En Barcelona, nada que celebrar
16.06.08 @ 08:58:33. Archivado en Barcelona, División diócesis, Terrassa, Sant Feliu

Este domingo ha pasado sin pena ni gloria el cuarto aniversario de la división impuesta de la diócesis de Barcelona, con la creación de los obispados de Terrassa y de Sant Feliu de Llobregat. He pensado sobre todo en los curas. Me ha quedado la grabada la voz de un cura por teléfono contándome cómo había llorado un curtido sacerdote de la diócesis. O de otros para los que fue motivo de abrir uno paréntesis en su tarea pastoral. Se ha hablado mucho de la división y sus causas están sobradamente documentadas, pero todavía no se ha escrito todo lo que ha sufrido la gente. Singularmente los curas.
Pero cuatro años después también se tiene que recordar que los curas protestaron públicamente y de forma rotunda cuando se anunciaba que podría ser inminente la división. Cuando la decisión se hizo pública con la rubrica de un papa que ya no estaba por estos temas, los curas hicieron lo que pudieron para asumirlo y salir adelante. Eclesialidad a prueba de bomba. Ante la posibilidad de cambiar de diócesis, pocos fueron los curas que salieron corriendo hacia la diócesis del obispo que les gustaba más. Y los que lo tenían que hacer, ya lo han hecho y ya tienen sus cargos diocesanos (me parece que ya sólo queda un capellán en que todavía no ha resuelto su problema).
El balance de verdad sobre los resultados de la división impuesta no se podrá hacer hasta de aquí a diez o veinte años. Por ejemplo, se tendrá que ver que pasará con Terrassa, que ha quedado como la diócesis catalana (y probablemente de toda España) con menos curas por habitante gracias a los “profundos” estudios que precedieron la división. Se debe recordar que lo que se puso en cuestión no fue tanto lo qué podría traer de bueno la división de una gran diócesis, sino que se hiciera por real decreto. Y todavía no se han amortizado todos los peajes de uno división impuesta.
Para decirlo con todas las letras. Terrassa se ha convertido en una unidad pastoral desvinculada de Barcelona, sobre todo porque los dos obispos no se pueden ver entre ellos. A unos les gustará más lo qué hace un obispo y a otros lo qué hace el otro. Pero lo que no puede ser es que los éxitos y fracasos de una diócesis se utilicen contra la otra y que se quiera trabajar como si el área metropolitana no fuera una realidad social extremadamente interelacionada. Y entre Sant Feliu y Barcelona hay más sintonía sobre todo porque hay más complicidad entre los curas, pero Sant Feliu también se encuentra en la necesidad de reforzar su identidad. Al mismo tiempo nadie ha resuelto la patata caliente de la división del patrimonio.
En fin, un conjunto de cosas que se podrían haber evitado. Por eso no parece que haya muchas ganas de celebrar este aniversario.
Este post es una traducción del post original en catalán de Laeto animo
Comentarios:
La división llegó después de un largo y complejo camino (se hablaba de ella desde los 80 no lo olvidemos). Y también hubo en la misma diócesis original errores que lo precipitaron.
Por otra parte, aunque lo nieguen en Sabadell, Terrassa siempre ha tenido una gran personalidad. Y el nuevo obispo ha recogido esa personalidad. Y debo decir que el futuro allí parece prometedor. ¿Seguro que no formas parte tú del grupito barcelonés empeñado en reincorporar las nuevas diócesis?
Piensa, Llisterri, ¿por qué será?
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Jordi Llisterri i Boix
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