La Escuadra de Javier Pedreño

Ellas

08.03.18 | 08:36. Archivado en Sociedad, Cartagena, Política

Se preguntaban desde el Secretariado de Igualdad del PP por qué este ensañamiento en montarle las mujeres esta huelga ahora que están mejor que nunca, jamás habían estado así de bien, dicen ellos, los que siguen aprovechándose de la brecha salarial o los que probablemente en el fondo, con tanta igualdad, les acabe dando realmente igual. Otros somos más del convencimiento de que igualar, casi siempre contribuye a la injusticia, que pretender que hombres y mujeres seamos idénticos es no tener claro que no hay peor desigualdad que la pretendida igualdad, sobre todo si está administrada a presión con olla de paridad, de tetas pintadas al aire o de ‘portavozas’.

Si yo fuera mujer y consiguiera un puesto de trabajo por puro cumplimiento de cupo no estoy seguro que lo aceptara, me acabaría sonando a algún tipo de otorgamiento chulesco, como cuando limosneamos de ese modo condescendiente que denigra a quien recibe sin ensalzar a quien da, y es que a la hora de ayudar, de ser solidarios o de pretender igualdad, no todo vale.

Lo peor de estos días son sobre todo esas que a golpe de altavoz cascado se atribuyen el derecho de defender a muchas que lejos de necesitar defensa, flaco favor reciben, porque feminismo no es lo contrario de machismo aunque pretendan atribuirselo. No me caen bien estas feministas, lo reconozco, salvo que fueran como Clara Campoamor que sin necesidad de lanzar sujetadores al aire consiguió que las mujeres votaran por primera vez en España en 1933, luego algunos predecesores de los que aún hoy se preguntan qué es lo que falta por hacer en el asunto de la mujer, se ocuparon de volver a callarlas y que la auténtica realización y cooperación nacional del sexo antes débil fuera preparar las zapatillas y el periódico al hombre de la casa, al que tenía que llenar la nevera, pero nunca literalmente.

El problema fueron ellos, que fueron a su vez educados por mujeres dominadas por otros ellos y nunca he sido capaz de entender cómo puede forjarse un machista siendo su madre una mujer y habiendo sido educado por ella, porque no conozco machistas educados en soledad por padres solteros, que lo mismo también los hay. Y es que el régimen dio tanto de sí que fue capaz de cocinar un modelo por el que el género femenino gestionó un síndrome de estocolmo de tal magnitud que la suegras aún hoy siguen odiando a sus nueras porque no le cocinan a sus hijos varones su plato favorito o no le planchan los pantalones con la raya bien marcada. Nunca el problema fue sólo atribuible a ellos, sino a todos, también a ellas, a las mujeres que hemos sometido a este nefasto modelo orquestado con las mas insoportables dosis de virilidad, porque no es un problema de géneros, sino de personas que tratan desigualmente a otras personas.

Seguimos haciendolo mal, las madres siguen educando mal a sus hijos y a sus hijas, los padres siguen educando mal a sus hijas y a sus hijos y ambos miran para otro lado contribuyendo a producir una generación donde la violencia de género entre los jóvenes no hace más que crecer, cuando sus padres no han conocido la dictadura ni el esperpéntico decálogo de acciones para ser una buena esposa que empezaba con lecciones para poner bien las zapatillas y acaba aconsejando que se fuera dócil y complaciente en la cama.

Yo se que realmente la mujer está cambiando, ya casi conduce igual de mal que nosotros, sólo espero y deseo que no se empiece a parecer del todo, porque perderemos lo bueno de ellas, esa inteligencia natural, ese poder hacer más de una cosa a la vez, esa intuición desmedida, esa capacidad de dedicación a lo que hacen, ese empeño y disciplina en su trabajo, será por eso que siempre he preferido trabajar más con ellas que con ellos, lo mismo es porque tengo mujer, tres hijas, dos nueras, nieta, gata y un canario que siempre acaba trinando en femenino, como a mi me gusta.


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