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Otra vez, Carme Chacón

Permalink 08.01.09 @ 11:59:55. Archivado en Opinión

Enero ha comenzado, una vez más, calentando motores. Algunos ya se han pasado de rosca y han acabado quemados. La Pascua militar de este año dejó el primer ataque de 2009 contra la ministra de Defensa, Carme Chacón. Como no podía ser menos, por su aspecto físico, esto es, por los “trapitos” que lució en la recepción y en el acto en sí, junto a la Familia Real y el resto de autoridades políticas e institucionales.

Resulta que el protocolo exigía que las mujeres vistieran vestido largo y la Chacón se agenció un esmoquin y un recogido sobrio y elegante. Estaba guapa, dí que sí. Pero a los de siempre les faltó el tiempo para untar la pluma y comenzar a vilipendiarla. Que si es una aberración saltarse el protocolo, que si tendría que haber elegido un atuendo de alguna diseñadora española… ¡y no miro a nadie!

Es gracioso, pues muchos personajes públicos afirmaron el año pasado que entre sus deseos para el nuevo año estaba “dejar el machismo a un lado”. Yo no creo que esos ataques estén justificados, ni siquiera he entrado a valorarlo con profundidad. En el fondo, a todos estos que escriben y gritan, meten ruido en definitiva, les importa el tema lo mismo que un pepino. Lo importante es hacer gala de los valores que ellos llaman “conservadores” o “tradicionales” y criticar por criticar.

¿No será que es buena excusa, una vez más, por ser mujer y ministra de Defensa? ¿Qué dirán de Michelle Obama tras su posado en la revista Vogue esta misma semana? ¡A criticar se ha dicho, señores defensores de la tradición! Pero, ¿le habrían censurado de igual modo si en lugar de ser ella hubiese sido un hombre?

A pesar de todo, hay un dato más: Carme, no fuiste la única. La princesa Letizia también fue acusada de repetir vestido. Casualidades de esta vida, lo que ha trascendido y ha llenado las televisiones y periódicos ha sido el esmoquin de la titular de Defensa. Yo me pregunto, ¿alguien se acuerda de reforma de las Reales Ordenanzas y el código deontológico de los militares? ¿Y del llamamiento del Rey Don Juan Carlos al alto el fuego en el conflicto actual de Gaza? Una vez más, es ésta una cuestión de prioridades. Y ha quedado patente, una vez más, dónde está el interés de todos.

Por un visor in fraganti

Permalink 18.12.08 @ 21:51:21. Archivado en Análisis y medios

El Tribunal Supremo acaba de dar la razón a una mujer que presentó un recurso poco después de que una periodista se colara en su consulta y la grabara con una cámara oculta. Según sus representantes, "se produjo una intromisión ilegítima en la esfera de la intimidad de la demandante, que afecta también a los demás derechos fundamentales mencionados en la demanda, y que dicha intromisión, en aplicación del principio de proporcionalidad de acuerdo con las circunstancias concurrentes, no está justificada por el ejercicio del derecho a comunicar libremente información".

A pesar de que la periodista, su productora y una televisión fueron absueltas en su día, ahora el recurso ha beneficiado a la naturista, quien fue acusada de intrusismo profesional, de ahí el sentido de grabarla in fraganti.

Dicho esto, me pregunto, ¿qué sucederá con otros programas que practican con sus cámaras ocultas y las emplean como un fin y no como lo que deberían ser, esto es, un medio? No creo que haya que hablar de buenos y malos, pero sí invito a todos a la reflexión. Desde mi punto de vista, creo que grabar unos hechos con cámara oculta debe servir para conseguir un bien, más o menos común, o que en algún sentido beneficie a la parte desfavorecida dentro de un conflicto.

Lo que no concibo es que se emplee como un fin en sí misma, como se ha aprovechado en algunos programas del corazón para supuestamente destapar asuntos serios. Sabemos todos que la identidad de la novia del futbolista tal o el color de la ropa interior de la modelo de turno siempre han sido temas de primer orden.

En estos momentos, en los que una televisión como Telecinco acaba de desembolsar casi quinientos mil euros en demandas perdidas, solo espero que periodistas y ciudadanos pensemos en común. La familia Aznar, Terelu Campos o Carmen Martínez Bordiú han ganado batallas legales intensas. La periodista que mencioné al principio ha perdido a favor de una persona que quizá dañe con sus servicios a otras, este caso no está todavía claro. Lo que queda patente es que algo está cambiando y que seguramente estos ejemplos sentarán las bases para lograr la autocrítica y el replanteamiento de nuestros modos de proceder.

Recordemos a Vetusta

Permalink 11.12.08 @ 00:30:30. Archivado en Opinión

La heroica ciudad dormía la siesta… Así comienza La regenta, obra cumbre de la literatura de Leopoldo Alas Clarín. La urbe a la que hace referencia esta celebrada personificación es Vetusta, lugar corrompido por la doble moral y las gentes hipócritas. Hoy la recuerdo especialmente al analizar los últimos hechos violentos ocurridos en algunas ciudades griegas.

Salgo a la calle y me dicen que la policía asesinó a un adolescente en la tierra de los héroes, los mitos y los panteones politeístas. Que el primer informe de balística ha dejado claro que la bala rebotó antes de impactar en su corazón. Que el juez ha dictado prisión preventiva para los dos agentes implicados en la muerte del joven Alexandros Grigoropoulos. Que resuena la expresión “homicidio intencionado”. Y entre toda esta tela de araña de informaciones confusas y que piden urgentemente una investigación exhaustiva, me cuentan que también han surgido los altercados en la calle.

Y después de varios días de balas, pelotazos, sangre, puños cerrados y mucha “hombría”, esos incidentes han llegado hasta nuestro país. La policía ha detenido esta noche a varios jóvenes en Madrid y Barcelona. Entre manifestaciones antisistema y gritos de apoyo al joven asesinado, de nuevo los disturbios se han dejado notar en el centro de estas grandes ciudades.

Mientras la solidaridad hace acto de presencia y, aún con todo, se siguen perdiendo las formas, los agentes tienen su merecido y las instancias políticas griegas nos vuelven a dejar un ejemplo de humanidad, diplomacia y pretensiones de “arreglar” la situación. El primer ministro, Costas Karamanlis, del partido conservador, instó a la población a la calma y persuadió a la oposición y sindicatos para trabajar en común sobre esta crisis. Pero los representantes de la izquierda y los sindicalistas se apresuraron pronto a negar el consenso y, lejos de preocuparse por los verdaderos problemas, aprovecharon la situación para pedir la dimisión del equipo de gobierno. Intereses, demagogia, más intereses, tremenda familiaridad.

Puede que el pueblo sienta resquemor o haya perdido la confianza en sus dirigentes, pero considero crucial en estos momentos llegar a un acuerdo. Cuando las calles se llenan de fuego y sangre, queda patente cuál es la cuestión urgentemente vital. Y ni las muestras de fuerza ni los oportunismos demagógicos son, una vez más, las medidas contra la violencia. Atenas y el resto de ciudades griegas son reales, sumidas en la desgracia de un asesinato y una enorme respuesta liderada por la fuerza. Vetusta, por suerte, seguirá siendo ficción.

Recordemos a Vetusta

Permalink 11.12.08 @ 00:29:55. Archivado en Opinión

La heroica ciudad dormía la siesta… Así comienza La regenta, obra cumbre de la literatura de Leopoldo Alas Clarín. La urbe a la que hace referencia esta celebrada personificación es Vetusta, lugar corrompido por la doble moral y las gentes hipócritas. Hoy la recuerdo especialmente al analizar los últimos hechos violentos ocurridos en algunas ciudades griegas.

Salgo a la calle y me dicen que la policía asesinó a un adolescente en la tierra de los héroes, los mitos y los panteones politeístas. Que el primer informe de balística ha dejado claro que la bala rebotó antes de impactar en su corazón. Que el juez ha dictado prisión preventiva para los dos agentes implicados en la muerte del joven Alexandros Grigoropoulos. Que resuena la expresión “homicidio intencionado”. Y entre toda esta tela de araña de informaciones confusas y que piden urgentemente una investigación exhaustiva, me cuentan que también han surgido los altercados en la calle.

Y después de varios días de balas, pelotazos, sangre, puños cerrados y mucha “hombría”, esos incidentes han llegado hasta nuestro país. La policía ha detenido esta noche a varios jóvenes en Madrid y Barcelona. Entre manifestaciones antisistema y gritos de apoyo al joven asesinado, de nuevo los disturbios se han dejado notar en el centro de estas grandes ciudades.

Mientras la solidaridad hace acto de presencia y, aún con todo, se siguen perdiendo las formas, los agentes tienen su merecido y las instancias políticas griegas nos vuelven a dejar un ejemplo de humanidad, diplomacia y pretensiones de “arreglar” la situación. El primer ministro, Costas Karamanlis, del partido conservador, instó a la población a la calma y persuadió a la oposición y sindicatos para trabajar en común sobre esta crisis. Pero los representantes de la izquierda y los sindicalistas se apresuraron pronto a negar el consenso y, lejos de preocuparse por los verdaderos problemas, aprovecharon la situación para pedir la dimisión del equipo de gobierno. Intereses, demagogia, más intereses, tremenda familiaridad.

Puede que el pueblo sienta resquemor o haya perdido la confianza en sus dirigentes, pero considero crucial en estos momentos llegar a un acuerdo. Cuando las calles se llenan de fuego y sangre, queda patente cuál es la cuestión urgentemente vital. Y ni las muestras de fuerza ni los oportunismos demagógicos son, una vez más, las medidas contra la violencia. Atenas y el resto de ciudades griegas son reales, sumidas en la desgracia de un asesinato y una enorme respuesta liderada por la fuerza. Vetusta, por suerte, seguirá siendo ficción.

Frío helado, Navidad inminente

Permalink 09.12.08 @ 21:00:07. Archivado en Opinión

La Navidad ya ha hecho acto de presencia. Pero no voy a dedicar este trozo de página a redundar sobre lo de siempre. Comienza la Navidad más paradójica y banal de cuantas recuerdo. Los parques, las calles, las marquesinas, algunas ventanas de los domicilios de mi ciudad dejan asomar bombillas de colores, muñecos de Papá Noel y guirnaldas a prueba de lluvia, nieve y frío helador.

El hielo ha llegado pronto este año, muy en consonancia con, precisamente, lo que nos hace falta. El informativo de mediodía decía hoy que el fenómeno indigente se acentuará el año que viene y se empezará a notar ya este mes. Pero ya se ha notado, creo yo. Y ese frío helador del que hablaba no tiene piedad en este preciso minuto de la película.

Los anuncios de la tele se llenan de banalidades y muchas empresas queman munición a pleno pulmón para crear esas necesidades innecesarias de última hora. Todo mientras la crisis económica sigue dejando en la calle a familias enteras. Que nadie me descalifique cuando digo que hablar de cestas de Navidad, este año, es especialmente inoportuno, terriblemente cruel. Pero, como siempre, se habla. La gente habla, los medios hablan, las empresas hablan. Nadie está a salvo.

Alcanzar un punto de reflexión en común. Saber que seguimos dejando de lado las verdaderas necesidades para ir a lo nuestro, sin importarnos lo que sucede en ojo ajeno. Ser conscientes de la situación, reducir excesos… Son tantas las pautas a seguir y los pensamientos, que vuelan más alto y por encima del resto, que no queda demasiado espacio para pensar en la conjunción Navidad-derroche.

Otras cosas deberíamos derrochar, pero no en Navidad ni fuera de ella, sino todos los días del año.

Volvemos al terror

Permalink 04.12.08 @ 16:55:51. Archivado en Opinión

Escribo estas líneas mientras de fondo escucho la última hora sobre una noticia que ayer volvió a estremecer a España y, muy especialmente, a los ciudadanos del País Vasco y Navarra. La banda terrorista ETA volvió a asesinar, como antes, a un trabajador de sus tierras; a un ciudadano que ha paseado sin temor por las calles de su pueblo, Azpeitia; a un ser humano, en definitiva.

Apenas veinticuatro horas después del fatal suceso, ya ha comenzado la investigación y el presidente del gobierno, José Luis Rodríguez Zapatrero, y Mariano Rajoy hanacudido al velatorio para compartir estos momentos con la familia del empresario. La rutina sigue siendo la de siempre. La pena es que resulte eso, una rutina que llevamos arrastrando ya unas cuantas décadas. A dos días de celebrar el treinta aniversario de nuestra Constitución, este país sigue sufriendo el terrorismo, asignatura pendiente desde su aprobación. Y todos seguimos preguntándonos… hasta cuándo.

Condeno y me sumo al sentimiento de la familia Uría, ni que decir tiene, desde mi humilde posición. Quizá estos conceptos sigan sin estar del todo claros para el lehendakari, Juan José Ibarretxe, quien ayer pronunció un discurso que tenía de repulsa poco más que la simple palabra. Soy joven, nací en democracia, pero eso no me impide sentir perplejidad al escuchar de su boca frases como “ETA ha matado a un hombre que fue más bueno que un pan”. Las palabras se las lleva el viento, de todos es sabido. Pero los responsables y muchos de quienes tendrían en su mano alcanzar acuerdos y reducir estos hechos siguen arrojando palabras y más palabras. Y todos sabemos lo que eso significa. Ignacio Uría era bueno, no lo digo yo, lo dicen sus allegados y su familia, quienes realmente le conocían. Pero en un discurso del calibre de un representante público como el lehendakari quizá asuntos como éste se deberían sobreentender y apuntar lo que realmente pedimos los ciudadanos: soluciones, caminos de paz, progreso.

Considero deleznable cualquier acto de violencia, más aún si se trata de un asesinato. Y no comprendo que estos sectores violentos no acepten el progreso de ver unidas sus tres capitales en apenas media hora. Uría se encargaba de una empresa que trata, con la mejor intención, de ofrecer un servicio de transportes mejorado. Las obras del Tren de Alta Velocidad llevaban un tiempo iniciadas y ahora parece que la respuesta a la detención del jefe militar de ETA, Txeroki, ha sido el crimen contra uno de los empresarios que colaboraba con la causa. Parece que Euskadi debe ser Euskadi solo, con fronteras bien delimitadas y sin que no exista flujo de personas, animales ni cosas. Una postura muy inteligente, por cierto. Es mejor cerrarse en banda y no abrir los ojos a nada ni a nadie. Aprendieron bien la lección aquella que establece al hombre como ser autosuficiente. Para un nacionalismo siempre será un peligro ampliar las fronteras del territorio que defienda, eso no es noticia nueva. Los terroristas, por otro lado, no han preguntado a sus ciudadanos qué ideas tienen. Tampoco han preguntado a la hora de emplear servicios que vienen de fuera y que les han sido dados con toda la buena intención. Los han buscado y aceptado, muchas veces, casi sin mirar.

Tal día como hoy vuelven a resonar en mi mente palabras como violencia, cobardía, unión o cansancio. Ignacio siempre estará junto a nosotros. Lo importante ahora es seguir luchando por un clima de paz y dejarnos de monsergas y palabras. Ahora, una vez más, todos pedimos hechos. A todos, por cierto.

Hernán Zin: “La verdad está en las víctimas, en su historia. Quien hoy no quiera conocerla, carece de excusa”

Permalink 03.12.08 @ 00:13:59. Archivado en Análisis y medios

Viajero compulsivo, escritor y reportero convencido. Hernán Zin es, además de un audaz e intrépido periodista, un verdadero ejemplo de Humanidad, con hache mayúscula. Sus viajes por los cinco continentes le han llevado a observar, ayudar a las personas más desfavorecidas y narrar numerosas historias que ahora ya nadie puede olvidar. Durante los últimos quince años, Zin ha viajado por más de una docena de países, entre ellos, Afganistán, Palestina, Argelia o Nicaragua. Desde 2006 y como él dice, “se ha puesto el casco y las botas para sumergirse en las entrañas de la guerra”, cuyo fiel reflejo es su blog personal, Viaje a la guerra. Entre libros, reportajes y documentales, también ha tenido tiempo para firmar en medios de comunicación como la Cadena SER, Interviú, El Mundo, La Nación o RNE. Ahora sí, señor Zin, hablemos de sentimientos…

-Hasta hace muy poco, su destino fue Afganistán, pero ha viajado por África, Asia y América Latina dando luz a poblaciones muy necesitadas. ¿Cómo valora su experiencia hasta la fecha?

Me siento sumamente afortunado de poder hacer este trabajo, de haber vivido todas estas experiencias. Y no porque lo que haya visto o contado resultase grato. Al contrario, ojalá no existiese esta realidad. Ojalá la guerra, la pobreza, la explotación, fueran meras ficciones.

De algún modo siento que es un privilegio, al tiempo que una responsabilidad, poder escuchar a la gente y quizás, con un poco de suerte, poder ser amplificador de sus deseos, de su lucha y, no en pocas ocasiones, de la extraordinaria dignidad con la que se enfrentan al destino que les ha tocado.

Me refiero, por supuesto, a gente postergada, ultrajada, por las ambiciones del poder. Una familia que lo acaba de perder todo bajo las bombas en Gaza. Un chaval que trabaja catorce horas al día en un taller de la India.

La generosidad con que te hablan, con que se abren a ti, te muestra lo mejor de la condición humana, frente a lo otro, lo que está alrededor, lo peor, lo más mezquino. Y, de alguna forma, esto te enriquece, te abre los horizontes y te da como narrador un sentido que, al menos yo, considero sumamente valioso.

-¿Qué tiene Afganistán, aparte de ser uno de los centros conflictivos más importantes del mundo?

Es un país complejo, fascinante, que como narrador a uno lo subyuga, con tantas historias que contar, con tanto que aprender y compartir. Basta poner el espejo, la pluma, que las historias se suceden. Un terreno muy resbaladizo a la hora de sacar conclusiones, por lo que también exige un ejercicio de contención.

Al menos a mí me resulta imposible deslindarlo de su actual situación, ver más allá de los niños que trabajan, de las mujeres quemadas, de la violencia fratricida, de las mentiras y equivocaciones de Occidente, de la corrupción, del extremismo, de la guerra.

-Por su experiencia… le diré que me recuerda al maestro Kapuscinski.

Bueno, ¡¡¡esas son palabras mayores!!! Por ahora, con tratar de hacer narraciones lo más honestas y fidedignas posibles, junto a quienes carecen de altavoces para reivindicar sus derechos, sus necesidades, me contento. Como decía al principio, me siento muy afortunado. Más que una profesión, esto es un oficio. Y más que un oficio, una forma de vivir, que se disfruta y se sufre en el día a día, por lo que se aprende, por lo que se comparte, por todo lo que se recibe.

-Gracias a su libro Helado y patatas fritas y a un ambicioso documental sobre la pederastia en Camboya, las autoridades lograron detener a muchos implicados. ¿Cómo surgió la idea y qué experiencias recuerda de su investigación?

Caminaba por las calles de Phnom Penh, la capital de Camboya, cuando vi a un hombre -que luego sabría que era belga- que cogía a un niño muy pequeño de la calle y se lo llevaba a un hotel. Así comenzó todo. A raíz de seguir al belga di con otros pederastas: un francés, un austríaco, un italiano. El viaje, que inicialmente iba a durar una semana, se extendió a varios meses.

Recuerdo, ante todo, la conversación con un pederasta que torturaba a los niños y vendía sus fotos en Internet. Durante mucho tiempo tuve pesadillas, en especial mientras escribía Helado y patatas fritas. Y la conclusión que saco es que, si a un adulto como yo, el mero hecho de hablar con este hombre le causa semejante impacto, ¿qué efecto habrá tenido en sus víctimas?

-Se dice que ninguna guerra se parece a otra. Tras Palestina, Israel, Sudán, Argelia y otros tantos, ¿puede confirmarlo? Seguro que recuerda alguna experiencia humana con especial afectividad…

Cada conflicto es único, sin duda, como cada experiencia humana. Pero todos están unidos por intereses similares, económicos, de poder. Como dice Fisk, es el momento en que los políticos deciden que otros deben morir en pos de sus ambiciones.

¿Recuerdo que albergue con afecto? Cientos. Tantas veces me han recibido con generosidad, sin cuestionamientos, en casas, en hospitales, en entierros. Gente que había perdido a un ser querido, que había sufrido en carne propia los efectos de la violencia. Es algo que se valora, que se agradece. Y que, de algún modo, crea un vínculo entre el entrevistado y tú. Lo que te dice, sin decirlo es: “Cuenta mi historia, para que haya justicia, para que esto no se repita”.

-“Quiero conocer a fondo qué implica una guerra. Más allá de las balas, las muertes, los refugiados, todo lo que habitualmente vemos en televisión o lo que leemos en la prensa, deseo ponerme en la piel de quienes sufren sus terribles consecuencias”. Así comenzaba a escribir su blog, Viaje a la guerra. ¿Ha cumplido su objetivo? ¿Es cierto que la ciudadanía de los países desarrollados sigue teniendo una venda en los ojos?

En los dos años y medio que llevo escribiendo Viaje a la guerra, mi comprensión de lo que implican los conflictos armados, ha crecido exponencialmente, sin duda. La certeza de sus verdaderos intereses. Y el horror ante la maquinaria bélica, financiera y de grupos de presión que los alientan y sustentan. Un negocio monstruoso, infame, que cuesta creer cuán aceptado y extendido está, desde los fabricantes de armas con sus ferias, sus luchas por los fondos públicos, hasta las empresas militares privadas.

Con respecto al público occidental, creo que Irak le ha abierto los ojos sobre el significado real de una guerra. Hasta en EEUU parecen haber comprendido el mensaje. Ojalá sirva para poner fin a la violencia en Sudán, en Somalia, en Afganistán, en Palestina.

Se suele decir que la primera baja en la guerra es la verdad. No estoy de acuerdo. La verdad está en las víctimas, en su historia. Y hoy, con todos los recursos de comunicación que tenemos, quien no quiera conocerla carece de excusa.

-Como bien escribe, la esclavitud sexual sigue siendo una realidad alimentada hoy en día. ¿Qué vías, a su juicio, podrían existir para controlarla?

El factor principal pasa por la miseria. Sin pobreza, difícilmente cabría la explotación. Es la falta de recursos la que hace vulnerable a vastos sectores de la población mundial. Y, por supuesto, reducir la demanda, perseguirla. El que paga también es culpable, por más relativismo o excusas que se quieran esgrimir.

-Los suicidas palestinos también han centrado su atención. Comenta el caso de una joven, llamativo por cierto, pues la mayoría de los casos pertenecen a hombres. ¿Cómo es el trato con la familia de uno de ellos? ¿Qué impulsa a una joven a suicidarse en esas circunstancias?

En el caso que narré hace unos años, fue el asesinato de un amigo cercano lo que lo llevó a tomar la decisión de hacerlo. El joven en cuestión sentía que era una venganza, que era un sacrificio por su gente, una forma de llamar la atención sobre la situación de su pueblo. No entro en valoraciones. La familia me abrió las puertas de su casa porque de algún modo les había demostrado que iba a escuchar, sin prejuicios, sin los habituales maniqueísmos. Confío en contar la historia, con todos sus matices, y que luego los lectores saquen sus conclusiones.

-¿Es constatable, desde su experiencia, que existe esa llamada “cultura del odio” en países en guerra?

La violencia se contagia y nos afecta de formas insospechadas. Inclusive a mí, que soy un mero testigo. Cuando entra en escena, de forma desatada, desenfadada, no podemos esperar más que se potencie, crezca y se multiplique. El círculo del odio. Por eso la violencia nunca puede ser un recurso para dirimir las disputas políticas o económicas.

-Un soldado israelí te cuenta que su modus operandi se basa en negar la realidad y tratar al palestino como un animal, utilizándolo, por ejemplo, para probar si un paquete requisado en plena calle es una bomba. ¿Qué siente al escuchar tales palabras?

Lo que me generó en su momento, y ahora, es una honda reflexión sobre las ocupaciones, sobre su lógica, que se da ahora en Palestina y que se dio en cada ocupación a lo largo de la historia.

Ver al otro como un objeto, despojarlo de su humanidad, humillarlo. Así es como funcionan. Así es cómo un poder foráneo mantiene el control sobre un territorio que no le pertenece, en este caso, Cisjordania, que según la ONU pertenece a los palestinos, aunque haya allí cientos de miles de colonos israelíes.

Sí marcó un punto de inflexión. Desde entonces, las noticias como la que apareció hoy en la prensa, el vídeo del disparo a sangre fría a un prisionero palestino, no me sorprenden. Es la lógica por la cual un ejército inferior numéricamente hablando controla a una población que lo supera en número.

Pero como en el caso del suicida palestino, al momento de escribir la crónica traté de escuchar sin prejuicios para dejar que el lector saque sus conclusiones. No hay diferencias en este sentido.

-¿Qué mentiras existen todavía en torno a la existencia y uso de las bombas de racimo en Líbano?

El uso de las bombas de racimo en Líbano fue admitido por los altos mandos israelíes apenas terminó la guerra de julio de 2006. No hay dudas al respecto. Son más de un millón. En dos ocasiones he acompañado a los artificieros que las desactivan, pues estaban desperdigadas por todo el país al sur del río Litani.

La gran mentira de esa guerra fue decir que no había otra opción. A los que abogamos por un intercambio de prisioneros con Hezbolá, el tiempo nos ha dado la razón. Finalmente, esta semana, Ehud Olmert lo ha hecho. Podría haberse ahorrado el millar de civiles libaneses muertos.

-James Miller quizá sea un nombre que pocos conozcan. ¿Qué resaltaría de su figura si tuviera cinco minutos para hablar sobre él en una clase de Periodismo?

Diría que era un reportero de primera, cuya muerte la profesión lamenta profundamente. Denunció desde la situación de la mujer en Afganistán hasta los abusos a civiles en Chechenia. Murió en Gaza, por el disparo de un soldado israelí, cuando caminaba por Rafah.

En lo personal, cuando estaba en la franja me hablaban a menudo de él. “Ten cuidado, recuerda lo que le pasó a James Miller”, me decían. De allí nació la sección Morir para contar, en la que intento homenajear a los compañeros que se quedaron en el camino.

-En uno de sus últimos textos, habla de cómo se vivió el 4 de julio (Día de la Independencia Americana) en Afganistán. ¿Cómo fue ver aquello?

La verdad, no con poca perplejidad. Y con cierto miedo, se disparaba tanto que temía que en algún momento algo pudiera salir mal. Pero también, comprendiendo el lugar y las circunstancias de los soldados. Como decía antes, intento no juzgar la realidad de quienes me rodean, simplemente reflejar su comportamiento.

Cuando se trata de políticos, de gente de poder, sí me siento con más derecho a mostrar mi opinión, mi decepción, mi enfado. Después de todo, son los que suelen meternos en todo esto. Aunque también los ciudadanos tenemos mucho que decir y en cierta medida no dejamos de ser cómplices.

-Entre libros y un blog que se actualiza con frecuencia usted está contribuyendo a darnos unas lecciones impactantes a los jóvenes periodistas. ¿Qué consejos le daría a quien quisiera investigar sobre estos asuntos?

No sé si estoy cualificado para dar lecciones. Pero bueno, si a alguien le pudiera interesar, le diría que siga adelante, que sea testarudo, que no se rinda, aunque al principio conseguir el dinero para financiar una viaje no sea sencillo, o colocar los reportajes.

Tarde o temprano, si el trabajo es honesto, encuentra su sitio. Todavía quedan editores sensatos, que creen en el periodismo y no sólo en el show de la información, en la noticia chatarra y en el refrito del refrito.

Y que no olviden la función social del periodismo. Ya los grandes intereses tienen recursos para hacer oír sus voces, que intenten fijarse en quienes no han tenido la misma suerte. Además, son los que más te enriquecen como persona, como narrador.

-Para terminar, ¿tiene algún proyecto o documental nuevo en mente que nos pueda adelantar?

Acabo de terminar un documental sobre la vida en diversos barrios de chabolas del mundo. Y ahora comienzo uno sobre la violación como arma de guerra. Por eso mi reciente viaje al Congo, Ruanda y Sudán.

En pocas palabras…

Un libro… Viaje al final de la noche, de Celine.

Un disco… Because of the Times, de Kings of Leon y First impressions of Earth de The Strokes.

Una película… Amarcord, de Fellini.

Un destino… mi casa en Madrid.

Un personaje histórico… todos los seres anónimos que han luchado por un mundo mejor.

La reliquia informativa

Permalink 25.11.08 @ 19:14:13. Archivado en Análisis y medios

No suelo escribir -ni me gusta- sobre este tipo de asuntos, pero la supuesta entrevista al ex-alcalde de Marbella, Julián Muñoz, que se va a emitir el próximo viernes en Telecinco, ya clama al cielo. No quiero con esto decir que esté ni a favor ni en contra, porque creo que para juzgar ya han entrado en escena quienes deben hacerlo: aquellos que ordenaron a la Policía acudir a las dependencias de la cadena para pedir el contrato que Muñoz firmó con ellos.

Con una información como esta, bien constatada y que deja claro por dónde camina el asunto, no queda ninguna duda: la entrevista quizá haga tambalear los cimientos de credibilidad y seriedad de la empresa de Paolo Vasile. Quizá, digo, si no lo ha hecho ya. Y allá van todas las incongruencias y batallitas que las últimas semanas se han anunciado sobre el caso.

Hace algo más de un mes se empezó a promocionar la entrevista a través de la televisión, pero sin fecha exacta de emisión. Después, comenzó la pelea o puja de varias emisoras por hacerse con tan supuesto preciado tesoro informativo. Más tarde, comunicadores de la competencia iniciaron una particular cruzada pidiendo a los espectadores que no vean ese programa. ¿Y en medio de todo esto? Mientras tanto, se comentó que la entrevista sería encargada a Ana Rosa Quintana, quien luego lo desmintió y defendió su realización. Parece ser que, después, fue Julián Muñoz quien pidió ser entrevistado por Pedro Piqueras. Más tarde, se confirmó que sería Jordi González (quien ya demostró su capacidad para hacer la pelota al señor Mario Conde en su programa de los sábados). También se rumoreó sobre las cantidades que el ex-alcalde negoció. Que si eran cuarenta mil euros, que si llegaron a los 350.000, que si Telecinco ya hizo un importante adelanto al personaje hace más de un año, cuando todavía estaba en la cárcel.

Ahora resulta que la competencia se echa flores y en Telecinco se tiran de los pelos porque la pre-entrevista (un programa que se emitidó el viernes pasado con algunas declaraciones, seguramente para abrir boca y enganchar a los televidentes) solo logró reunir a apenas un millón y medio de ellos, lo que supone un fracaso del 11% de cuota, frente al doble, que consiguió su competencia directa, Antena 3.

¿Qué quiero decir con todo esto? Pues que, mientras Telecinco apela al derecho a la información del ciudadano, la competencia anima a no ver la entrevista y asegura que "los espectadores ya se han cansado de mentiras". Pero, eso sí, todos, absolutamente todos, han ejercido esa presión para quedarse con la reliquia informativa de este noviembre. Y, señores, piensen antes de hablar, no escondan sus ansias de protagonismo y ganas de lucrarse detrás de un demagógico derecho a la información.

La televisión del cambio

Permalink 20.11.08 @ 20:54:25. Archivado en Análisis y medios

Mujer de turbulenta vida y quemada viva en un cajero a manos de tres jóvenes. Éste bien podría ser el resumen argumental de una película. Por cierto, ya se está moviendo el asunto y una gran productora de este país va a llevar a la gran pantalla -o pequeña- el caso de la mendiga que corrió esa suerte, esta vez, en la vida real.

La televisión no deja de sorprendernos. La ofensiva contra los programas de corazón más morbosos y chabacanos ha venido solicitando nuevos contenidos durante los últimos meses. La fórmula más empleada por los nuevos magazines o talk shows ha conllevado una carga sustancial de lo mismo: morbo, eso sí, a costa de testimonios reales y de personas anónimas.

El híbrido entre programa de sucesos y corazón ya se ha ido asentando, a pesar de que no todos han tenido la misma trayectoria. Unos han acabado antes de tiempo, otros han durado demasiado, pero todos -o casi todos- se han centrado en desgracias y penurias que afectan a personas anónimas, de la calle, desprotegidas la mayor parte. No queréis morbo sobre los famosos, pues toma morbo sobre vosotros mismos. A ver si aprendéis de una vez que esto es lo que hay.

Curiosa medicina la de los programadores y directores. Curiosas las iniciativas como esta: presentar casos reales de este tipo como películas que satisfacen el derecho a la información y de entretenimiento de unos telespectadores que, encima, dan cancha. Dejémonos de medias verdades: en España, lo que se ve es el morbo. No hay buenos ni malos. Pero si no se viera, no cabría meter en una cinta de cine la historia de la mendiga asesinada. Claro, que ya hay otros ejemplos, como la reciente recreación del asesinato de Rocío Vanninkof, ya emitida por La primera de TVE, o la que ahora mismo se produce sobre el caso Mari Luz.

Y, mientras tanto, seguimos con la oleada de programas de sucesos-debates-reportajes que siguen tirando del morbo para anunciar entrevistas que no se terminan de hacer o apelan a testigos que al final no aparecen. Sigamos así, esta es la televisión que se hace. Así podrían ser las cosas, y así nos apetece contárselas.

Vayamos al cine en verano

Permalink 22.08.08 @ 20:42:17. Archivado en Análisis y medios

Durante los últimos dos meses, he aprovechado el tiempo. Por un momento, a raíz de las noticias que llegaban sobre la crisis económica y algunos adivinos mediáticos, que no dudaban en augurar un verano atípico, pensé que sería difícil debido a la supuesta suspensión de las vacaciones que muchos harían. Nada más lejos de la realidad. He podido leer, escribir y ver cine con soltura, sin pelearme con nadie y sin aguantar colas interminables de aquellos que en teoría deberían haber estado en la playa. Decidí dedicar mi verano a los libros y al cine. Y no tengo reparo en decirlo, a pesar de que muchos piscineros y playeros no comprendan que alguien ocupe su tiempo en asuntos que no sean tumbarse al sol y dormir.

Leyendo, bien. Viendo cine, sospechoso y paradójico. Hoy dedicaré mi reflexión a aquellos que no ven cine minoritario porque "es demasiado especial y se aburre uno en seguida". Respeto la decisión de muchos de solo compran entradas para ver películas comerciales (casi siempre, con origen en Hollywood). Ahora quiero expresarme y reclamar lo que es nuestro. Las últimas semanas he visto dos películas, algo raro, pues en esta época del año no suele gustarme demasiado la oferta de las carteleras. Por un lado, Nevando voy (Maitena Muruzábal y Candela Figueira, 2008), un filme de bajo presupuesto y centrado en la condición humana. No se asusten: el sabor de boca termina por ser optimista. Por otro lado, elegí, con esperanza, Mamma Mia! (Phyllida Lloyd, 2008). Ya pueden imaginarlo: Meryl Streep estupenda, porque es una muy buena actriz, no porque la película, a mi modo de ver, sea precisamente buena. Me quedé sin palabras, pero es que no hacían falta, porque podía quedarme con el título para definirla en su esencia.

Nevando voy es una fábula urbana sobre las relaciones entre personas. Un joven aficionado a los coches, una madre de familia de mediana edad y una chica que odia estudiar cruzarán sus vidas con el jefe que velará por sus nóminas en una fábrica situada a las afueras de Pamplona. Cómo viven sus vidas privadas, las relaciones familiares, sus anhelos, sus miedos y la capacidad de mantener la esperanza cuando todo parece torcerse son asuntos que hacen a esta modesta (pero rica) producción un estreno digno de las mejores salas. Si a esto sumamos que las directoras son debutantes, solo encuentro más razones para comprar la entrada. La pena es que, por su naturaleza, no llegue a tantos exhibidores como debería y sería justo. Aunque, vistas las preferencias que denotan las cifras de taquilla en España -acostumbradas al superávit con títulos como Torrente o Mortadelo y Filemón-, no resulta difícil comprenderlo.

La comedia musical nunca ha sido un género que me atrayera especialmente. Pero es que Mamma Mia! no pertenece a ese género, sino al de híbridos entre la telenovela Yo soy Bea, High School Musical y un pretendido y no conseguido argumento central basado en el caso "quiero encontrar a mi veradero padre" de cualquier talk-show mañanero. Ni Streep, con una más que lograda actuación, salva la historia, qué le voy a hacer, tengo que decirlo. El filme entretiene por las canciones y alguna salida de tono de tal o cual personaje, pero es de las más fácilmente olvidables, esto es, película de verano en su más estricto sentido. Para colmo, la alargan al final con una actuación musical de los protagonistas que no viene a cuento para que no se note demasiado su carencia de argumento sólido. No al final, mejor dicho, tras los títulos de crédito.

Todas son películas, comparten cartel en los cines y la entrada, injustamente, cuesta lo mismo. Para no caer en la cuenta, creo que el verano que viene esperaré a septiembre para no equivocarme. Aunque nunca perderé la esperanza, de poder decir "vayamos al cine en verano".

El método Gonzo

Permalink 17.08.08 @ 01:45:35. Archivado en Análisis y medios

Se acabó. Creo que esta semana he visto confirmadas mis sospechas. A la sombra de los buenos datos de audiencia que viene cosechando El método Gonzo, programa por el que ha apostado Antena 3 desde principios del verano, podemos deducir que algo ha cambiado en televisión. Gonzo, rostro popular tras su labor como reportero en Caiga Quien Caiga, ha conseguido lo que otros han intentado durante las últimas temporadas y no han conseguido. No sé cuanto durará, lo que sí tengo claro es que me ha sorprendido. Y esto sí que es difícil en los tiempos que corren y en el ámbito que me ocupa.

Gonzo tiene mérito por varias y jugosas razones. Para empezar, ha traspasado con éxito la línea que separa al profesional reportero del profesional presentador. Más aún, cuando en el primer perfil agotaba a la semana apenas diez minutos y ahora, como rostro de cabecera, se encarga de un programa diario, de lunes a viernes y en directo. Contábamos con un ejemplo anterior en Cristian Gálvez, que también trabajó en Caiga Quien Caiga y desde hace unos meses conduce con soltura y amplio seguimiento de audiencia el concurso Pasapalabra. No obstante y visto el funcionamiento de este medio, Gonzo merece su reconocimiento personal y profesional. Por otro lado, este programa ha conseguido destacar como apuesta fuerte dedicándose a la actualidad y a la denuncia social de ciudadanos particulares que, libremente, se han querido acercar hasta la pequeña pantalla para reinvindicar lo que les corresponde. Ambicioso, cuando menos, pues lo que se estilaba hasta hace muy poco era el puro contenido rosa que muchos otros espacios han camuflado bajo el calificativo de "detalles de la actualidad". Está claro el dicho ese de que "quien no arriesga, no gana". Resulta alentador comprobar que todavía quedan personas concienciadas y que buscan ver en televisión temas que les tocan de cerca y que posiblemente tengan un calado más profundo.

Pero los méritos que de verdad merecen un capítulo aparte son dos. La capacidad de hacer funcionar en horario de tarde un programa con formato de madrugada (técnicamente, late-night, al estilo de Buenafuente, Noche Hache o Esta noche cruzamos el Mississippi). Lógicamente, El método Gonzo no guarda los parámetros puros de este tipo de espacio, pero sí los justos para calificarlo de "experimento kamikaze". Quizá no sea la primera opción de entre las elegidas por la audiencia, pero eso no le resta importancia al asunto. Por cierto, el perfil sociológico (target, en comunicación) de los espectadores de un late-night nada tiene que ver con el de aquellos que sintonizan por las tardes, así que ya se pueden hacer una idea de por dónde van los tiros. El último mérito que yo, personalmente -e irónicamente- le atribuyo, es la capacidad que ha tenido Gonzo para hacer que su programa salga publicitado en La Sexta a través del programa Sé lo que hicistéis. Dos veces, en dos tertulias de actualidad sobre temas políticos y sociales, ha parado los pies a invitados que intentaban desviar el debate -o no- hacia algún detalle de la vida privada de alguien. Con esa intención o sin ella, el presentador se ha metido en el bolsillo a sus casi competidores de la cadena de Pozuelo.

Quizá hable ahora y en poco tiempo tenga que callar para siempre. Espero que no, porque El método Gonzo es un buen programa que todos estamos llamados a disfrutar, sea cual sea nuestro contenido preferido.

Periodismo 0.0

Permalink 12.08.08 @ 18:17:21. Archivado en Análisis y medios

Resulta curioso advertir cómo muchas veces los que menos saben son los que más se dejan arrastrar por las modas y modos de ejercer su profesión. No cualesquiera, sino aquellos que se han diversificado. Me refiero con esto a la estupendísima forma que desde hace unos años han adoptado algunos periodistas a la hora de llevar a cabo su tarea, esto es, informar, comunicar, ganar dinero, mentir –incluso- o asistir a numerosas fiestas. Sí, señores, aunque no lo crean, hoy toca autocrítica: voy a repasar un par de hechos que han aparecido en la televisión estos días, ¡y no saben la osadía que cometo siendo periodista! ¡Quién les iba a decir que alguien de este gremio iba a examinarse! Y es que ya sabemos todos que, por lo visto, otra de las modas es defender lo bueno y lo malo a rajatabla y nunca pararse a pensar. Valga como ejemplo el asunto Telma Ortiz: la mayoría de medios de comunicación (o sus portavoces) se empeñaban en decir que las medidas cautelares solicitadas por la hermanísima eran un atentado contra la profesión. Pero, curiosamente, nunca se pararon a valorar que muchos profesionales –periodistas, fotógrafos, contertulios- la han estado persiguiendo las veinticuatro horas del día –y sin exagerar- durante sus meses de embarazo. Tampoco opinan acerca de la persecución que sufrió la Infanta Elena tras separarse del Duque de Lugo. ¡Nadie ha dicho una palabra sobre la presencia de los periodistas y reporteros en la puerta del colegio de sus hijos, que estuvieron casi dos meses, día si, día también, y a la misma hora! Nadie.

No me parece de recibo alegar que “estos personajes ya saben lo que hay” o “son personas públicas y tienen que tragar” y tan suculentas y manidas excusas. No. Ya está bien de autojustificarnos a nosotros mismos, solo pido un poco de reflexión ante lo que estamos haciendo. Una simple pregunta: ¿realmente hay que buscar buenos y malos? Dos, mejor que una: ¿hay que esperar a que una mujer demande ante un juzgado para replantearnos nuestras rutinas de trabajo?

El segundo ejemplo viene a colación a raíz de la boda de Leticia Jiménez-Arnau, hija del periodista de nombre Jimmy y de Merry Martínez Bordiú, nieta de Francisco Franco. La ceremonia se celebró en el Pazo de Meirás, que fue entregado a Franco en su momento y hoy en día parece que tiene todas las papeletas para ser devuelto al pueblo gallego. Un programa de televisión sacó de su plató a una de las colaboradoras y la mandó, micrófono en mano, a una fiesta. La periodista, mostrando su mejor sentido de la objetividad periodística, preguntó a Carmen Franco, hija del generalísimo: “¿No está harta de que esos pelmazos sigan pensando en expropiarles el Pazo?”. Y lo coronó con otra frase: “Todo el mundo cree que es una medida disparatada”. No pude creerlo. ¡Y eso que la mujer en cuestión no tiene precisamente diecinueve años y sigue estudiando! Emplear la palabra “pelmazo” en una pregunta denota una falta de diligencia profesional digna de ser analizada. ¿Dónde quedó la imparcialidad? Pero es que, para colmo, redirige la pregunta empleando el sujeto “todo el mundo”. ¿Y a mí quién me ha preguntado? Por si la respuesta no era la que ella quería escuchar –y grabar-, encima le estampa en la cara unos datos estadísticos que ella misma ha elaborado en su mente. En su mente y, por cierto, en ese mismo momento.

Algunos me dirán que soy muy crítico, que por edad no tengo derecho a opinar o que, simplemente, resulto molestamente idealista. Seré todas esas cosas, pero al menos he tomado la vía de pensar sobre lo que realmente importa, a saber, el rumbo de una profesión que, pese a lo que veo y no me gusta, adoro.

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