Con peores obispos, hicimos cosas mejores
10.10.08 @ 08:52:16. Archivado en Pastoral, Grupos eclesiales

Me dolió el pasado fin de semana no estar en Barcelona para visitar la capilla ardiente del obispo Carrera. Pero hacía meses teníamos organizado un encuentro conjunto de las federaciones catalana y vasca de los grupos de Pax-Romana. Fue en el Santuario de Arantzazu, en un casa franciscana en la que nos colmaron de atenciones y en “un marco incomparable”. Debo decir que personalmente el exterior del edificio no me convenció demasiado, excepto las esculturas impactantes de Oteiza, pero la nave y el retablo del altar son extraordinarios. Una maravilla del siglo XX.
Bien, a lo que me quería referir. A mí me tocó torear con el tema eclesial recogiendo las aportaciones hechas en el encuentro. No se trata ahora de hacer un informe, pero recojo algunas ideas propias y ajenas que me parecen interesantes.
La primera es que desde los sectores cristianos más en la frontera necesitamos recuperar un cierto entusiasmo eclesial. Nadie s’apunta a la derrota y demasiadas veces en nuestros grupos caemos en la constante recreación sobre todo aquello que no funciona en la Iglesia. Es difícil que así alguien se apunte a nuestro partido. En cambio, tenemos todo el cuerpo doctrinal del Vaticano II todavía no aplicado para difundir. Y dentro del capital doctrinal a explotar, la Doctrina Social continúa siendo “el secreto mejor guardado de la Iglesia”. Este debería ser uno de los nuestras centros de debate y de proyección pública. Y esto también pasa por la crítica a algunas de las herencias de la modernidad.
En un sentido parecido, hay la crítica episcopal. Ciertamente tenemos un perfil medio de obispos que es un problema. Pero, es todavía es más cierto que en otras épocas, con obispos muy peores de los que tenemos ahora hicimos cosas mejores. Yo no estaba, pero cuando sigues los testigos de curas y laicos de los años 50 y 60 esto es una evidencia. No se trata de hacer una iglesia paralela, sino de hacer.
Otro elemento nuevo es que hoy tenemos la generación de laicos más bien formada de la historia, tanto a nivel teológico, como de práctica pastoral, como en el mundo profesional. Sólo como ejemplo, en Cataluña hay 2.200 estudiantes -la mayoría laicos- en los centros de estudios de teología que dependen de la Facultad de Teología de Catalunya; más que curas diocesanos. Hace 20 o 30 años, una laica estudiando teología era la excepción.
Más. Los nuevos cristianos ya no vendrán solos. Los tenemos que ir a buscar. En el cuerpo a cuerpo. Como dijo uno: “aquí no prosperan ni las sectas”. Y esto pide cambiar muchas estrategias pastorales y muchos métodos de nuestros grupos.
Y, finalmente, hoy nuestro contexto es más amplio. Todo análisis y propuesta es necesario enmarcarla en un contexto más europeo, no sólo catalán, vasco o español. Deberíamos volver a tener como punto de referencia Europa, como ya pasó cuando nos ahogaba la Iglesia nacionalcatólica. Y esto también pasa por intensificar todo aquello que sea la colaboración interdiocesana. Cuantos menos seamos, más grande es el peligro de encerrarse.
Haría falta cambiar, pues, estrategias y planteamiento, la única cosa que no debería cambiar es la radicalidad no fundamentalista que ha identificado los grupos de nuestra tradición eclesial. O sea, potenciar la propia identidad, sin romper nunca los puentes de diálogo.
Apuntes para seguir pensando.
Este post es una traducción del post original en catalán de Laeto animo
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Jordi Llisterri i Boix
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