Conseguir que 4.700.000 personas se mantengan frente a un televisor con un 30,7 de audiencia y estando el Real Madrid por la otra puerta no parece tarea fácil salvo que se entreviste a Mario Conde. Su blog alcanzaba las 40.000 visitas dos días después, porque el siguiente a la entrevista quedó out, no se sabe bien si fruto de algún devora audiencias enfadado, algún colapso de mucho tren para tan poca vía o simplemente un apagón fortuito. María Antonia Iglesias puso la nota fantasma a la noche y cuando empezó a hablar -a insultar, me refiero- la audiencia cayo a 800.000. Al día siguiente Juan José Millas en un demagógico serpenteo y seguramente porque sólo opinó y a la vista de lo opinado no debió ver la entrevista, ponía de vuelta y media al presidiario, como él le llama, en un artículo malabar difícil de mantener derecho. Atribuir a la izquierda las opiniones de sus más perversos defensores es confundir la mayor y la opinión de la Iglesias, por ejemplo, debe ser suya que ya bastante tiene con ese veneno que si no lo expulsa dentro se le queda, suerte que el apellido debe compensar tanto dardo envenenado porque nada es casual, digo yo. Un 88 por 100 identificó una razón política incluso en la actuación judicial de encarcelamiento lo que demuestra que en esto de las encuestas sólo hablamos de verdad cuando nadie nos ve, como en el País Vasco que unos ganan las encuestas a pie de urna y otros las elecciones a papeleta cerrada. Lo cierto es que cuando nadie se atrevía a hablar bien de Mario Conde porque la aplicación del método que el sistema impuso dio excelentes resultados, seguramente casi todo el mundo pensaba que aquello era realmente un complot político y una encerrona injusta pero nadie se atrevía a pronunciarlo mientras las oscuras noches del alma atravesaban la prisión durante catorce años y ahora, puestos a preguntar, acabamos respondiendo qué nos puede haber pasado. Aquellas cifras de Banesto son para jugar a los rompis comparado con las que nuestro Solbes maneja ahora para las inyecciones a los banqueros y para ser el mismo ministro de entonces, va a ser verdad que nosotros, los de siempre, ya no somos los mismos o al menos no nos acordamos de haber sido aquellos alguna vez. Don Mario está empleado a fondo en el camino personal y espiritual, conferenciando, atendiendo su blog y disparando ideas como que el crédito debe ser un derecho, que los bancos nos están liando, que el hombre debe entender qué significa humanidad o que sin sentido de la trascendencia, mejor nos borramos de todo. Y como yo, serán muchos los que se pregunten qué hay ahora detrás de alguien que no necesita reconocimiento, que no necesita dinero, que no necesita poder ni paginas de prensa porque tiene poco que ganar y seguramente la respuesta es nada, nada hay detrás porque cuando casi todo ha pasado por delante de nuestros ojos y casi todo ha estado en nuestras manos, ya sólo es imprescindible lo esencial y lo esencial seguramente acabe siendo todo aquello que ni vemos, ni vimos ni nunca veremos. Es lo que tiene la luz y la ceguera servidas en el mismo plato, que uno no sabe si lo que ve es todo o si está definitivamente ciego.
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El que quiera saber lo que hay detrás de don Mario, tendrá que recibir la contestación del mismo don Mario.
Pero tratando de lo "esencial" le puedo recomendar que cuando hable de lo que se vió, se ve ó se verá, lo haga por favor "no en plural" sino en singular. Servir la luz y la ceguera en el mismo plato, tampoco és forzosamente el menú de cada uno.
Le deseo que encuentre, lo que a usted mejor le venga.
Lunes, 13 de febrero
Miguel Ángel Violán
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