo. Cuando entra en escena, de forma desatada, desenfadada, no podemos esperar más que se potencie, crezca y se multiplique. El círculo del odio. Por eso la violencia nunca puede ser un recurso para dirimir las disputas políticas o económicas.

-Un soldado israelí te cuenta que su modus operandi se basa en negar la realidad y tratar al palestino como un animal, utilizándolo, por ejemplo, para probar si un paquete requisado en plena calle es una bomba. ¿Qué siente al escuchar tales palabras?

Lo que me generó en su momento, y ahora, es una honda reflexión sobre las ocupaciones, sobre su lógica, que se da ahora en Palestina y que se dio en cada ocupación a lo largo de la historia.

Ver al otro como un objeto, despojarlo de su humanidad, humillarlo. Así es como funcionan. Así es cómo un poder foráneo mantiene el control sobre un territorio que no le pertenece, en este caso, Cisjordania, que según la ONU pertenece a los palestinos, aunque haya allí cientos de miles de colonos israelíes.

Sí marcó un punto de inflexión. Desde entonces, las noticias como la que apareció hoy en la prensa, el vídeo del disparo a sangre fría a un prisionero palestino, no me sorprenden. Es la lógica por la cual un ejército inferior numéricamente hablando controla a una población que lo supera en número.

Pero como en el caso del suicida palestino, al momento de escribir la crónica traté de escuchar sin prejuicios para dejar que el lector saque sus conclusiones. No hay diferencias en este sentido.

-¿Qué mentiras existen todavía en torno a la existencia y uso de las bombas de racimo en Líbano?

El uso de las bombas de racimo en Líbano fue admitido por los altos mandos israelíes apenas terminó la guerra de julio de 2006. No hay dudas al respecto. Son más de un millón. En dos ocasiones he acompañado a los artificieros que las desactivan, pues estaban desperdigadas por todo el país al sur del río Litani.

La gran mentira de esa guerra fue decir que no había otra opción. A los que abogamos por un intercambio de prisioneros con Hezbolá, el tiempo nos ha dado la razón. Finalmente, esta semana, Ehud Olmert lo ha hecho. Podría haberse ahorrado el millar de civiles libaneses muertos.

-James Miller quizá sea un nombre que pocos conozcan. ¿Qué resaltaría de su figura si tuviera cinco minutos para hablar sobre él en una clase de Periodismo?

Diría que era un reportero de primera, cuya muerte la profesión lamenta profundamente. Denunció desde la situación de la mujer en Afganistán hasta los abusos a civiles en Chechenia. Murió en Gaza, por el disparo de un soldado israelí, cuando caminaba por Rafah.

En lo personal, cuando estaba en la franja me hablaban a menudo de él. “Ten cuidado, recuerda lo que le pasó a James Miller”, me decían. De allí nació la sección Morir para contar, en la que intento homenajear a los compañeros que se quedaron en el camino.

-En uno de sus últimos textos, habla de cómo se vivió el 4 de julio (Día de la Independencia Americana) en Afganistán. ¿Cómo fue ver aquello?

La verdad, no con poca perplejidad. Y con cierto miedo, se disparaba tanto que temía que en algún momento algo pudiera salir mal. Pero también, comprendiendo el lugar y las circunstancias de los soldados. Como decía antes, intento no juzgar la realidad de quienes me rodean, simplemente reflejar su comportamiento.

Cuando se trata de políticos, de gente de poder, sí me siento con más derecho a mostrar mi opinión, mi decepción, mi enfado. Después de todo, son los que suelen meternos en todo esto. Aunque también los ciudadanos tenemos mucho que decir y en cierta medida no dejamos de ser cómplices.

-Entre libros y un blog que se actualiza con frecuencia usted está contribuyendo a darnos unas lecciones impactantes a los jóvenes periodistas. ¿Qué consejos le daría a quien quisiera investigar sobre estos asuntos?

No sé si estoy cualificado para dar lecciones. Pero bueno, si a alguien le pudiera interesar, le diría que siga adelante, que sea testarudo, que no se rinda, aunque al principio conseguir el dinero para financiar una viaje no sea sencillo, o colocar los reportajes.

Tarde o temprano, si el trabajo es honesto, encuentra su sitio. Todavía quedan editores sensatos, que creen en el periodismo y no sólo en el show de la información, en la noticia chatarra y en el refrito del refrito.

Y que no olviden la función social del periodismo. Ya los grandes intereses tienen recursos para hacer oír sus voces, que intenten fijarse en quienes no han tenido la misma suerte. Además, son los que más te enriquecen como persona, como narrador.

-Para terminar, ¿tiene algún proyecto o documental nuevo en mente que nos pueda adelantar?

Acabo de terminar un documental sobre la vida en diversos barrios de chabolas del mundo. Y ahora comienzo uno sobre la violación como arma de guerra. Por eso mi reciente viaje al Congo, Ruanda y Sudán.

En pocas palabras…

Un libro… Viaje al final de la noche, de Celine.

Un disco… Because of the Times, de Kings of Leon y First impressions of Earth de The Strokes.

Una película… Amarcord, de Fellini.

Un destino… mi casa en Madrid.

Un personaje histórico… todos los seres anónimos que han luchado por un mundo mejor.

La reliquia informativa

Permalink 25.11.08 @ 19:14:13. Archivado en Análisis y medios

No suelo escribir -ni me gusta- sobre este tipo de asuntos, pero la supuesta entrevista al ex-alcalde de Marbella, Julián Muñoz, que se va a emitir el próximo viernes en Telecinco, ya clama al cielo. No quiero con esto decir que esté ni a favor ni en contra, porque creo que para juzgar ya han entrado en escena quienes deben hacerlo: aquellos que ordenaron a la Policía acudir a las dependencias de la cadena para pedir el contrato que Muñoz firmó con ellos.

Con una información como esta, bien constatada y que deja claro por dónde camina el asunto, no queda ninguna duda: la entrevista quizá haga tambalear los cimientos de credibilidad y seriedad de la empresa de Paolo Vasile. Quizá, digo, si no lo ha hecho ya. Y allá van todas las incongruencias y batallitas que las últimas semanas se han anunciado sobre el caso.

Hace algo más de un mes se empezó a promocionar la entrevista a través de la televisión, pero sin fecha exacta de emisión. Después, comenzó la pelea o puja de varias emisoras por hacerse con tan supuesto preciado tesoro informativo. Más tarde, comunicadores de la competencia iniciaron una particular cruzada pidiendo a los espectadores que no vean ese programa. ¿Y en medio de todo esto? Mientras tanto, se comentó que la entrevista sería encargada a Ana Rosa Quintana, quien luego lo desmintió y defendió su realización. Parece ser que, después, fue Julián Muñoz quien pidió ser entrevistado por Pedro Piqueras. Más tarde, se confirmó que sería Jordi González (quien ya demostró su capacidad para hacer la pelota al señor Mario Conde en su programa de los sábados). También se rumoreó sobre las cantidades que el ex-alcalde negoció. Que si eran cuarenta mil euros, que si llegaron a los 350.000, que si Telecinco ya hizo un importante adelanto al personaje hace más de un año, cuando todavía estaba en la cárcel.

Ahora resulta que la competencia se echa flores y en Telecinco se tiran de los pelos porque la pre-entrevista (un programa que se emitidó el viernes pasado con algunas declaraciones, seguramente para abrir boca y enganchar a los televidentes) solo logró reunir a apenas un millón y medio de ellos, lo que supone un fracaso del 11% de cuota, frente al doble, que consiguió su competencia directa, Antena 3.

¿Qué quiero decir con todo esto? Pues que, mientras Telecinco apela al derecho a la información del ciudadano, la competencia anima a no ver la entrevista y asegura que "los espectadores ya se han cansado de mentiras". Pero, eso sí, todos, absolutamente todos, han ejercido esa presión para quedarse con la reliquia informativa de este noviembre. Y, señores, piensen antes de hablar, no escondan sus ansias de protagonismo y ganas de lucrarse detrás de un demagógico derecho a la información.

La televisión del cambio

Permalink 20.11.08 @ 20:54:25. Archivado en Análisis y medios

Mujer de turbulenta vida y quemada viva en un cajero a manos de tres jóvenes. Éste bien podría ser el resumen argumental de una película. Por cierto, ya se está moviendo el asunto y una gran productora de este país va a llevar a la gran pantalla -o pequeña- el caso de la mendiga que corrió esa suerte, esta vez, en la vida real.

La televisión no deja de sorprendernos. La ofensiva contra los programas de corazón más morbosos y chabacanos ha venido solicitando nuevos contenidos durante los últimos meses. La fórmula más empleada por los nuevos magazines o talk shows ha conllevado una carga sustancial de lo mismo: morbo, eso sí, a costa de testimonios reales y de personas anónimas.

El híbrido entre programa de sucesos y corazón ya se ha ido asentando, a pesar de que no todos han tenido la misma trayectoria. Unos han acabado antes de tiempo, otros han durado demasiado, pero todos -o casi todos- se han centrado en desgracias y penurias que afectan a personas anónimas, de la calle, desprotegidas la mayor parte. No queréis morbo sobre los famosos, pues toma morbo sobre vosotros mismos. A ver si aprendéis de una vez que esto es lo que hay.

Curiosa medicina la de los programadores y directores. Curiosas las iniciativas como esta: presentar casos reales de este tipo como películas que satisfacen el derecho a la información y de entretenimiento de unos telespectadores que, encima, dan cancha. Dejémonos de medias verdades: en España, lo que se ve es el morbo. No hay buenos ni malos. Pero si no se viera, no cabría meter en una cinta de cine la historia de la mendiga asesinada. Claro, que ya hay otros ejemplos, como la reciente recreación del asesinato de Rocío Vanninkof, ya emitida por La primera de TVE, o la que ahora mismo se produce sobre el caso Mari Luz.

Y, mientras tanto, seguimos con la oleada de programas de sucesos-debates-reportajes que siguen tirando del morbo para anunciar entrevistas que no se terminan de hacer o apelan a testigos que al final no aparecen. Sigamos así, esta es la televisión que se hace. Así podrían ser las cosas, y así nos apetece contárselas.

Vayamos al cine en verano

Permalink 22.08.08 @ 20:42:17. Archivado en Análisis y medios

Durante los últimos dos meses, he aprovechado el tiempo. Por un momento, a raíz de las noticias que llegaban sobre la crisis económica y algunos adivinos mediáticos, que no dudaban en augurar un verano atípico, pensé que sería difícil debido a la supuesta suspensión de las vacaciones que muchos harían. Nada más lejos de la realidad. He podido leer, escribir y ver cine con soltura, sin pelearme con nadie y sin aguantar colas interminables de aquellos que en teoría deberían haber estado en la playa. Decidí dedicar mi verano a los libros y al cine. Y no tengo reparo en decirlo, a pesar de que muchos piscineros y playeros no comprendan que alguien ocupe su tiempo en asuntos que no sean tumbarse al sol y dormir.

Leyendo, bien. Viendo cine, sospechoso y paradójico. Hoy dedicaré mi reflexión a aquellos que no ven cine minoritario porque "es demasiado especial y se aburre uno en seguida". Respeto la decisión de muchos de solo compran entradas para ver películas comerciales (casi siempre, con origen en Hollywood). Ahora quiero expresarme y reclamar lo que es nuestro. Las últimas semanas he visto dos películas, algo raro, pues en esta época del año no suele gustarme demasiado la oferta de las carteleras. Por un lado, Nevando voy (Maitena Muruzábal y Candela Figueira, 2008), un filme de bajo presupuesto y centrado en la condición humana. No se asusten: el sabor de boca termina por ser optimista. Por otro lado, elegí, con esperanza, Mamma Mia! (Phyllida Lloyd, 2008). Ya pueden imaginarlo: Meryl Streep estupenda, porque es una muy buena actriz, no porque la película, a mi modo de ver, sea precisamente buena. Me quedé sin palabras, pero es que no hacían falta, porque podía quedarme con el título para definirla en su esencia.

Nevando voy es una fábula urbana sobre las relaciones entre personas. Un joven aficionado a los coches, una madre de familia de mediana edad y una chica que odia estudiar cruzarán sus vidas con el jefe que velará por sus nóminas en una fábrica situada a las afueras de Pamplona. Cómo viven sus vidas privadas, las relaciones familiares, sus anhelos, sus miedos y la capacidad de mantener la esperanza cuando todo parece torcerse son asuntos que hacen a esta modesta (pero rica) producción un estreno digno de las mejores salas. Si a esto sumamos que las directoras son debutantes, solo encuentro más razones para comprar la entrada. La pena es que, por su naturaleza, no llegue a tantos exhibidores como debería y sería justo. Aunque, vistas las preferencias que denotan las cifras de taquilla en España -acostumbradas al superávit con títulos como Torrente o Mortadelo y Filemón-, no resulta difícil comprenderlo.

La comedia musical nunca ha sido un género que me atrayera especialmente. Pero es que Mamma Mia! no pertenece a ese género, sino al de híbridos entre la telenovela Yo soy Bea, High School Musical y un pretendido y no conseguido argumento central basado en el caso "quiero encontrar a mi veradero padre" de cualquier talk-show mañanero. Ni Streep, con una más que lograda actuación, salva la historia, qué le voy a hacer, tengo que decirlo. El filme entretiene por las canciones y alguna salida de tono de tal o cual personaje, pero es de las más fácilmente olvidables, esto es, película de verano en su más estricto sentido. Para colmo, la alargan al final con una actuación musical de los protagonistas que no viene a cuento para que no se note demasiado su carencia de argumento sólido. No al final, mejor dicho, tras los títulos de crédito.

Todas son películas, comparten cartel en los cines y la entrada, injustamente, cuesta lo mismo. Para no caer en la cuenta, creo que el verano que viene esperaré a septiembre para no equivocarme. Aunque nunca perderé la esperanza, de poder decir "vayamos al cine en verano".

El método Gonzo

Permalink 17.08.08 @ 01:45:35. Archivado en Análisis y medios

Se acabó. Creo que esta semana he visto confirmadas mis sospechas. A la sombra de los buenos datos de audiencia que viene cosechando El método Gonzo, programa por el que ha apostado Antena 3 desde principios del verano, podemos deducir que algo ha cambiado en televisión. Gonzo, rostro popular tras su labor como reportero en Caiga Quien Caiga, ha conseguido lo que otros han intentado durante las últimas temporadas y no han conseguido. No sé cuanto durará, lo que sí tengo claro es que me ha sorprendido. Y esto sí que es difícil en los tiempos que corren y en el ámbito que me ocupa.

Gonzo tiene mérito por varias y jugosas razones. Para empezar, ha traspasado con éxito la línea que separa al profesional reportero del profesional presentador. Más aún, cuando en el primer perfil agotaba a la semana apenas diez minutos y ahora, como rostro de cabecera, se encarga de un programa diario, de lunes a viernes y en directo. Contábamos con un ejemplo anterior en Cristian Gálvez, que también trabajó en Caiga Quien Caiga y desde hace unos meses conduce con soltura y amplio seguimiento de audiencia el concurso Pasapalabra. No obstante y visto el funcionamiento de este medio, Gonzo merece su reconocimiento personal y profesional. Por otro lado, este programa ha conseguido destacar como apuesta fuerte dedicándose a la actualidad y a la denuncia social de ciudadanos particulares que, libremente, se han querido acercar hasta la pequeña pantalla para reinvindicar lo que les corresponde. Ambicioso, cuando menos, pues lo que se estilaba hasta hace muy poco era el puro contenido rosa que muchos otros espacios han camuflado bajo el calificativo de "detalles de la actualidad". Está claro el dicho ese de que "quien no arriesga, no gana". Resulta alentador comprobar que todavía quedan personas concienciadas y que buscan ver en televisión temas que les tocan de cerca y que posiblemente tengan un calado más profundo.

Pero los méritos que de verdad merecen un capítulo aparte son dos. La capacidad de hacer funcionar en horario de tarde un programa con formato de madrugada (técnicamente, late-night, al estilo de Buenafuente, Noche Hache o Esta noche cruzamos el Mississippi). Lógicamente, El método Gonzo no guarda los parámetros puros de este tipo de espacio, pero sí los justos para calificarlo de "experimento kamikaze". Quizá no sea la primera opción de entre las elegidas por la audiencia, pero eso no le resta importancia al asunto. Por cierto, el perfil sociológico (target, en comunicación) de los espectadores de un late-night nada tiene que ver con el de aquellos que sintonizan por las tardes, así que ya se pueden hacer una idea de por dónde van los tiros. El último mérito que yo, personalmente -e irónicamente- le atribuyo, es la capacidad que ha tenido Gonzo para hacer que su programa salga publicitado en La Sexta a través del programa Sé lo que hicistéis. Dos veces, en dos tertulias de actualidad sobre temas políticos y sociales, ha parado los pies a invitados que intentaban desviar el debate -o no- hacia algún detalle de la vida privada de alguien. Con esa intención o sin ella, el presentador se ha metido en el bolsillo a sus casi competidores de la cadena de Pozuelo.

Quizá hable ahora y en poco tiempo tenga que callar para siempre. Espero que no, porque El método Gonzo es un buen programa que todos estamos llamados a disfrutar, sea cual sea nuestro contenido preferido.

Periodismo 0.0

Permalink 12.08.08 @ 18:17:21. Archivado en Análisis y medios

Resulta curioso advertir cómo muchas veces los que menos saben son los que más se dejan arrastrar por las modas y modos de ejercer su profesión. No cualesquiera, sino aquellos que se han diversificado. Me refiero con esto a la estupendísima forma que desde hace unos años han adoptado algunos periodistas a la hora de llevar a cabo su tarea, esto es, informar, comunicar, ganar dinero, mentir –incluso- o asistir a numerosas fiestas. Sí, señores, aunque no lo crean, hoy toca autocrítica: voy a repasar un par de hechos que han aparecido en la televisión estos días, ¡y no saben la osadía que cometo siendo periodista! ¡Quién les iba a decir que alguien de este gremio iba a examinarse! Y es que ya sabemos todos que, por lo visto, otra de las modas es defender lo bueno y lo malo a rajatabla y nunca pararse a pensar. Valga como ejemplo el asunto Telma Ortiz: la mayoría de medios de comunicación (o sus portavoces) se empeñaban en decir que las medidas cautelares solicitadas por la hermanísima eran un atentado contra la profesión. Pero, curiosamente, nunca se pararon a valorar que muchos profesionales –periodistas, fotógrafos, contertulios- la han estado persiguiendo las veinticuatro horas del día –y sin exagerar- durante sus meses de embarazo. Tampoco opinan acerca de la persecución que sufrió la Infanta Elena tras separarse del Duque de Lugo. ¡Nadie ha dicho una palabra sobre la presencia de los periodistas y reporteros en la puerta del colegio de sus hijos, que estuvieron casi dos meses, día si, día también, y a la misma hora! Nadie.

No me parece de recibo alegar que “estos personajes ya saben lo que hay” o “son personas públicas y tienen que tragar” y tan suculentas y manidas excusas. No. Ya está bien de autojustificarnos a nosotros mismos, solo pido un poco de reflexión ante lo que estamos haciendo. Una simple pregunta: ¿realmente hay que buscar buenos y malos? Dos, mejor que una: ¿hay que esperar a que una mujer demande ante un juzgado para replantearnos nuestras rutinas de trabajo?

El segundo ejemplo viene a colación a raíz de la boda de Leticia Jiménez-Arnau, hija del periodista de nombre Jimmy y de Merry Martínez Bordiú, nieta de Francisco Franco. La ceremonia se celebró en el Pazo de Meirás, que fue entregado a Franco en su momento y hoy en día parece que tiene todas las papeletas para ser devuelto al pueblo gallego. Un programa de televisión sacó de su plató a una de las colaboradoras y la mandó, micrófono en mano, a una fiesta. La periodista, mostrando su mejor sentido de la objetividad periodística, preguntó a Carmen Franco, hija del generalísimo: “¿No está harta de que esos pelmazos sigan pensando en expropiarles el Pazo?”. Y lo coronó con otra frase: “Todo el mundo cree que es una medida disparatada”. No pude creerlo. ¡Y eso que la mujer en cuestión no tiene precisamente diecinueve años y sigue estudiando! Emplear la palabra “pelmazo” en una pregunta denota una falta de diligencia profesional digna de ser analizada. ¿Dónde quedó la imparcialidad? Pero es que, para colmo, redirige la pregunta empleando el sujeto “todo el mundo”. ¿Y a mí quién me ha preguntado? Por si la respuesta no era la que ella quería escuchar –y grabar-, encima le estampa en la cara unos datos estadísticos que ella misma ha elaborado en su mente. En su mente y, por cierto, en ese mismo momento.

Algunos me dirán que soy muy crítico, que por edad no tengo derecho a opinar o que, simplemente, resulto molestamente idealista. Seré todas esas cosas, pero al menos he tomado la vía de pensar sobre lo que realmente importa, a saber, el rumbo de una profesión que, pese a lo que veo y no me gusta, adoro.

Jiménez Arbe y los juicios en directo

Permalink 02.08.08 @ 13:19:44. Archivado en Análisis y medios

A estas alturas nadie rebusca, entre las caras que recuerda, la de un nombre: Jaime Jiménez Arbe, apodado “el solitario”, por el modo en que este presunto delincuente cometió sus atracos y asesinatos. La semana pasada la Audiencia Provincial de Navarra fue testigo del juicio contra el que posiblemente sea el criminal más buscado de los últimos años. “El solitario” se enfrentaba a la justicia tras la acusación de haber matado a dos guardias civiles en la Comunidad Foral. Entre escenas de dolor de algunos familiares de sus víctimas y un intento de agresión ante la más cínica impasibilidad, todos pudimos contemplar cómo se desarrolló la vista a tiempo completo. Todos y gracias a una cámara de televisión. Sí, solo una.

Cerrado el debate entre juristas y periodistas sobre si es lícito o no que las televisiones ocupen su espacio en el interior de los juzgados, en este caso hemos visto compensados los dos derechos: el que tienen los declarantes a su intimidad, honor y propia imagen; y el que tenemos todos los ciudadanos a la información. Todos, digo, todos, derechos fundamentales recogidos en la Constitución Española. ¿Cómo?, se preguntarán. Con el empleo de una señal institucional, es decir, una retransmisión o grabación mediante una sola cámara de televisión situada estratégicamente y de forma discreta. Imágenes que luego son distribuidas entre los medios de comunicación que las soliciten y quieran incorporarlas a sus videotecas. Así, su presencia no intimida a los implicados y todos podemos seguirlo y estar plenamente informados de su desarrollo minuto a minuto.

Teniendo en cuenta que se celebra en audiencia pública, esto es, con asistencia libre de público y a la vista de todos, la grabación no es ilícita puesto que no se ven igualmente vulnerados los derechos del acusado y los llamados a declarar. No obstante, esta premisa de partida puede influir de la misma manera en las palabras de los protagonistas, pero no de un modo parecido al que suscitaría la situación de estar frente a nueve cámaras. Y digo un número así por ser optimista. Más de cien periodistas solicitaron su acreditación.

Pese a todo, creo que el principal debate entre los profesionales de uno y otro campo es si la presencia de cámaras puede o no entorpecer el desarrollo normal del juicio, en general, y las declaraciones, en particular. Lo que debemos tener presente es que una medida como la adoptada en este caso deja tranquilas a las dos partes. Y que “el solitario”, por supuesto, ya tendrá otro debate en mente. O no.

Lalola, en la ola, y LaBea, más fea

Permalink 02.08.08 @ 13:09:32. Archivado en Análisis y medios

Nos despreocupamos y dejamos de pensar en las implicaciones de nuestras vidas. El calor nos quita el hambre -o nos lo incrementa hasta límites insospechados-, evita que durmamos más de seis o siete horas por las noches y consigue que nuestra piel enrojezca o se queme. Una de las pocas facetas que sobreviven al período estival-vacacional es la ociosa. Y, más concretamente, el tiempo dedicado a ver la televisión. Pero la pregunta que yo me planteo, visto el trajín de programas, horarios, idas y venidas de contenidos de los últimos días, es: ¿qué hay en la tele? Y me he respondido yo mismo: Nada. O, en el mejor de los casos, algún canal de noticias 24 horas que por lo menos me permite informarme. A veces, ni eso. Este mes de julio ha habido dos noticias estrella: la desaceleración-barra-crisis económica y dos paradojas televisivas. La primera, el arrebato que ha perpetrado Antena 3 contra su principal contrincante, Telecinco. ¿O debería decir "la cadena de Fuencarral"? El caso es que Lalola, esa telenovela que empezó en prime time un domingo y que se está más que consolidando en la sobremesa de "la cadena de San Sebastián de Los Reyes", ha conseguido tirar por tierra los esquemas de éxito que hasta ahora manejaba el señor Vasile. Y es que el término del machacón A tu lado fue el principio del fin. Después, vino el verdadero fin, el más mediático, de un histórico, Aquí hay tomate, fenómeno que terminó de desbaratar la regular audiencia que Telecinco venía cosechando los últimos años en su franja de tarde. Para colmo, el final personajístico de Yo soy Bea y el alargamiento de lo inalargable con una nueva protagonista no está dando los resultados esperados. Con este panorama, un programa de "busco pareja" de por medio y una fallida doble ración de magacín después de Hilario Pino, Lalola ha visto una vía libre más que aprovechable. Y claro, la jugada ha salido más que bien: mientras Antena 3 apuesta por esta telenovela, otra extranjera, un método que no va del todo mal y su particular Diario de Juan y Medio -yo lo llamaría Diario de Media Tarde, porque cambia de presentador que da gusto-, Telecinco no oculta su desesperación y rediseña cada dos días el orden de sus programas de tarde. Veremos cómo Nuestra Señora de la Tele acaba el verano, lo que está claro es que ha empezado, presuntamente, probando y probando. La segunda paradoja tiene que ver con "la cadena de Pozuelo", léase La Sexta. Ahora me da la gana a mí de nombrarla. La emisora más joven tiene que hacer frente a dos expedientes sancionadores que le ha impuesto el Ministerio de Industria. Por lo visto, varios ciudadanos particulares denunciaron ante el Consell de l'Audiovisual de Catalunya que la serie Padre de Familia y el programa Sé lo que hicistéis no cumplían con la norma de no emitir contenidos para adultos en horario protegido -es decir, en la sobremesa-. Ahora, el Gobierno ha tomado medidas y La Sexta deberá responder ante dicha serie -con ver un capítulo basta para darse cuenta de que no es un programa infantil- y ante el popular programa, que emitió un vídeo en el que se recreaba una felación. Parece que la pretensión de este canal de cumplir religiosamente -o deontológicamente- los criterios de programación se les ha vuelto en contra tras hacer justo lo contrario. ¿Festejará Patricia Conde esta noticia como festejó su programa el final del "Tomate"? Tengo claro lo que haré este verano. Ahora solo estoy ansioso por ver las propuestas que las cadenas nacionales están preparando para la próxima temporada. Aunque me temo que vendrá más de lo mismo. Por lo pronto, ya se habla de un tal Gran Hermano 10 y me temo que no es el primero que repite. Aunque, sinceramente, con esto ya tenemos bastante.

Hablando de entrevistar...

Permalink 02.08.08 @ 13:06:24. Archivado en Análisis y medios

Durante el verano siempre hay más tiempo para pensar. Y si no, psicológicamente nos lo hacemos creer a nosotros mismos. Primero, porque son fechas relajadas en cuanto a trabajo. Segundo y último, porque simplemente "es verano" y se acepta. Yo he pensado. La inauguración de los dos festivales musicales más importantes de España, FIB Heineken y Summercase, han dejado motivos más que suficientes para la reflexión profesional sobre cómo redactamos las entrevistas. Muchos grupos han promocionado sus discos, giras y, en última instancia, los conciertos de estos días a través del género periodístico por excelencia. Así, nos encontramos con ejemplos de titulares como:

- Oasis: "Con lo que cuesta producirlo, no regalaremos nuestro próximo disco" (Los40.com).
- LODVG (La oreja de Van Gogh), a sus fans: "Gracias, vosotros hacéis a la Oreja ser lo que es" (20minutos.es).
- The Rumble Strips: "No nos vemos como una moda pasajera" (20minutos.es).
- The Original Blues Brother Band: "Lo nuestro es una catársis" (20minutos.es).

¿Alguna sorpresa? Los que leáis este texto desde vuestra casa, con el objetivo de ojear la prensa o simplemente entreteneros un rato, no advertiréis el enorme error de redacción que han cometido los periodistas. Y es que a mí me enseñaron que nunca, repito, nunca el sujeto de una entrevista debe ser colectivo. Quien habla es una persona y, como tal, debemos ponerlo para ser justos con al realidad. Escribir ejemplos como los anteriores supone dar por hecho que los cinco componentes de La Oreja de Van Gogh han pronunciado esas palabras al mismo tiempo. Y eso, obviamente, es imposible. Sería más correcto redactar algo así como "Leire Martínez, vocalista de LODVG, a sus fans...".

Para el ciudadano que lee la prensa es fácilmente reconocible e identificable el nombre del grupo en relación a unas declaraciones. Resulta cómodo. Pero nosotros, como profesionales, no somos del todo correctos y nuestra calidad de información se resiente.

He mencionado los textos anteriores en relación a los festivales de música porque en estos días se multiplican al ser muchas las formaciones que visitan nuestro país, pero los ejemplos se repiten a diario y en todos los tipos de información. Un último ejemplo, de ADN.es:

- PNV: "El objetivo de los partidos debe ser sacar a ETA de nuestras vidas".

Haced la prueba, salen cada día. ¿Quién da más?

(La fotografía pertenece a la página web del ente autonómico EITB)

Los fusilamientos de la ortografía

Permalink 02.05.08 @ 19:31:17. Archivado en Análisis y medios

Hoy es día dos de mayo y los madrileños celebran el bicentenario de la célebre batalla recogida en el también célebre cuadro de Francisco de Goya: Los fusilamientos del 2 y 3 de mayo. Pero hoy, mientras unos están de viaje y otros trabajan, yo quiero hablar de otro tipo de fusilamientos: los que la televisión comete contra la ortografía española y las reglas de puntuación. Esta semana, en menos de diez horas de programación, durante el día y en horario diurno, pude ver con sorpresa rótulos, en algunos programas, como estos:

-"El abogado de Andrés Pajares, sin poderse comunicar con su cliente. (¿Una coma entre sujeto y predicado?).

-"Emilia Zaballos, ex abogada de Andrés Pajares, las consecuencias legales del altercado del actor". (Sujeto que ni siente ni padece y frases sin conexión lingüística).
-"Manu y Tania S. misma actuación, distintos resultados". (Ausencia de puntuación).
-"Pablo y su novia vis a vis en la academia". (¿Las comas? ¿Los puntos?).

-"Capi, lo que ocurría en las escandalosas fiestas que daba la duquesa roja". (Otro sujeto que no ejecuta ninguna acción y frases sin conexión lingüística).

Casi no me lo podía creer. La Real Academia de la Lengua había suprimido el uso de la coma en su reglamento y yo sin enterarme. Y lo que es peor: la coma, esta vez sí, situada donde no debe. ¿Desde cuando el sujeto y el verbo en una frase se separan con comas? Y lo que es peor: ¿desde cuándo un verbo, dentro de una frase, se construye con una preposición y un verbo reflexivo?
Por favor, estos son solo algunos ejemplos, pero evitemos descuidar el lenguaje, lo más preciado que tenemos y nuestra herramienta primera de trabajo.

Repensar la información

Permalink 03.09.07 @ 17:04:18. Archivado en Análisis y medios

Resulta curiosa la forma en que muchas personas atacan a la prensa del corazón por morbosa sin apreciar que ese morbo también esté presente en otros tipos de información. Me remito al caso del programa Por la mañana, que presenta con éxito la veterana en las ondas televisivas Inés Ballester. A la vuelta de estas vacaciones, la presentadora se dispuso a establecer conexión con una de las reporteras, quien se encontraba en un lugar de la geografía española para hablar de un accidente de circulación en el que habían muerto cinco personas dentro de un mismo coche. La edición del programa estaba bien, pues tras una operación retorno como la del primero de septiembre siempre es relevante la información acerca de accidentes y estado de las carreteras españolas. La joven comienza a hablar, micrófono en mano, justo al lado del vehículo accidentado. Su estado era lamentable. Pero lo verdaderamente lamentable vino después, cuando la periodista comenzó a explicar en qué asiento viajaba cada herido y cuáles habían muerto antes y cuáles después del choque. La guinda del pastel la puso una frase: “No me atrevo a levantar esto, Inés, porque aquí siguen esparcidos algunos trozos de cerebro y otras partes del cuerpo”. ¿Ha considerado este programa la posibilidad de repensar su libro de estilo? ¿Ha pensado la presentadora en hacer algo con la situación? Pero lo más importante es: ¿ha pensado la reportera en las familias de los fallecidos en el accidente del que tendría que haber informado con mucho más cuidado y sin hacer un favor al morbo? Pensar y pensamientos que esos que critican a la prensa del corazón deberían aplicar a este tipo de asuntos, de un calado mucho más importante y profundo que el último novio de Paris Hilton.

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