Los fanatismos, radicalismos, extremismos y demencias ecoclimáticas no tienen límites. Un día salen diciendo que la culpa del cambio global del calentamiento climático la tienen los divorciados porque vivir por separado hace que se consuma más energía que si se duerme en una misma cama. Otro día nos dicen que la culpa es de los gordos porque para ir de acá para allá consumen más energía. Otro nos dicen que la culpa es de la corbata porque hace que el aire acondicionado está a menos grados y gasta más. Otro día, no hace mucho, nos dicen que la culpa del calentamiento global es de la natalidad, que nada contamina más que el nacimiento de un bebé, que si los que contaminan son los humanos, evidentemente cuantos menos humanos haya en el planeta menos CO2 perverso irá a la atmósfera. Hoy he leído en The Guardian que lo que realmente hace que el calentamiento global campe a sus calores por las atmosferas y las tierras del planeta es la democracia.
Jueves, 31 de mayo
Pedro Fernández Barbadillo
José Pómez
Vicente Torres
Juan Fernandez Krohn
Vicente A. C. M.
Antonio Cabrera
Manuel Molares do Val
Francisco Rubiales
Raúl González Zorrilla
Rufino Soriano Tena
Miguel Barrachina
Julio César Izquierdo