Hoy no voy a escribir de política, ni de ZP, ni de Blanco, ni de la crisis, ni de El País, ni del calentamiento climático del cambio global. Solo voy a contar a mi modo una historia de hace casi un siglo sobre unos hombres, algunos de los cuales murieron de hambre, que transportaron durante 198 días, por los hielos de la Antártida, provisiones para la expedición de Shackleton que tenía planeado cruzar el continente y que al final ni siquiera comenzaron la travesía.
Hoy he llevado a mi hija Cristina aun centro comercial en Murcia para que se comprase un bolso y unos zapatos para la boda de su hermana que ya está al caer. Como quiere mucho a su padre y encima me entiende un poco, me dice
- Papá, te busco un bar y me esperas a que compre, tardo media hora.
Hace unos años, cuando Altavista era una maravilla de buscador y el mejor de la red, colocó un traductor de páginas. Era tan burdo en aquellos primeros momentos que lo utilizaba como generador de textos de humor. Para ello escribía un texto en español, se lo pasaba al traductor para obtenerlo en inglés y a continuación ese texto lo volvía a traducir al español. El resultado era hilarante y puedo asegurar que cualquier parecido con el texto original en español era inexistente.
Hoy va del Polo Sur, de una anécdota preciosa sobre la flema británica y dos historias que allí ocurrieron y que desde mi juventud han permanecido grabadas en mi memoria.
He oído y leído a lo largo de mi vida cientos de anécdotas y chistes sobre la flema británica, pero esto que os trascribo de un libro que estoy leyendo bate todo los records. El libro se llama “Eurekas y euforias” de Walter Gratzer.
Domingo, 22 de noviembre
Paco Sande
Francisco Rubiales
Rufino Soriano Tena
Juan Fernandez Krohn
Vicente A. C. M.
Vicente Torres
Pedro Fernández Barbadillo
Manuel Molares do Val
Jesús Montesinos
José Luis Palomera Ruiz