Mi sastre
12.02.09 @ 10:00:12. Archivado en Sociedad
No dejar de tomar medidas no asegura en ningún caso que el resultado sea un buen traje. Confundir la economía real con la otra no acerca la solución al problema cuando la realidad sigue ajena a las inoperantes medidas y como palos de ciego la real no se da por aludida porque no está, ha salido y no contesta. Un equipo de gobierno que ha gestionado bonanza no está higiénicamente autorizado para gestionar lo diametralmente opuesto y negado hasta la saciedad. Hay muchas personas cercanas al partido del gobierno que serian capaces de gestionar la actual situación con más tino y acierto que quienes se empeñan en medir y medir para dar casi todas las puntadas sin hilo. Asistir a los últimos debates parlamentarios obliga a escribir parlamento con minúsculas, ya no nos merecen y se convierten en un escenario dedicado a salvarse a ellos mismos, que no representan a casi nadie y como los propios actores de una tragicomedia tan mal interpretada como atendida, se votan a ellos mismos mientras nosotros les nominamos. Cuando nadie sabe a dónde vamos, lo único seguro es que acabaremos en otra parte, lo bueno es que esa otra parte será inevitablemente mejor que esta, que ya no nos vale, que ha fracasado, que ha dado la cara, no hay ninguna economía ficticia capaz de no reflejarse en la economía real mas allá de un plazo que por largo que sea es finito y sólo jugando a hipotecar a nuestros nietos seguiremos demostrado que sólo nos importamos nosotros, o mejor yo que nosotros. Parece que tomar medidas para mañana por la mañana, de urgencia, tampoco va a servir y solo conseguiremos perder tiempo, tiza y papel porque antes de dar la primera puntada la medida está caducada en origen, todo avanza más rápido que las propias medidas aplicables, porque cuando de valores se trata la tiza y las medidas no funcionan y esta crisis aunque la llamemos financiera ya todos intuimos que es también una consecuencia de la crisis real y tirando del hilo llegaremos al inevitable ovillo, llegaremos a situar el problema en su origen y habremos empezado a entender la solución. Los valores, lo real, lo serio, lo honesto es el juguete roto. Eso es lo que verdaderamente está en crisis, lo que sigue estando y lo que habrá que reparar, cambiar, reconstruir, redefinir para llegar a la otra orilla y aunque para eso aun falte mucho, tendremos que ponerle dirección al impulso, tendremos que llegar a que nadie quiera tener como modelo a esos a los que hemos aupado entre revistas del corazón y sábados noche de cadena en cadena, tendremos que llegar a estar seguros que un gran banco es solo una gran calamidad y llevar nuestros ahorros a esa caja o banco pequeño, de pueblo, tradicional y seguro, que lo usaba para prestar a los vecinos y que no sabe jugar a tóxicos ni a ficticios, tendremos que llegar a fiarnos más de esa pequeña empresa donde su gente trabaja doce horas todos los días y no consiguen hacerse ricos pero si vivir con dignidad, que de aquella otra que deslumbra jet privados y comisiones. Para que eso llegue mucho ha de llover aun y mucho frío habrá que padecer neutralizado sólo por el mutuo calor que entre todos podemos cedernos, porque el frío es sólo la ausencia de calor. Y hay una medida por la que hay que empezar: el crédito debe ser un derecho, como el agua o internet y como tal ha de gestionarse. Quienes han buscado durante este tiempo su propio beneficio aun a costa de destrozar el traje de todos ya no están legitimados para administrar algo tan importante como el futuro, como el presente o como el crédito. Esto va a ser duro y necesitará una cohesión social importante donde el sacrificio de todos acabe en beneficio de todos y para eso habrá que llegar a acuerdos estructurales y si el despido libre genera empleo habrá que hacerlo y si nacionalizar la banca asegura el crédito a la economía real, habrá que hacerlo y si hay que renunciar a beneficios, habrá que hacerlo, y si hay que comprometer la productividad, habrá que hacerlo y este sastre -ya digo- acostumbrado a trazar con tiza cara sobre cachemir con polvo de oro cuando las sobras se nos caían de la mesa por los dos lados y nadie se preocupaba por ellas tiene demasiadas deudas de inconfesables secretos de alcoba entre clientes y sastre como para gestionar esta delgadez. Este traje necesita menos medidas y mejores puntadas.
Comentarios:
“Insignificantes” ejemplos como estos me hacen pensar y dormir bien. Alguien, algún día se atreverá a decir públicamente que sobramos unos cuantos comensales sobre la Tierra, que la mano del obrero ya no es necesaria, que… Me vuelvo loco. ¿Por donde empezar?
Se muestran únicamente los últimos 40 comentarios de cada post.
autor
Contacto


