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Por un visor in fraganti

Permalink 18.12.08 @ 21:51:21. Archivado en Análisis y medios

El Tribunal Supremo acaba de dar la razón a una mujer que presentó un recurso poco después de que una periodista se colara en su consulta y la grabara con una cámara oculta. Según sus representantes, "se produjo una intromisión ilegítima en la esfera de la intimidad de la demandante, que afecta también a los demás derechos fundamentales mencionados en la demanda, y que dicha intromisión, en aplicación del principio de proporcionalidad de acuerdo con las circunstancias concurrentes, no está justificada por el ejercicio del derecho a comunicar libremente información".

A pesar de que la periodista, su productora y una televisión fueron absueltas en su día, ahora el recurso ha beneficiado a la naturista, quien fue acusada de intrusismo profesional, de ahí el sentido de grabarla in fraganti.

Dicho esto, me pregunto, ¿qué sucederá con otros programas que practican con sus cámaras ocultas y las emplean como un fin y no como lo que deberían ser, esto es, un medio? No creo que haya que hablar de buenos y malos, pero sí invito a todos a la reflexión. Desde mi punto de vista, creo que grabar unos hechos con cámara oculta debe servir para conseguir un bien, más o menos común, o que en algún sentido beneficie a la parte desfavorecida dentro de un conflicto.

Lo que no concibo es que se emplee como un fin en sí misma, como se ha aprovechado en algunos programas del corazón para supuestamente destapar asuntos serios. Sabemos todos que la identidad de la novia del futbolista tal o el color de la ropa interior de la modelo de turno siempre han sido temas de primer orden.

En estos momentos, en los que una televisión como Telecinco acaba de desembolsar casi quinientos mil euros en demandas perdidas, solo espero que periodistas y ciudadanos pensemos en común. La familia Aznar, Terelu Campos o Carmen Martínez Bordiú han ganado batallas legales intensas. La periodista que mencioné al principio ha perdido a favor de una persona que quizá dañe con sus servicios a otras, este caso no está todavía claro. Lo que queda patente es que algo está cambiando y que seguramente estos ejemplos sentarán las bases para lograr la autocrítica y el replanteamiento de nuestros modos de proceder.

Recordemos a Vetusta

Permalink 11.12.08 @ 00:30:30. Archivado en Opinión

La heroica ciudad dormía la siesta… Así comienza La regenta, obra cumbre de la literatura de Leopoldo Alas Clarín. La urbe a la que hace referencia esta celebrada personificación es Vetusta, lugar corrompido por la doble moral y las gentes hipócritas. Hoy la recuerdo especialmente al analizar los últimos hechos violentos ocurridos en algunas ciudades griegas.

Salgo a la calle y me dicen que la policía asesinó a un adolescente en la tierra de los héroes, los mitos y los panteones politeístas. Que el primer informe de balística ha dejado claro que la bala rebotó antes de impactar en su corazón. Que el juez ha dictado prisión preventiva para los dos agentes implicados en la muerte del joven Alexandros Grigoropoulos. Que resuena la expresión “homicidio intencionado”. Y entre toda esta tela de araña de informaciones confusas y que piden urgentemente una investigación exhaustiva, me cuentan que también han surgido los altercados en la calle.

Y después de varios días de balas, pelotazos, sangre, puños cerrados y mucha “hombría”, esos incidentes han llegado hasta nuestro país. La policía ha detenido esta noche a varios jóvenes en Madrid y Barcelona. Entre manifestaciones antisistema y gritos de apoyo al joven asesinado, de nuevo los disturbios se han dejado notar en el centro de estas grandes ciudades.

Mientras la solidaridad hace acto de presencia y, aún con todo, se siguen perdiendo las formas, los agentes tienen su merecido y las instancias políticas griegas nos vuelven a dejar un ejemplo de humanidad, diplomacia y pretensiones de “arreglar” la situación. El primer ministro, Costas Karamanlis, del partido conservador, instó a la población a la calma y persuadió a la oposición y sindicatos para trabajar en común sobre esta crisis. Pero los representantes de la izquierda y los sindicalistas se apresuraron pronto a negar el consenso y, lejos de preocuparse por los verdaderos problemas, aprovecharon la situación para pedir la dimisión del equipo de gobierno. Intereses, demagogia, más intereses, tremenda familiaridad.

Puede que el pueblo sienta resquemor o haya perdido la confianza en sus dirigentes, pero considero crucial en estos momentos llegar a un acuerdo. Cuando las calles se llenan de fuego y sangre, queda patente cuál es la cuestión urgentemente vital. Y ni las muestras de fuerza ni los oportunismos demagógicos son, una vez más, las medidas contra la violencia. Atenas y el resto de ciudades griegas son reales, sumidas en la desgracia de un asesinato y una enorme respuesta liderada por la fuerza. Vetusta, por suerte, seguirá siendo ficción.

Recordemos a Vetusta

Permalink 11.12.08 @ 00:29:55. Archivado en Opinión

La heroica ciudad dormía la siesta… Así comienza La regenta, obra cumbre de la literatura de Leopoldo Alas Clarín. La urbe a la que hace referencia esta celebrada personificación es Vetusta, lugar corrompido por la doble moral y las gentes hipócritas. Hoy la recuerdo especialmente al analizar los últimos hechos violentos ocurridos en algunas ciudades griegas.

Salgo a la calle y me dicen que la policía asesinó a un adolescente en la tierra de los héroes, los mitos y los panteones politeístas. Que el primer informe de balística ha dejado claro que la bala rebotó antes de impactar en su corazón. Que el juez ha dictado prisión preventiva para los dos agentes implicados en la muerte del joven Alexandros Grigoropoulos. Que resuena la expresión “homicidio intencionado”. Y entre toda esta tela de araña de informaciones confusas y que piden urgentemente una investigación exhaustiva, me cuentan que también han surgido los altercados en la calle.

Y después de varios días de balas, pelotazos, sangre, puños cerrados y mucha “hombría”, esos incidentes han llegado hasta nuestro país. La policía ha detenido esta noche a varios jóvenes en Madrid y Barcelona. Entre manifestaciones antisistema y gritos de apoyo al joven asesinado, de nuevo los disturbios se han dejado notar en el centro de estas grandes ciudades.

Mientras la solidaridad hace acto de presencia y, aún con todo, se siguen perdiendo las formas, los agentes tienen su merecido y las instancias políticas griegas nos vuelven a dejar un ejemplo de humanidad, diplomacia y pretensiones de “arreglar” la situación. El primer ministro, Costas Karamanlis, del partido conservador, instó a la población a la calma y persuadió a la oposición y sindicatos para trabajar en común sobre esta crisis. Pero los representantes de la izquierda y los sindicalistas se apresuraron pronto a negar el consenso y, lejos de preocuparse por los verdaderos problemas, aprovecharon la situación para pedir la dimisión del equipo de gobierno. Intereses, demagogia, más intereses, tremenda familiaridad.

Puede que el pueblo sienta resquemor o haya perdido la confianza en sus dirigentes, pero considero crucial en estos momentos llegar a un acuerdo. Cuando las calles se llenan de fuego y sangre, queda patente cuál es la cuestión urgentemente vital. Y ni las muestras de fuerza ni los oportunismos demagógicos son, una vez más, las medidas contra la violencia. Atenas y el resto de ciudades griegas son reales, sumidas en la desgracia de un asesinato y una enorme respuesta liderada por la fuerza. Vetusta, por suerte, seguirá siendo ficción.

Frío helado, Navidad inminente

Permalink 09.12.08 @ 21:00:07. Archivado en Opinión

La Navidad ya ha hecho acto de presencia. Pero no voy a dedicar este trozo de página a redundar sobre lo de siempre. Comienza la Navidad más paradójica y banal de cuantas recuerdo. Los parques, las calles, las marquesinas, algunas ventanas de los domicilios de mi ciudad dejan asomar bombillas de colores, muñecos de Papá Noel y guirnaldas a prueba de lluvia, nieve y frío helador.

El hielo ha llegado pronto este año, muy en consonancia con, precisamente, lo que nos hace falta. El informativo de mediodía decía hoy que el fenómeno indigente se acentuará el año que viene y se empezará a notar ya este mes. Pero ya se ha notado, creo yo. Y ese frío helador del que hablaba no tiene piedad en este preciso minuto de la película.

Los anuncios de la tele se llenan de banalidades y muchas empresas queman munición a pleno pulmón para crear esas necesidades innecesarias de última hora. Todo mientras la crisis económica sigue dejando en la calle a familias enteras. Que nadie me descalifique cuando digo que hablar de cestas de Navidad, este año, es especialmente inoportuno, terriblemente cruel. Pero, como siempre, se habla. La gente habla, los medios hablan, las empresas hablan. Nadie está a salvo.

Alcanzar un punto de reflexión en común. Saber que seguimos dejando de lado las verdaderas necesidades para ir a lo nuestro, sin importarnos lo que sucede en ojo ajeno. Ser conscientes de la situación, reducir excesos… Son tantas las pautas a seguir y los pensamientos, que vuelan más alto y por encima del resto, que no queda demasiado espacio para pensar en la conjunción Navidad-derroche.

Otras cosas deberíamos derrochar, pero no en Navidad ni fuera de ella, sino todos los días del año.

Volvemos al terror

Permalink 04.12.08 @ 16:55:51. Archivado en Opinión

Escribo estas líneas mientras de fondo escucho la última hora sobre una noticia que ayer volvió a estremecer a España y, muy especialmente, a los ciudadanos del País Vasco y Navarra. La banda terrorista ETA volvió a asesinar, como antes, a un trabajador de sus tierras; a un ciudadano que ha paseado sin temor por las calles de su pueblo, Azpeitia; a un ser humano, en definitiva.

Apenas veinticuatro horas después del fatal suceso, ya ha comenzado la investigación y el presidente del gobierno, José Luis Rodríguez Zapatrero, y Mariano Rajoy hanacudido al velatorio para compartir estos momentos con la familia del empresario. La rutina sigue siendo la de siempre. La pena es que resulte eso, una rutina que llevamos arrastrando ya unas cuantas décadas. A dos días de celebrar el treinta aniversario de nuestra Constitución, este país sigue sufriendo el terrorismo, asignatura pendiente desde su aprobación. Y todos seguimos preguntándonos… hasta cuándo.

Condeno y me sumo al sentimiento de la familia Uría, ni que decir tiene, desde mi humilde posición. Quizá estos conceptos sigan sin estar del todo claros para el lehendakari, Juan José Ibarretxe, quien ayer pronunció un discurso que tenía de repulsa poco más que la simple palabra. Soy joven, nací en democracia, pero eso no me impide sentir perplejidad al escuchar de su boca frases como “ETA ha matado a un hombre que fue más bueno que un pan”. Las palabras se las lleva el viento, de todos es sabido. Pero los responsables y muchos de quienes tendrían en su mano alcanzar acuerdos y reducir estos hechos siguen arrojando palabras y más palabras. Y todos sabemos lo que eso significa. Ignacio Uría era bueno, no lo digo yo, lo dicen sus allegados y su familia, quienes realmente le conocían. Pero en un discurso del calibre de un representante público como el lehendakari quizá asuntos como éste se deberían sobreentender y apuntar lo que realmente pedimos los ciudadanos: soluciones, caminos de paz, progreso.

Considero deleznable cualquier acto de violencia, más aún si se trata de un asesinato. Y no comprendo que estos sectores violentos no acepten el progreso de ver unidas sus tres capitales en apenas media hora. Uría se encargaba de una empresa que trata, con la mejor intención, de ofrecer un servicio de transportes mejorado. Las obras del Tren de Alta Velocidad llevaban un tiempo iniciadas y ahora parece que la respuesta a la detención del jefe militar de ETA, Txeroki, ha sido el crimen contra uno de los empresarios que colaboraba con la causa. Parece que Euskadi debe ser Euskadi solo, con fronteras bien delimitadas y sin que no exista flujo de personas, animales ni cosas. Una postura muy inteligente, por cierto. Es mejor cerrarse en banda y no abrir los ojos a nada ni a nadie. Aprendieron bien la lección aquella que establece al hombre como ser autosuficiente. Para un nacionalismo siempre será un peligro ampliar las fronteras del territorio que defienda, eso no es noticia nueva. Los terroristas, por otro lado, no han preguntado a sus ciudadanos qué ideas tienen. Tampoco han preguntado a la hora de emplear servicios que vienen de fuera y que les han sido dados con toda la buena intención. Los han buscado y aceptado, muchas veces, casi sin mirar.

Tal día como hoy vuelven a resonar en mi mente palabras como violencia, cobardía, unión o cansancio. Ignacio siempre estará junto a nosotros. Lo importante ahora es seguir luchando por un clima de paz y dejarnos de monsergas y palabras. Ahora, una vez más, todos pedimos hechos. A todos, por cierto.

Hernán Zin: “La verdad está en las víctimas, en su historia. Quien hoy no quiera conocerla, carece de excusa”

Permalink 03.12.08 @ 00:13:59. Archivado en Análisis y medios

Viajero compulsivo, escritor y reportero convencido. Hernán Zin es, además de un audaz e intrépido periodista, un verdadero ejemplo de Humanidad, con hache mayúscula. Sus viajes por los cinco continentes le han llevado a observar, ayudar a las personas más desfavorecidas y narrar numerosas historias que ahora ya nadie puede olvidar. Durante los últimos quince años, Zin ha viajado por más de una docena de países, entre ellos, Afganistán, Palestina, Argelia o Nicaragua. Desde 2006 y como él dice, “se ha puesto el casco y las botas para sumergirse en las entrañas de la guerra”, cuyo fiel reflejo es su blog personal, Viaje a la guerra. Entre libros, reportajes y documentales, también ha tenido tiempo para firmar en medios de comunicación como la Cadena SER, Interviú, El Mundo, La Nación o RNE. Ahora sí, señor Zin, hablemos de sentimientos…

-Hasta hace muy poco, su destino fue Afganistán, pero ha viajado por África, Asia y América Latina dando luz a poblaciones muy necesitadas. ¿Cómo valora su experiencia hasta la fecha?

Me siento sumamente afortunado de poder hacer este trabajo, de haber vivido todas estas experiencias. Y no porque lo que haya visto o contado resultase grato. Al contrario, ojalá no existiese esta realidad. Ojalá la guerra, la pobreza, la explotación, fueran meras ficciones.

De algún modo siento que es un privilegio, al tiempo que una responsabilidad, poder escuchar a la gente y quizás, con un poco de suerte, poder ser amplificador de sus deseos, de su lucha y, no en pocas ocasiones, de la extraordinaria dignidad con la que se enfrentan al destino que les ha tocado.

Me refiero, por supuesto, a gente postergada, ultrajada, por las ambiciones del poder. Una familia que lo acaba de perder todo bajo las bombas en Gaza. Un chaval que trabaja catorce horas al día en un taller de la India.

La generosidad con que te hablan, con que se abren a ti, te muestra lo mejor de la condición humana, frente a lo otro, lo que está alrededor, lo peor, lo más mezquino. Y, de alguna forma, esto te enriquece, te abre los horizontes y te da como narrador un sentido que, al menos yo, considero sumamente valioso.

-¿Qué tiene Afganistán, aparte de ser uno de los centros conflictivos más importantes del mundo?

Es un país complejo, fascinante, que como narrador a uno lo subyuga, con tantas historias que contar, con tanto que aprender y compartir. Basta poner el espejo, la pluma, que las historias se suceden. Un terreno muy resbaladizo a la hora de sacar conclusiones, por lo que también exige un ejercicio de contención.

Al menos a mí me resulta imposible deslindarlo de su actual situación, ver más allá de los niños que trabajan, de las mujeres quemadas, de la violencia fratricida, de las mentiras y equivocaciones de Occidente, de la corrupción, del extremismo, de la guerra.

-Por su experiencia… le diré que me recuerda al maestro Kapuscinski.

Bueno, ¡¡¡esas son palabras mayores!!! Por ahora, con tratar de hacer narraciones lo más honestas y fidedignas posibles, junto a quienes carecen de altavoces para reivindicar sus derechos, sus necesidades, me contento. Como decía al principio, me siento muy afortunado. Más que una profesión, esto es un oficio. Y más que un oficio, una forma de vivir, que se disfruta y se sufre en el día a día, por lo que se aprende, por lo que se comparte, por todo lo que se recibe.

-Gracias a su libro Helado y patatas fritas y a un ambicioso documental sobre la pederastia en Camboya, las autoridades lograron detener a muchos implicados. ¿Cómo surgió la idea y qué experiencias recuerda de su investigación?

Caminaba por las calles de Phnom Penh, la capital de Camboya, cuando vi a un hombre -que luego sabría que era belga- que cogía a un niño muy pequeño de la calle y se lo llevaba a un hotel. Así comenzó todo. A raíz de seguir al belga di con otros pederastas: un francés, un austríaco, un italiano. El viaje, que inicialmente iba a durar una semana, se extendió a varios meses.

Recuerdo, ante todo, la conversación con un pederasta que torturaba a los niños y vendía sus fotos en Internet. Durante mucho tiempo tuve pesadillas, en especial mientras escribía Helado y patatas fritas. Y la conclusión que saco es que, si a un adulto como yo, el mero hecho de hablar con este hombre le causa semejante impacto, ¿qué efecto habrá tenido en sus víctimas?

-Se dice que ninguna guerra se parece a otra. Tras Palestina, Israel, Sudán, Argelia y otros tantos, ¿puede confirmarlo? Seguro que recuerda alguna experiencia humana con especial afectividad…

Cada conflicto es único, sin duda, como cada experiencia humana. Pero todos están unidos por intereses similares, económicos, de poder. Como dice Fisk, es el momento en que los políticos deciden que otros deben morir en pos de sus ambiciones.

¿Recuerdo que albergue con afecto? Cientos. Tantas veces me han recibido con generosidad, sin cuestionamientos, en casas, en hospitales, en entierros. Gente que había perdido a un ser querido, que había sufrido en carne propia los efectos de la violencia. Es algo que se valora, que se agradece. Y que, de algún modo, crea un vínculo entre el entrevistado y tú. Lo que te dice, sin decirlo es: “Cuenta mi historia, para que haya justicia, para que esto no se repita”.

-“Quiero conocer a fondo qué implica una guerra. Más allá de las balas, las muertes, los refugiados, todo lo que habitualmente vemos en televisión o lo que leemos en la prensa, deseo ponerme en la piel de quienes sufren sus terribles consecuencias”. Así comenzaba a escribir su blog, Viaje a la guerra. ¿Ha cumplido su objetivo? ¿Es cierto que la ciudadanía de los países desarrollados sigue teniendo una venda en los ojos?

En los dos años y medio que llevo escribiendo Viaje a la guerra, mi comprensión de lo que implican los conflictos armados, ha crecido exponencialmente, sin duda. La certeza de sus verdaderos intereses. Y el horror ante la maquinaria bélica, financiera y de grupos de presión que los alientan y sustentan. Un negocio monstruoso, infame, que cuesta creer cuán aceptado y extendido está, desde los fabricantes de armas con sus ferias, sus luchas por los fondos públicos, hasta las empresas militares privadas.

Con respecto al público occidental, creo que Irak le ha abierto los ojos sobre el significado real de una guerra. Hasta en EEUU parecen haber comprendido el mensaje. Ojalá sirva para poner fin a la violencia en Sudán, en Somalia, en Afganistán, en Palestina.

Se suele decir que la primera baja en la guerra es la verdad. No estoy de acuerdo. La verdad está en las víctimas, en su historia. Y hoy, con todos los recursos de comunicación que tenemos, quien no quiera conocerla carece de excusa.

-Como bien escribe, la esclavitud sexual sigue siendo una realidad alimentada hoy en día. ¿Qué vías, a su juicio, podrían existir para controlarla?

El factor principal pasa por la miseria. Sin pobreza, difícilmente cabría la explotación. Es la falta de recursos la que hace vulnerable a vastos sectores de la población mundial. Y, por supuesto, reducir la demanda, perseguirla. El que paga también es culpable, por más relativismo o excusas que se quieran esgrimir.

-Los suicidas palestinos también han centrado su atención. Comenta el caso de una joven, llamativo por cierto, pues la mayoría de los casos pertenecen a hombres. ¿Cómo es el trato con la familia de uno de ellos? ¿Qué impulsa a una joven a suicidarse en esas circunstancias?

En el caso que narré hace unos años, fue el asesinato de un amigo cercano lo que lo llevó a tomar la decisión de hacerlo. El joven en cuestión sentía que era una venganza, que era un sacrificio por su gente, una forma de llamar la atención sobre la situación de su pueblo. No entro en valoraciones. La familia me abrió las puertas de su casa porque de algún modo les había demostrado que iba a escuchar, sin prejuicios, sin los habituales maniqueísmos. Confío en contar la historia, con todos sus matices, y que luego los lectores saquen sus conclusiones.

-¿Es constatable, desde su experiencia, que existe esa llamada “cultura del odio” en países en guerra?

La violencia se contagia y nos afecta de formas insospechadas. Inclusive a mí, que soy un mero testigo. Cuando entra en escena, de forma desatada, desenfadada, no podemos esperar más que se potencie, crezca y se multiplique. El círculo del odio. Por eso la violencia nunca puede ser un recurso para dirimir las disputas políticas o económicas.

-Un soldado israelí te cuenta que su modus operandi se basa en negar la realidad y tratar al palestino como un animal, utilizándolo, por ejemplo, para probar si un paquete requisado en plena calle es una bomba. ¿Qué siente al escuchar tales palabras?

Lo que me generó en su momento, y ahora, es una honda reflexión sobre las ocupaciones, sobre su lógica, que se da ahora en Palestina y que se dio en cada ocupación a lo largo de la historia.

Ver al otro como un objeto, despojarlo de su humanidad, humillarlo. Así es como funcionan. Así es cómo un poder foráneo mantiene el control sobre un territorio que no le pertenece, en este caso, Cisjordania, que según la ONU pertenece a los palestinos, aunque haya allí cientos de miles de colonos israelíes.

Sí marcó un punto de inflexión. Desde entonces, las noticias como la que apareció hoy en la prensa, el vídeo del disparo a sangre fría a un prisionero palestino, no me sorprenden. Es la lógica por la cual un ejército inferior numéricamente hablando controla a una población que lo supera en número.

Pero como en el caso del suicida palestino, al momento de escribir la crónica traté de escuchar sin prejuicios para dejar que el lector saque sus conclusiones. No hay diferencias en este sentido.

-¿Qué mentiras existen todavía en torno a la existencia y uso de las bombas de racimo en Líbano?

El uso de las bombas de racimo en Líbano fue admitido por los altos mandos israelíes apenas terminó la guerra de julio de 2006. No hay dudas al respecto. Son más de un millón. En dos ocasiones he acompañado a los artificieros que las desactivan, pues estaban desperdigadas por todo el país al sur del río Litani.

La gran mentira de esa guerra fue decir que no había otra opción. A los que abogamos por un intercambio de prisioneros con Hezbolá, el tiempo nos ha dado la razón. Finalmente, esta semana, Ehud Olmert lo ha hecho. Podría haberse ahorrado el millar de civiles libaneses muertos.

-James Miller quizá sea un nombre que pocos conozcan. ¿Qué resaltaría de su figura si tuviera cinco minutos para hablar sobre él en una clase de Periodismo?

Diría que era un reportero de primera, cuya muerte la profesión lamenta profundamente. Denunció desde la situación de la mujer en Afganistán hasta los abusos a civiles en Chechenia. Murió en Gaza, por el disparo de un soldado israelí, cuando caminaba por Rafah.

En lo personal, cuando estaba en la franja me hablaban a menudo de él. “Ten cuidado, recuerda lo que le pasó a James Miller”, me decían. De allí nació la sección Morir para contar, en la que intento homenajear a los compañeros que se quedaron en el camino.

-En uno de sus últimos textos, habla de cómo se vivió el 4 de julio (Día de la Independencia Americana) en Afganistán. ¿Cómo fue ver aquello?

La verdad, no con poca perplejidad. Y con cierto miedo, se disparaba tanto que temía que en algún momento algo pudiera salir mal. Pero también, comprendiendo el lugar y las circunstancias de los soldados. Como decía antes, intento no juzgar la realidad de quienes me rodean, simplemente reflejar su comportamiento.

Cuando se trata de políticos, de gente de poder, sí me siento con más derecho a mostrar mi opinión, mi decepción, mi enfado. Después de todo, son los que suelen meternos en todo esto. Aunque también los ciudadanos tenemos mucho que decir y en cierta medida no dejamos de ser cómplices.

-Entre libros y un blog que se actualiza con frecuencia usted está contribuyendo a darnos unas lecciones impactantes a los jóvenes periodistas. ¿Qué consejos le daría a quien quisiera investigar sobre estos asuntos?

No sé si estoy cualificado para dar lecciones. Pero bueno, si a alguien le pudiera interesar, le diría que siga adelante, que sea testarudo, que no se rinda, aunque al principio conseguir el dinero para financiar una viaje no sea sencillo, o colocar los reportajes.

Tarde o temprano, si el trabajo es honesto, encuentra su sitio. Todavía quedan editores sensatos, que creen en el periodismo y no sólo en el show de la información, en la noticia chatarra y en el refrito del refrito.

Y que no olviden la función social del periodismo. Ya los grandes intereses tienen recursos para hacer oír sus voces, que intenten fijarse en quienes no han tenido la misma suerte. Además, son los que más te enriquecen como persona, como narrador.

-Para terminar, ¿tiene algún proyecto o documental nuevo en mente que nos pueda adelantar?

Acabo de terminar un documental sobre la vida en diversos barrios de chabolas del mundo. Y ahora comienzo uno sobre la violación como arma de guerra. Por eso mi reciente viaje al Congo, Ruanda y Sudán.

En pocas palabras…

Un libro… Viaje al final de la noche, de Celine.

Un disco… Because of the Times, de Kings of Leon y First impressions of Earth de The Strokes.

Una película… Amarcord, de Fellini.

Un destino… mi casa en Madrid.

Un personaje histórico… todos los seres anónimos que han luchado por un mundo mejor.

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