Cuento tibetano para varias horas de viaje
06.08.08 @ 19:10:24. Archivado en Opinión
Llegó al aeropuerto de Barajas a primera hora de la mañana. No café, pero sí un zumo de frutas. Desayunó junto al resto de su equipo un par de horas antes de viajar hacia Beijing. Verónica es una verdadera deportista profesional. La vocación la domina, su mente completa cada operación. Atleta y dos veces campeona de España en su especialidad. Cuando la terminal comenzaba a llenarse de transeúntes, pagaron la cuenta y caminaron hasta la puerta de embarque, no sin antes repasar el escaparate de la papelería y llevarse un periódico.
Las azafatas terminaron de dar sus indicaciones. El motor resonaba con fuerza. Pequeños retazos de sol entraron por el cristal. Despegaron, repletos de ilusión, con ansia de vivir la experiencia, de representar a su país. Verónica no conocía Pekín y llevaba días pensando que era una oportunidad perfecta. El deporte, primero. El disfrute ocioso, después. Las prohibiciones, antes de despegar…
La portada del periódico recogía la noticia. Dada la precaria situación diplomática de aquel país, sus Juegos Olímpicos y el “Free for Tibet”, el presidente del Comité Olímpico Español, Alejandro Blanco, se había acercado hasta los competidores españoles para prohibirles expresamente hablar de asuntos políticos durante su estancia en territorio oriental. La otra información hablaba de la llegada de la llama olímpica, hecho que estuvo acompañado por las protestas de activistas defensores de los Derechos Humanos. Verónica pensó unos momentos. ¿Están las olimpíadas por encima de los derechos fundamentales?
La despertó una compañera. El sueño pudo con ella, pero quizá un tentempié mañanero saldaría así la deuda. Se re-desayunó de nuevo con su periódico y un inminente dolor de cabeza provocado por la presión. Esta vez, sección Ocio y Entretenimiento. Verónica compatibilizó su almuerzo frío con dos mujeres. Paris Hilton había puesto a caldo a Obama y McCain y se decía candidata perfecta a la presidencia de los Estados Unidos. Su baza era, palabras textuales, que “está buena”. Geri Halliwell, ex Spice Girl, respondía en una entrevista tras ser preguntada por su carrera musical: “Ver la película Sexo en Nueva York me hizo recordar la trayectoria del grupo”. Y, esta vez, Verónica volvió a reflexionar. Un mundo real con terribles síntomas de surrealismo. Una parte del mundo que lucha en vano por los Derechos inapelables de las personas y otro hemisferio que lucha con éxito por lo superficial.
Verónica agarró sus maletas, se puso a caminar y el periódico acabó perdido en alguna papelera del aeropuerto. Mientras, el gentío y la neblina contaminada comenzaba a envolver el lugar. El cuento tibetano había terminado.
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