Tuve la oportunidad de compartir unas horas en el Palacio de Congresos de Madrid con Mario Conde, Joaquín Tamames, M.Angel Calle, la hermana Jayanti y seguro que con un montón de vosotros que andabais por allí. Lo bueno de no conocerse es ese re-conocerse inevitable que se percibe en el ambiente cuando eso que está por encima de las ideas y que no se puede contar, medir o pesar, se da cita entre cuatro o más paredes. Lo poligonal de las cosas acaba encerrando en el mismo círculo aquello que es inequívocamente común en el pensamiento. A eso me refiero y no me preguntéis por nombres. Ni idea. Era la primera vez que asistía a un acto de Ananta y estoy casi seguro que no será la última. Joaquín envió un correo al finalizar el acto a algunos de los que estamos en alguna de las listas y se percibía cierto aire de bueno, bien, pero no llegamos, porque dice él que éramos sólo setecientos. Setecientos pares de ojos que inevitablemente centrados cortaban el aire con el poder que otorga el no-verbo, unificando inequívocamente las miradas hacia el indiscutible punto común. Nada más y nada menos que setecientos. Especial fue el momento en que la hermana Jayanti regalo un rishti a la audiencia que necesitó privarse de oídos para poder escuchar lo que realmente nos estaba diciendo. Debo reconocer que lo de levitar no es mi fuerte, yo soy más de ciencias, seguramente porque aun no he sido capaz de llegar a ese envidiable estado donde las mochilas desafían a la gravedad, dejan de pesar y el equipaje se convierte en nada de nada, o sea nada, que es lo mejor para llevarse a un viaje hacia el Centro. Para los que aun -como yo- no lo habéis conseguido deciros que a la vista de algunas caras no debe ser imposible, vamos, que un día de estos y a la vuelta de la Esquina les pillamos el truco y entre unos y otros conseguiremos socializar el arte de ser almas, no de tenerlas, como bien explicó la hermana Jayanti.
Se dijeron muchas cosas, que si lo correcto es lo que me acerca a las cualidades originales del ser, que si el secreto de la juventud es el aprendizaje permanente, que si entendimiento, silencio, servicio, reemplazo por lo divino y no se cuantos más mensajes, pero lo importante no es lo que se dijo sino lo que no se dijo, lo que se percibía más allá de las palabras o los idiomas, por otra parte comunes, por mucho traductor que quisiéramos ponerle.
Y si después de escuchar unos temas de Ocno -os recomiendo el cd- se remata a alguien con el If (Si...) o con el Si... (If) de Ruyard Kipling recitado por Miguel Angel Calle ya os digo yo que el suelo empieza a quedarse más o menos un palmo por debajo de nuestros aun irremplazables zapatos, así que tiempo al tiempo.
Actos como este no se sí nos llenan de más consciencia, lo que sí nos llenan es de más compañía como mínimo, o lo que es lo mismo evaporan soledad, porque como decía Gala lo mejor de ser solitarios es sentirnos solidarios, solitarios solidarios, como esos setecientos, más o menos, el otro día en el Palacio de Congresos eligiendo Consciencia y compromiso a la hora del shopping con vermouth... tan a mano... y aquí mismo.
Si de casta o calidad de origen hablamos parece que debería venirle de serie, como el airbag a los monovolúmenes, no sólo porque su padre fuera alcalde de Cartagena en los complicados años de la transición (me refiero -por los más jóvenes- a la cosa de pasar de la dictadura a la democracia) o porque él mismo haya sido casi de todo en política en los tiempos en que los discursos se escribían en tren y a lápiz Noris sobre cuadernos cuadriculados de gusanillo al ritmo de un impreciso chuquchú de diez horas y bajo el solidario olor a humanidad que todo vagón Madrid-Murcia (o Cartagena que para el caso es lo mismo) acogía sin discriminación de raza, clase, ideología o religión. Ni siquiera lo de si estudias o trabajas estaba en vigor. Situar a Antonio García Pagán en política no es hablar de siglas, es reconocer sin titubeos otra raza y percibir en la jungla del 82 cómo animales políticos de la casta de Gonzalez, Carrillo, Fraga, Suarez, Tamames o Tierno Galván peleaban en la misma selva y les unía lo suficiente como para que hoy nos sea difícil explicarle a nuestros hijos qué era la dictadura. Son de aquellos que asistieron y vieron como las Cortes de Franco se hacían el harakiri para dar paso a algunos demócratas que ni por su padre se lo harían. Líbreme Dios de comparar pero no puede librarme de situar. Si yo hubiera vivido aquellos tiempos desde dentro seguramente también habría decidido marcharme en el momento en que él lo hizo, es lo que tiene dar futuro por supuesto. Era difícil sospechar entonces que acabaríamos viendo gobernar a un PSOE como el de hoy en un país de nunca-jamás como el de hoy con un Zapatero-dimisión como el de hoy y habría que preguntarles off the record a cualquiera de los citados vivos, para que con la ayuda de los ya muertos fueran capaces de responder coherencia. Pero a todo se acostumbra uno y si no que le pregunten a los licenciados post-grado en oposición permanente y continua del tipo Saura ó Rives por nombrar sólo dos. Uno no puede conformarse eternamente y a perpetuidad con la mediocridad cuando se sabe que una vez fue posible, sin embargo es esa la fauna que reina en la acomodada no-jungla no-política de hoy. Si estoy once años en la oposición no es porque sea mala o malo entre todos los miembros y miembras, más al contrario, si no, no habría durado once años cobrando y lo que es peor, por perder permanentemente. Lo de premiar por el error, como lo de pasar curso con todo suspenso, tiene estos postres. Quien pierde elecciones tiene que irse -no presentarse- para que otros puedan seguir marchándose en el intento, porque a nosotros no nos pagan por conseguirlo, sino por intentarlo y una vez intentado se nos deja de pagar no sea que acostumbrados a tanto numero dos acabemos por renegar del uno, del eje, del centro, donde inequívocamente tenemos que situarnos para no seguir errando. Yo no creo que Antonio, si no gana, siga en política, seguramente viene para quedarse, siempre que sus propios compañeros no sigan apostando por perdedores, que a los 63 años uno ya no tiene el chichi p’a farolillos.
Jueves, 31 de mayo
Antonio Pérez Henares
Bustamante, Arévalo y Pardo de S.
Miguel Ángel Violán
Jaime Rodriguez
Rolando Rodrich
Rafael Moreno Izquierdo
El Espacio del Dircom
José Antonio Piñero
Periodista Digital
Juan Luis Gámez Ortúzar
Antonio Jiménez