Aliados del no
21.06.09 @ 00:11:04. Archivado en Sociedad
No soy capaz de entender cómo se teje la red que nos muestra casi en el mismo cuadrante la muerte del cooperante Vicente Ferrer y la del inspector de policía Eduardo Puelles y si hay algo o no en común salvo la fecha. La esposa de Ferrer sabía que el empeoramiento acabaría con su vida, lo esperaba, la de Puelles supo desde el primer minuto de la explosión que se trataba de su marido, también lo esperaba, sin embargo debían ser distintas las certezas y aunque la muerte nos iguala a todos no es comparable la que administran los pistoleros con la que sobreviene porque la misión ha concluido, porque los años vividos rozan los 90 y porque todo está listo para que casi nada cambie. Así lo había previsto Vicente Ferrer, su fundación seguirá operando y su obra tendrá la continuidad y el futuro que merece y aunque seguro que no será como el otro Vicente Ferrer y no le harán santo, será bastante preguntar a los miles de personas que en la India hoy viven con mas dignidad. Sin embargo lo de Puelles es bien distinto, que aunque su mujer supiera lo que había después del boom, no estaba agendado el asunto para ese día, no estaba previsto, no estaba en la coherente regla natural, no tocaba en definitiva, que confundir lo posible con lo probable trae desastrosas consecuencias. La impotencia se nos vuelve a desbordar, Ferrer solía arremeter contra los políticos, contra los sistemas que generan al final los focos de extrema pobreza y seguramente Puelles habría hecho alguna vez lo propio en vida preguntándose qué políticas evitarán las futuras muertes sin saber bien si la suya estaría entre las evitables o entre las evitadas. Después de la bomba alguien se felicitaba por lo bien que habían trabajado juntos la policía nacional y la autónoma vasca mientras algunos no entendemos que alguna vez fuera de otra manera. La noche más corta del año dejará el día más largo y más doloroso para muchos y la misma noche corta se quedará corta de más para las celebraciones de los del otro lado del gatillo. Lo peor es la inutilidad, porque aun siendo inútil toda muerte, la de Puelles lo es aun más y de diciembre a junio, de solsticio a solsticio se repiten los muertos, que sólo hacía seis meses de los tiros a Uría Mendizabal y en nada hemos cambiado, también fue inútil y mientras intentábamos acostumbrarnos a la normalidad de lo no-útil el contador vuelve a reposicionarse para no dar tregua a la memoria y aventajar el cálculo fácil. Al final la misión es lo que cuenta. Ferrer cumplió con la suya tan bien como Puelles. Ambos sabían que su terreno era de difícil abono y de surco profundo, ambos se mantuvieron firmes en su ideología, en su responsabilidad, a uno le salió bien, esquivó, aguantó las balas que durante años le llovieron por todas partes, miseria, enfermedad, políticos amenazantes, hambre, sueño y necesidad. A otro le salió igual de bien, pero mucho antes, la primera bala fue certera, no hubo tregua, sin embargo eran aliados del no, de la resistencia, del empeño, de la negación, con lo fácil que habría sido para ambos dedicarse a lo otro, a lo que no compromete, a lo que no te sitúa en la mirilla, pero eligieron la contracorriente, permanecer en el compromiso a cualquier precio, el de la vida eterna o el de la muerte eterna, tal vez eso sea ahora sea lo de menos, lo importante es ahondar lo suficiente como para ser capaces de entender por qué algunos dicen no, con lo fácil, lo cómodo, lo seguro y lo barato que siempre ha sido y sigue siendo decir simplemente sí. Seguro que hubo algo que no les dio tiempo a contarnos.
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