
Hoy es día dos de mayo y los madrileños celebran el bicentenario de la célebre batalla recogida en el también célebre cuadro de Francisco de Goya: Los fusilamientos del 2 y 3 de mayo. Pero hoy, mientras unos están de viaje y otros trabajan, yo quiero hablar de otro tipo de fusilamientos: los que la televisión comete contra la ortografía española y las reglas de puntuación. Esta semana, en menos de diez horas de programación, durante el día y en horario diurno, pude ver con sorpresa rótulos, en algunos programas, como estos:
-"El abogado de Andrés Pajares, sin poderse comunicar con su cliente. (¿Una coma entre sujeto y predicado?).
-"Emilia Zaballos, ex abogada de Andrés Pajares, las consecuencias legales del altercado del actor". (Sujeto que ni siente ni padece y frases sin conexión lingüística).
-"Manu y Tania S. misma actuación, distintos resultados". (Ausencia de puntuación).
-"Pablo y su novia vis a vis en la academia". (¿Las comas? ¿Los puntos?).
-"Capi, lo que ocurría en las escandalosas fiestas que daba la duquesa roja". (Otro sujeto que no ejecuta ninguna acción y frases sin conexión lingüística).
Casi no me lo podía creer. La Real Academia de la Lengua había suprimido el uso de la coma en su reglamento y yo sin enterarme. Y lo que es peor: la coma, esta vez sí, situada donde no debe. ¿Desde cuando el sujeto y el verbo en una frase se separan con comas? Y lo que es peor: ¿desde cuándo un verbo, dentro de una frase, se construye con una preposición y un verbo reflexivo?
Por favor, estos son solo algunos ejemplos, pero evitemos descuidar el lenguaje, lo más preciado que tenemos y nuestra herramienta primera de trabajo.
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01.05.08 @ 20:46:16. Archivado en Opinión
El otro día estuve conversando con un padre de familia y salió en la conversación el tema de la paridad en el gobierno. Tras hablar de ministras, Berlusconi y demás personajes que han hecho aflorar la conducta machista, terminamos por hablar de las mujeres trabajadoras. Él me dijo que su mujer era de esas que se ocupaba de trabajar fuera de casa, dentro y de llevar y traer a los niños a todas partes. Él se limita, según me dijo, a trabajar fuera de casa y comprar el pan y el periódico los domingos. Yo le pregunté (y soy consciente de mi osadía): ¿por qué? Y él, primero se sobresaltó, pero más tarde me respondió: "Ya sabes... lo de siempre". Y yo hice mi particular reflexión días más tarde, que pasaba por el tema de la herencia y las diferencias entre generaciones. Entiendo que a nuestros abuelos ya no tiene sentido hacerles entrar en razón sobre asuntos de igualdad entre hombre y mujer, pero me parece una frivolidad tremenda que un padre de familia cuarentón reduzca su situación familiar a una cuestión de modas. Lo más cómodo es decir eso de "lo hemos heredado así" o "las cosas siempre han funcionado de esta forma", pero yo me pregunto: ¿dónde está el sentido común? Y no me refiero a ninguno relacionado con algo místico ni raro, sino al que puede plantearnos el dilema: los dos tenemos manos para fregar, para conducir un coche y llevar al colegio a los niños, para hacer las camas, para cocinar, para coger una escoba, para lavar, planchar y demás labores domésticas que, a estas alturas y en muchos casos, siguen incumbiendo solo a las madres, tanto amas de casa como heroínas (amas de casa y trabajadoras fuera del hogar). Todos heredamos, en eso consiste la existencia, pero a ver si vamos desempolvando ese sentido común para llegar a la conclusión de que tenemos las mismas facultades físicas para facilitar la convivencia en cada uno de nuestro hogares.
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Resulta curiosa la forma en que muchas personas atacan a la prensa del corazón por morbosa sin apreciar que ese morbo también esté presente en otros tipos de información. Me remito al caso del programa Por la mañana, que presenta con éxito la veterana en las ondas televisivas Inés Ballester. A la vuelta de estas vacaciones, la presentadora se dispuso a establecer conexión con una de las reporteras, quien se encontraba en un lugar de la geografía española para hablar de un accidente de circulación en el que habían muerto cinco personas dentro de un mismo coche. La edición del programa estaba bien, pues tras una operación retorno como la del primero de septiembre siempre es relevante la información acerca de accidentes y estado de las carreteras españolas. La joven comienza a hablar, micrófono en mano, justo al lado del vehículo accidentado. Su estado era lamentable. Pero lo verdaderamente lamentable vino después, cuando la periodista comenzó a explicar en qué asiento viajaba cada herido y cuáles habían muerto antes y cuáles después del choque. La guinda del pastel la puso una frase: “No me atrevo a levantar esto, Inés, porque aquí siguen esparcidos algunos trozos de cerebro y otras partes del cuerpo”. ¿Ha considerado este programa la posibilidad de repensar su libro de estilo? ¿Ha pensado la presentadora en hacer algo con la situación? Pero lo más importante es: ¿ha pensado la reportera en las familias de los fallecidos en el accidente del que tendría que haber informado con mucho más cuidado y sin hacer un favor al morbo? Pensar y pensamientos que esos que critican a la prensa del corazón deberían aplicar a este tipo de asuntos, de un calado mucho más importante y profundo que el último novio de Paris Hilton.
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02.09.07 @ 16:49:55. Archivado en Opinión
He visto Death Proof, la última película de Quentin Tarantino. Y me ha vuelto a sorprender su capacidad para incrementar las pulsaciones que, por minuto, los espectadores solemos experimentar mientras vemos sus filmes. Esta vez el homenaje al género de terror de los años sesenta y setenta, de serie B, ha resultado el blanco perfecto para el excéntrico director de maravillas como la doble Kill Bill o esa película de (merecido) culto que es Pulp Fiction. Tomando como referencia guiones como el de Carretera al infierno (Robert Harmon, 1986) o El diablo sobre ruedas (Steven Spielberg, 1971), Tarantino teje aquí una maraña, a modo de puzzle, en el que alterna situaciones sosegadas, plagadas de conversaciones irónicas y aparentemente superficiales con minutos de extrema violencia, rápidos, ágiles, de esos que no permiten al espectador levantarse de su butaca hasta leer los créditos. Todo ello salpicado con unos personajes nada estereotipados y un descubrimiento en el cine de género: Rosario Dawson, una todoterreno madre pija que sorprende por su interpretación hasta un punto que yo no creía posible. El mejor momento, el final, ya sabréis el motivo cuando os acerquéis al cine. Lo peor, que se mira demasiado el ombligo durante el metraje. La solución: ir a verla para desconectar con un filme entretenido, al más puro estilo Tarantino.
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Un sacerdote en Australia abusó de sus hijas menores para, según él, “enseñarles a ser buenas esposas”. Increíble, pero cierto. El hecho en sí ha conmocionado a la opinión pública de aquel país y poco a poco ha alcanzado cierta resonancia en el resto del mundo. Puede parecer una noticia más, de esas que por desgracia muchas veces tenemos que redactar y leer, pero creo que lo grave de la situación va más allá de la situación misma. ¿Es posible que un hombre que se presupone coherente con sus principios –y más aún con su condición de sacerdote- derroche tanta arrogancia y cinismo al declarar eso ante una autoridad judicial? La frase ha sido de lo más variopinta, me cito nuevamente: “enseñarles a ser buenas esposas”. Y la pregunta que siempre salta en mi mente como una ventana de spam: ¿cómo sabe él lo que es ser buena esposa si es un hombre? Ingenua cuestión, pues apenas caben los comentarios a tan burda e inverosímil excusa recitada a trompicones ante un juez y en presencia de otros letrados. Tampoco sabía yo, hasta hoy, que los padres deben acostarse con sus hijas para enseñarles educación sexual. Pero, por lo visto, ahora este sacerdote se ha vuelto progre y liberal por partida doble, pues lejos de ver con malos ojos la educación sexual en las aulas se ha posicionado a favor de enseñar a los hijos a practicar el sexo dentro de la misma cama. Y encima él hace referencia al hecho de pasar por la vicaría, como si solo el sexo importara a la hora de saber llevar con holgura un matrimonio y una vida en común con otra persona. ¡Lo que hay que ver! La realidad supera a la ficción, pero en este caso ha sobrepasado con creces todas las expectativas.
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Los responsables de la vitoreada y atacada portada de la revista El jueves, en la que salían los príncipes de Asturias en posición coital, sigue generando polémica y debates, pero esta vez el calado internacional ha sido el protagonista. El periódico The Times ha hablado de "desgaste de la figura del Rey", iniciando así la batalla y expandiendo una apreciación: los españoles ya no respetan ni aman a sus majestades. Por lo visto, ya no estamos tan contentos con esta institución. Próximo capítulo, de reciente estreno: los dibujantes de esa portada, finalmente, se sentarán en el banquillo. Mi pregunta es: ¿qué más les da a las autoridades que les quieran o no si, al fin y al cabo, van a seguir secuestrando cualquier ataque, por mínimo que sea, que recaiga en alguna figura real? Mejor aún: la vida no va a cambiar para sus majestades, van a seguir cumpliendo con sus agendas y veraneando de la misma forma durante sus vacaciones. ¿No es patente que los príncipes y las princesas también se acuestan para poder tener descendientes? No me posicionaré, porque no creo que sea mi papel a estas alturas, pero sí me gustaría ver que poco a poco estos temas se tratan con mayor naturalidad. No cuesta nada y la forma de engendrar un hijo ya debería haberse convertido en algo espontáneo y libre de tabúes. La portada y el contencioso seguirán su curso. La libertad de expresión, lo seguirá intentando. Nos vemos en el próximo capítulo.
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Parece mentira, en los tiempos que corren, que todos seamos tan sinceros y tan doblemente morales al mismo tiempo. Y es que en la última semana varios fallecimientos han conmovido a la opinión pública y a los lectores de prensa, quienes hemos visto perplejos cómo Francisco Umbral, quien no dudo que sea buen columnista, se ha convertido casi en un mártir mediático. Todo, gracias a todas aquellas reacciones que amigos, conocidos y otros que solo después de muerto han afirmado ser sus amigos. Sigue siendo, hoy día, la tónica general: hay que morirse para caer bien a la gente. Más claro, agua, como se suele decir. He comprobado, durante estas jornadas de trabajo a pie de calle y micrófono en mano, que muchos han elogiado de forma desmesurada al columnista con frases eufemísticas como "era un provocador nato, como los buenos escritores" o "transgredió el orden establecido de una forma elegante y brillante". Junto a estas, otras frases mucho más sinceras y menos recargadas también le rindieron ese homenaje verbal que políticos y personalidades del mundo de la cultura quisieron hacer llegar a través de los medios. No dudo que fuera un gran periodista y escritor, innovador y, si apuramos, hasta visionario en algunos aspectos. Pero no entiendo cómo una mujer lo pudo ensalzar hace dos días después del trato que muchas veces él dio al género femenino en sus columnas. Yo lo leía, unas veces me gustaba mucho, otras no tanto. Y me reafirmo al decir que ha sido muy importante en el mundo de las letras. Pero, por favor, seamos sinceros y honestos. No caigamos en la hipocresía de vitorearle cuando previamente, por la condición de vitalidad, le hemos atacado. Y no lo digo por personas de la calle, sino por nombres y apellidos que dejaron patente esta semana esa doble moral de la que hablaba.
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29.08.07 @ 01:57:44. Archivado en Opinión
Leo en la prensa extranjera que la semana pasada once menores fueron detenidos en Argentina por consumir grandes cantidades de alcohol en plena calle. Uno de tantos titulares que últimamente se podrían emplear como plantilla tras sustituir a última hora el lugar donde ocurren tales hechos. Esta misma semana me acerqué a una ciudad madrileña para cubrir determinado festejo autorizado para todos los públicos. Padres, madres, abuelos, niños y adolescentes en plena ebullición fiestera bajo el sol insoportable de un agosto templado. Un par de agentes se acercaron a un grupo de jóvenes para solicitar sus documentos de identidad y comprobar así que podían ingerir las cantidades de alcohol que hasta el momento manejaban. Cuál es mi sopresa al ver que muchos padres, situados más lejos, abuchearon a los agentes alegando que "estamos en fiestas, que se vayan a fastidiar a otro sitio". Perplejo, como poco. ¿Justifica una fiesta esas enormes borracheras que muchos menores agarran en plena calle o en medio de un festín veraniego? Esta pregunta se la dirijo especialmente a esos adultos de los que hablo, que seguramente no serían los padres de los jovenzuelos a los que la policía intentó "aguar la fiesta" o, más bien, desalcoholizarla. Si por un lado, desde instituciones públicas y desde las propias familias se lucha porque los adolescentes no consuman alcohol y, por otro, se justifica este hecho por unas simples fiestas de verano, poco hay que hacer por su salud. En estos tiempos, en los que drogas y grados tanto preocupan a padres y educadores, deberíamos ser mucho más conscientes de este tipo de anécdotas, irónicas y paradójicas, pues luego serán esos padres que arremetían contra las autoridades quienes igualmente arremetan contra sus hijos los fines de semana que beban y no haya fiesta especial de ningún tipo que justifique la melopea prolongada hasta el domingo a media tarde. El que quiera entender, que entienda.
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11.07.07 @ 11:10:19. Archivado en Opinión
Resulta increíble descubrir hasta dónde pueden llegar los políticos catalanes para lograrse una buena publicidad gratuita. No me refiero al soborno y ni a ninguna otra práctica deliberada que tanto gustan. Esta vez el punto de inflexión y discordia ha sido un director de cine, Woody Allen, que ya hace unos días se encuentra en Barcelona rodando su próxima película. Según lo que ha salido publicado, gobierno y oposición se han metido literalmente en un juego de niños, en esa extraña práctica del “yo no he sido, has sido tú”. El equipo de gobierno ha acusado a la oposición de querer fotografiarse junto al director y conseguir, así, mayor protagonismo público. Hasta “provincianos” ha llamado el opositor a los gobernantes. Toda esta poli-novela me hace sospechar que ya ni siquiera el cine –y por ende, la cultura- se libra de la batalla por el escaño, el consistorio o la maldita bandera. Tenemos la suerte de contar con uno de los grandes genios del cine contemporáneo, de compartir calle con Penélope Cruz y Scarlett Johansson, de promocionar la ciudad condal mundialmente. Y lo estropean creando en torno al rodaje una lucha de partidos, sí señor. Yo, ante todo esto, solo puedo decir: señores políticos, Woody Allen no necesita tanta publicidad y, si la necesita, ya la conseguirá él mismo.
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Entre Hong Kong, Nueva York, Panamá y medios como El País o The Wall Street Journal Americas, la periodista Miren Gutiérrez ha logrado convertirse en una verdadera todoterreno. Actualmente, ejerce de editora jefe de la agencia IPS en Roma. Estos días presenta en varios escenarios su primera novela, La ciudad de las cigarras, que cuenta con Marc Harris, el mayor blanqueador de dinero del Caribe, y con la historia de una gran estafa que Amaia Luna y su grupo de periodistas deberán investigar. La historia ha surgido de la propia investigación que la periodista desarrolló durante sus años de trabajo en el diario panameño La prensa.
¿Eres de las que piensa que todo periodismo debe ser de investigación?
No existe el periodismo sin investigación; lo demás es propaganda, relaciones públicas, publicidad. Pero es verdad que existe una especialidad conocida como periodismo de investigación. Éste implica una investigación dirigida a revelar información relevante que un poderoso –ya sea un gobierno o una organización de cualquier tipo— quiere mantener secreta. Este tipo de periodismo es obviamente más arduo y difícil.
¿Cómo valoras el ejercicio de la profesión en Italia y qué diferencias aprecias con respecto al español?
En Italia existe buen periodismo. Se puede destacar, por ejemplo, el trabajo de investigación de la revista L´Espresso, con periodistas como Leo Sisti, que han destapado asuntos de corrupción, terrorismo y crimen organizado. Hay periodistas valientes que están publicando libros sobre la mafia, como Roberto Saviano. Pero, más que el problema del sensacionalismo (que también se da en España posiblemente en igual medida), destacaría los problemas de censura que los medios, especialmente la televisión, han sufrido con el gobierno de Berlusconi, como en los casos de los periodistas Michele Santoro y Enzo Biagi. Eso ha dejado secuelas que el gobierno de Prodi todavía no ha subsanado. Sin embargo, creo que, en general, tanto en España como en Italia el periodismo de investigación es anémico y poco frecuente.
¿Crees en el periodismo de denuncia? ¿Piensas que está reservado solo a unos pocos privilegiados?
Creo firmemente en el periodismo de denuncia, siempre y cuando venga acompañado de los hechos, confirmados, verificados y bien expuestos. Y sí, por desgracia está destinado a unos pocos: por un lado, toma mucho tiempo, esfuerzo y talento de parte de escritores y editores; por otro, no todos los medios son los suficientemente valientes o libres como para publicarlo. Afortunadamente, ahora, con los blogs, uno puede dedicarse a esto (si tiene el tiempo, el dinero y el talento) y hacerlo público sin depender de los medios tradicionales. Con Internet, una de las dos limitaciones, la del medio, desaparece.
Marc Harris sería todo un personaje por explorar y seguramente habrá asuntos que no habrás podido incluir en “La ciudad de las cigarras”…
Marc Harris es todo un personaje desde distintos puntos de vista, incluyendo el psiquiátrico... Pero no, en mi novela he incluido todos los asuntos que he creído relevantes sin restricciones, así como hicimos con las investigación periodística en que está basada. Para escribir este relato de ficción me sentí completamente libre para hablar de todo; incluso más, porque me inventé y recreé con absoluta libertad.
¿Cómo surgió la idea de investigar el blanqueo de dinero en Panamá? ¿Fue algo fortuito o pensaste desde el principio escribir la novela?
Una cosa fue la investigación periodística de este caso, uno de los mayores, si no el mayor, de blanqueo de dinero en el Caribe. Y otra, la novela, que está basada en aquellos hechos. La idea de investigar el dinero sucio en Panamá surgió, no como idea, sino como necesidad, como resultado del lugar y de la circunstancia. Se trata de un importante centro bancario internacional, la segunda mayor zona libre del mundo, una ruta comercial marítima de vital importancia... El blanqueo es un fenómeno que no podíamos dejar de investigar como periodistas financieros. La novela surgió mucho después. Nunca me imaginé, cuando investigaba a Marc Harris, que la escribiría.
¿Cuál es la principal herramienta que un periodista debe tener en cuenta a la hora de mezclar investigación y ficción?
Para empezar, tener muy claro qué está haciendo. En el periodismo no cabe la ficción. Uno puede utilizar las técnicas narrativas de la literatura, pero todos los hechos que narra son hechos relevantes y confirmados. En la ficción, esas ataduras no existen. Como escritor de ficción, uno lidia con hechos (verdaderos o no), con las herramientas de la creatividad, de la composición y del lenguaje.
Sería apasionante descubrir, en plena investigación, que nombres como el de Vladimiro Montesinos tenían relación con Marc Harris…
Apasionante sí, pero poco sorprendente. Al final este tipo de coincidencias era tan frecuente que teníamos callo... La realidad es más increíble que la ficción.
En el libro, a pesar de la dureza de los acontecimientos, fuiste valiente e introdujiste el humor…
No concibo ficción ni realidad sin humor. Quizá es un recurso para alejarse de la dureza de los acontecimientos, quizá una tara... No sólo me reí escribiendo el libro; en la realidad, los que investigamos a Marc Harris tuvimos momentos de desternillarnos de risa, con lágrimas en los ojos.
¿Qué aspectos valoras especialmente a la hora de investigar?
Si preguntas por qué cualidades debe tener un buen periodista de investigación, diría que debe ser inteligente, sistemático y trabajador, tener tesón, debe saber hacer correlaciones y preguntas, debe poder identificar patrones de comportamiento en situaciones complejas, debe saber de números y escribir bien, y debe tener un punto de paranoico, por su seguridad.
EFE, Hong Kong, Latin Finance, La Prensa, El Mundo, The Wall Street Journal Americas… Son ya muchos años de experiencia y muchos los escenarios, ¿es sano que la carrera de un/a periodista cambie? ¿En qué aspectos te ha enriquecido a ti?
Me parece no sano, supersano. A mí esta experiencia me ha ayudado a saber moverme en situaciones diversas y a escribir para muy distintas audiencias. Sin embargo, también creo que es necesaria la especialización. Los mejores periodistas, gente como Seymour Hersh o Gustavo Gorriti, con quien tuve la suerte de trabajar en Panamá, son gente obsesionada con uno o dos temas, que acumula una montaña de conocimientos, de historia, de fuentes, de citas, de correlaciones, y que ve más que otros.
¿Tienes en mente algún nuevo proyecto literario o de momento prefieres dedicarte a IPS?
Tengo muchos proyectos, primero porque creo que también IPS se beneficia de lo que pueda lograr como escritora de ficción o como conferencista o como lo que sea. Entre otras cosas, estoy escribiendo una continuación de La Ciudad de las Cigarras, o más bien un nuevo caso de Amaia Luna, por supuesto basándome en otra truculenta y verdadera investigación periodística. También estoy haciendo un doctorado en nuevas tecnologías y periodismo, y dando charlas por el mundo. No me quejo.
Para terminar, un consejo a los jóvenes periodistas que se debaten entre la suerte o acabar trabajando en prensa rosa…
Yo siempre les digo lo mismo: salid, mejor si es fuera de España, y husmead.
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Miren Gutiérrez ( Pamplona, 1967) llegó a Hong Kong en 1990 para comenzar su carrera periodística como corresponsal de la Agencia EFE en la región de Asia-Pacífico. Nueva York, Panamá y Roma han sido sus otros destinos, desde los que ha escrito para El País, El Mundo, Diario 16 y The Wall Street Journal Americas, las revistas Gatopardo, The Nation y Latin Finance, y la agencia de noticias UPI. Durante cinco años, estuvo a cargo de la sección económica del diario panameño La Prensa. Actualmente, es editora jefe de la agencia de noticias internacional Inter Press Service.
La ciudad de las cigarras puede adquirirse en Madrid, en las librerías Estudio en Escarlata y Librería Méndez y en San Sebastián, en la Librería Lagun.
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Es curioso el análisis que desde hace algunos días estoy haciendo a raíz de las elecciones autonómicas y municipales del 27-M. Las conclusiones a las que he llegado son varias, pero aquí me interesa puntualizar dos aspectos que he extraído de un artículo de la revista Perspectivas del mundo de la Comunicación.
Me gustaría comentar, en primer lugar, el siguiente extracto:
“Al margen del análisis del resultado de este programa (´Tengo una pregunta para usted´), la fórmula ha supuesto una novedad periodística bien recibida por la
audiencia y una muestra de cómo atraer el interés de los ciudadanos por los
asuntos públicos”
Reconozco que me interesé por el programa y lo seguí las dos veces, puesto que es una novedad muy interesante y porque, por fin, el ciudadano, cada uno de nosotros, éramos quienes podíamos dirigirnos directamente al candidato. Ahora bien, yo me formulo otra pregunta: ¿es necesario colocar una pantalla de televisión entre candidato y ciudadano para que se despierte ese interés por lo público?
A continuación, el otro argumento.
“La gran novedad que aporta Internet es, paradójicamente, la pérdida de control
de la campaña por parte de los partidos. Ahora, cualquier ciudadano puede emitir
sus propios mensajes políticos en la red”
La segunda cuestión no es menos importante. La información política está cambiando aceleradamente y, como se deriva de este ejemplo, ahora cualquiera puede hacer campaña con un mínimo impacto. Mi pregunta: ¿se podría considerar Internet plataforma de una campaña paralela o simplemente es un foro más de opinión?
Y la última pregunta, que recoge todo lo dicho: ¿la participación ciudadana en la campaña preelectoral contribuye a que la política resulte más interesante?
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El periodista del siglo XXI afronta, en estos momentos, muchos retos. Afronta o, más bien, debe afrontar. Ya no por ética o diligencia profesional, sino por razones de acomodación al mercado y a la demanda informativa que ejerce el ciudadano de a pie. Entre esos retos de los que hablo, se encuentran:
(1) Saber redactar. Parece una tontería mencionar este asunto, pero lo cierto es que a día de hoy las facultades entregan títulos a alumnos que siguen confundiendo reglas de gramática y ortografía y que, en muchos casos, carecen de claridad a la hora de exponer las ideas.
(2) Saber expresar y saber expresarse. El verbo expresar se refiere, periodísticamente hablando, a la no confusión de conceptos o ideas dentro de un contexto determinado. El periodista, intermediario entre los hechos y el ciudadano que lee, escucha, ve, en definitiva, recibe la información, tiene que poseer primero ese hecho, conseguir profundizar de tal forma que luego pueda exponerlo por escrito de forma comprensible. Aquí entra el verbo pronominal expresarse.
(3) Ser claro. En Periodismo, más valen cuatro ideas claras y, por tanto, comprensibles, que cien carentes de sentido.
(4) Al redactar, el periodista también debe respetar la causalidad de la información. Los hechos se suceden cronológicamente en una dirección y es responsabilidad del periodista que, efectivamente, el receptor así lo entienda. ¿Cuántas veces hemos leído una noticia y al finalizar nos hemos visto obligados a releerla por razones de comprensión? Muchas.
(5) Manejar diligentemente imágenes y textos. La información de hoy ya no se basa en simple palabra transmitida por el canal que sea, sino que aúna imagen, sonido y texto. La prensa es multimedia y audiovisual. Los periódicos tienen su edición digital, donde ya incluyen vídeos e imágenes. La interacción con el receptor resulta más visible que nunca. El profesional de la comunicación debe aprender a compatibilizar esas dos narrativas: la imagen y el sonido.
(6) Por supuesto, no tanto ser objetivo como tratar de informar desde todos los puntos de vista posibles. La objetividad es obvia, se debe aspirar a ella. Pero quizá un camino propicio sea, como un día leí en un artículo de la periodista Eva Jiménez, elaborar información que represente a todas las partes. Especialmente, cuando hablamos de información política o conflictos.
(7) Por supuesto, nuevamente, desarrollar la ética periodística e intentar trabajar sin presiones, ser consecuentes con lo que publicamos y argumentar cada paso que damos en la labor de informar. Cuestión difícil.
(+ 1) Y el reto más importante de este siglo: lograr algún día no tener que venderse al mejor postor, que curiosamente siempre es el que menos paga.
¿Qué vas a hacer, compañero periodista? ¿Qué vas a esperar, amigo ciudadano?
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