Más de setecientas caras quedaban atónitas ante el discurso de D. Luis María Ansón en los salones del Hotel Intercontinental en Madrid. Era previsible que el que fuera director de Alcalá-Meco -D. Jesús Calvo- mientras Conde fue preso, desgranara en primera intervención las interioridades que supone tener bajo su batuta piezas de la talla de San Cristóbal, Mariano Rubio o Mario Conde, sin duda un trabajo comprometido, pero lo de D. Luis Maria no nos lo esperábamos. Los que en la sala le mirábamos atónitos no podíamos creer la posición que inequívocamente estaba asumiendo el que es uno de los hombres más informados de España. Desde la fila cero dijo haber vivido la pura realidad de la operación política contra Mario Conde y cómo los líderes políticos de la época se pusieron de acuerdo en reuniones privadas y secretas para escabecharlo con el único objetivo de destruirle. No podían permitirse que quien había alcanzado la cumbre del liderazgo social pudiera alcanzarla en lo político en un momento en el que la corrupción invadía España y la confianza en los partidos era inútil. La cara del protagonista desplegaba gestos de sorpresa mezclados seguramente con dosis de satisfacción justamente cumplida mientras D. Luis María en un discurso como pocos, se deslizaba cada vez más cerca de lo personal y más lejos de lo políticamente correcto. Cargó como nunca contra casi todo y terminó pidiendo un aplauso de restitución a la figura de Mario Conde. Los que allí estábamos vivimos una sensación contradictoria al sentir tan cerca en el tiempo los años de prisión que Conde relata de una forma amena y novelada en sus ‘Memorias de un Preso’ y tan lejos en la realidad la posibilidad de que algo así pudiera volver a ocurrir a esta alturas del país y de la película, sin embargo el silencio suele apoderarse de casi todos cuando entre todos hemos sido capaces de convertir por decreto en débiles a los fuertes y aun hoy muchos despliegan el discurso fácil sostenido en sentencias o fallos judiciales, aunque ya se sabe que gritar más fuerte una mentira nunca concedió más razones por alto que fuera el volumen del altavoz. Es verdad que las cifras de Banesto del 94 son de risa comparadas con las cedidas a los bancos hace semanas o meses en la actual crisis. Por decreto hoy ayudamos a los bancos con problemas y ayer encarcelábamos a sus directivos, pero esa es la grandeza de la especie humana, que encierra en su interior la difícil subespecie de los políticos, que aunque parezca que aprenden con el tiempo, al final son sólo movimientos gestionados y la misma persona en el mismo ministerio -Solbes digo- nos podrá demostrar lo hecho y su opuesto en el mismo discurso con alguna década de diferencia. Nuestro cometido, el de los ciudadanos, no es otro que no caer, mantenernos firmes en el propósito del análisis intentando descifrar por qué con la que esta cayendo nadie escucha decir nada a quienes deberían desplegarse a gritos empezando por las universidades y terminando por los sindicatos, cuando por si fuera poco y por decreto nos acaban de bajar a todos el sueldo en el mismo porcentaje que nos subirán el IVA para con él pagar el error también cometido por ese banco amigo que embargó el piso de mi vecino que avalado por su padre, jubilado, arrastro también el suyo y que hoy viven, ambos, en otro piso de acogida de Cáritas y que cuando bajen al supermercado a partir de julio se van a sentir corporativamente aliviados por haber contribuido a paliar esta crisis además de con sus casas, con un nuevo 2% más en la caja del super. No es posible hacerlo tan mal y tantas veces seguidas, por eso conviene no perder la memoria y menos la de un preso y atender y hacer valer convenientemente las tesis de quienes ya han pasado por casi todo, que la antigüedad, es un grado.
No soy capaz de entender cómo se teje la red que nos muestra casi en el mismo cuadrante la muerte del cooperante Vicente Ferrer y la del inspector de policía Eduardo Puelles y si hay algo o no en común salvo la fecha. La esposa de Ferrer sabía que el empeoramiento acabaría con su vida, lo esperaba, la de Puelles supo desde el primer minuto de la explosión que se trataba de su marido, también lo esperaba, sin embargo debían ser distintas las certezas y aunque la muerte nos iguala a todos no es comparable la que administran los pistoleros con la que sobreviene porque la misión ha concluido, porque los años vividos rozan los 90 y porque todo está listo para que casi nada cambie. Así lo había previsto Vicente Ferrer, su fundación seguirá operando y su obra tendrá la continuidad y el futuro que merece y aunque seguro que no será como el otro Vicente Ferrer y no le harán santo, será bastante preguntar a los miles de personas que en la India hoy viven con mas dignidad. Sin embargo lo de Puelles es bien distinto, que aunque su mujer supiera lo que había después del boom, no estaba agendado el asunto para ese día, no estaba previsto, no estaba en la coherente regla natural, no tocaba en definitiva, que confundir lo posible con lo probable trae desastrosas consecuencias. La impotencia se nos vuelve a desbordar, Ferrer solía arremeter contra los políticos, contra los sistemas que generan al final los focos de extrema pobreza y seguramente Puelles habría hecho alguna vez lo propio en vida preguntándose qué políticas evitarán las futuras muertes sin saber bien si la suya estaría entre las evitables o entre las evitadas. Después de la bomba alguien se felicitaba por lo bien que habían trabajado juntos la policía nacional y la autónoma vasca mientras algunos no entendemos que alguna vez fuera de otra manera. La noche más corta del año dejará el día más largo y más doloroso para muchos y la misma noche corta se quedará corta de más para las celebraciones de los del otro lado del gatillo. Lo peor es la inutilidad, porque aun siendo inútil toda muerte, la de Puelles lo es aun más y de diciembre a junio, de solsticio a solsticio se repiten los muertos, que sólo hacía seis meses de los tiros a Uría Mendizabal y en nada hemos cambiado, también fue inútil y mientras intentábamos acostumbrarnos a la normalidad de lo no-útil el contador vuelve a reposicionarse para no dar tregua a la memoria y aventajar el cálculo fácil. Al final la misión es lo que cuenta. Ferrer cumplió con la suya tan bien como Puelles. Ambos sabían que su terreno era de difícil abono y de surco profundo, ambos se mantuvieron firmes en su ideología, en su responsabilidad, a uno le salió bien, esquivó, aguantó las balas que durante años le llovieron por todas partes, miseria, enfermedad, políticos amenazantes, hambre, sueño y necesidad. A otro le salió igual de bien, pero mucho antes, la primera bala fue certera, no hubo tregua, sin embargo eran aliados del no, de la resistencia, del empeño, de la negación, con lo fácil que habría sido para ambos dedicarse a lo otro, a lo que no compromete, a lo que no te sitúa en la mirilla, pero eligieron la contracorriente, permanecer en el compromiso a cualquier precio, el de la vida eterna o el de la muerte eterna, tal vez eso sea ahora sea lo de menos, lo importante es ahondar lo suficiente como para ser capaces de entender por qué algunos dicen no, con lo fácil, lo cómodo, lo seguro y lo barato que siempre ha sido y sigue siendo decir simplemente sí. Seguro que hubo algo que no les dio tiempo a contarnos.
El día después siempre es un mal día, tanto cuando el que lo precedió anduvo cargado de buenaventura y el de después añora lo pasado con querencia a la barra del ayer cercano, como cuando fue el más desastroso y entonces viene seguido de la resaca del alma o de las entendederas, buscando poner tierra o tiempo cuando menos de por medio. Y es que visto así ningún día sería mejor que ayer y el mañana aseguraría siempre un desastre previsible. Es lo que más o menos nos ocurre cuando hoy queremos todo de golpe y el futuro más lejano es también hoy y todo se reduce a esto, a aquí, a eso, a dame, a quiero, a tengo o a ya es. Probablemente sean los tag mas usados y así se lo hemos hecho saber a ellos y lo de lamentarse ahora es tardío y sobre todo ineficiente. Explicar que la cosa no va de una noche, que el amor es otra cosa, que un polvo es un polvo y que el post-coito queda más cerca de los abrazos, de los amaneceres o del y yo a ti, que de una farmacia de guardia, por muy en la misma calle que se encuentre, se hace complejo para una generación que vivíamos el pre, el in y el post (al coito me refiero) de otra inevitable manera. Por mucho que lo intentemos no seremos capaces de explicarlo ni aun menos de sostenerlo mas allá de la carcaza carroza que depende de la hora fuera princesa o calabaza y eso dando por hecho que aun pueda haber cabida para princesas en algún momento de la noche. Tal vez nosotros, los de antes, seríamos los mismos hoy que ahora son ellos y diríamos y tú más, o aquí te pillo y mañana te mato sin ningún problema y todo es producto de una especie de envidia irreversible o más inalcanzable que reversible. Lo mismo nos apuntaríamos a lo mismo y discutirlo va en nuestra nómina porque la tenemos y ellos no, porque ni la tienen, ni aspiran a ella en el próximo futuro -entre hoy y mañana me refiero con lo del futuro-. Culparles es fácil. Culparnos también. Y ahora con la culpa o la no-culpa a cuestas y unos pocos euros podemos ir al cine, o a tomar una caña, o tal vez y entre los más aventajados nos atrevamos a mantener un intenso debate entre unos cuantos y cuantas de los que nunca compraríamos nada el día después, primero porque lo mismo el de antes no habrá ocurrido nada o de haber ocurrido las barreras y los planes estaban tan escritos como la historia porque la incertidumbre ya no juega a nada a estas alturas de la película. Hace unas semanas firmé no se qué papel para que mi hija pudiera hacerse un tatuaje, el caso es que no me dejó ni elegirlo, mi parte del trato terminaba con la firma y unos euros. Con lo de abortar ya no será lo mismo y daría igual quien firmara o no-firmara y digo yo que al menos habría que hablarlo, como lo del tatu, o tal vez no, que si el día después viene cargado de hormonas tipo aquí paz y después gloria o re-gloria para el fin de semana, igual nos da porque nosotros -no empeñaos compañeros- ya no nos enteramos de nada o de casi nada y al coito le llamamos hacer el amor y al post-coito llevar el desayuno a la cama. Estamos rematada e irrecuperablemente perdidos.
Probablemente haga falta un desmontable de esos con los que reparamos los pinchazos de nuestras bicicletas a contrabache aun no asfaltado, para hacer saltar al concejal Pérez Abellán de su sillón del Ayuntamiento de Cartagena. Dieciocho años de Ayuntamiento y doce de gobierno son muchos plenos, plomos y planos para tirar todo por la borda por un calentón del jefe o la jefa -nunca se sabe- total por una recomendación de nada. Y es que cuando de perder silla se trata son todos rapidísimos para identificar quien les manda: los votantes -claro- quienes le dimos el acta municipal y no el partido, se repiten hasta atragantarse y se les llena la boca para explicar lo de el gato es mío y me lo cargo cuando quiero, como nunca antes se habrían atrevido por más que desde este lado de la papeleta se les explique por activa y pasiva que aquí creíamos que mandaban los votantes desde siempre, no solo cuando les conviene. A final atrapasillones empapados en loctite que antes pierden la piel que dos patas de la silla. Y es que después de dieciocho años lo mismo uno ya no sabe hacer otra cosa o se ha acostumbrado a que le rueguen peticiones y la vara de medir, como la del Cesar, como de poner o no rotonda o poner o no semáforo, acaba generando esa capa maliciosa de autoestima que muta rayando en lo soberbio cuando hay que volver a desnudarse y quedarse como hace dieciocho años, en bolas y en la calle y va a ser que no, que nosotros, los de antes, ya no somos los mismos. Uno al final se acostumbra a todo y esta cara que nos muestra la política-caudillaje administrada en vena es mucho polvo para poco corazón. El otro día hablaba con un cargo de la Junta de Andalucía que me explicaba que lo que le sobraba al Chavismo era Chaves y que tantos años de poltrona acaban acaudillándolo todo. Como al PNV le sobra Ibarretxe y ya terminan explicándolo los votos alto y claro . Lo del hijo y las adjudicaciones es una tontería sin ninguna importancia y sobre todo de trascendencia inútil, lo importante es cómo todos se echan las manos a la cabeza por una simple gota en el nunca desbordado vaso, como si fuera veneno puro y como escenifican la coherencia y la honradez en su particular teatro de la democracia y como se niegan unos a otros, como pedros por su casa y madrugada de jueves santo diciendo que no, que si te vi no me acuerdo o que y tú más que será el segundo acto de esta entrega como la cosa no acabe con baja definitiva rápida y silenciosa. Y eso debe ser lo que realmente unos temen y a otros nos gustaría y queremos como las lentejas, que se peguen y se peguen mientras no se maten, hasta cantar traviatas por los cajones de los despachos. Que el concejal se mantenga fiel a sus votantes y enarbole su acta como si fuera suya y hasta que no le echen los votantes no se vaya, va a dar de sí lo suyo y será divertido como poco, que lo mismo nos hacemos Vestringes de la vida a ver qué tal nos trata la oposición y si esto no les gusta a los de la vara de mandar, que se apunten al cambio de la ley electoral y que no se voten listas, sino personas, o al revés, pero todo no puede ser verdad y simultáneamente. Yo creo que Pérez Abellán debe quedarse, apuntarse al Psoe, -que eso es lo de menos- plantarle cara a Barreiro, meter un poco de virugi al asunto cartagenero y de paso poner los semáforos y rotondas que aun nos debe a todos esos votantes de los que se erige garante, que las cosas a medias no las deja ninguno de Pozo Estrecho, me han dicho a mí.
Conseguir que 4.700.000 personas se mantengan frente a un televisor con un 30,7 de audiencia y estando el Real Madrid por la otra puerta no parece tarea fácil salvo que se entreviste a Mario Conde. Su blog alcanzaba las 40.000 visitas dos días después, porque el siguiente a la entrevista quedó out, no se sabe bien si fruto de algún devora audiencias enfadado, algún colapso de mucho tren para tan poca vía o simplemente un apagón fortuito. María Antonia Iglesias puso la nota fantasma a la noche y cuando empezó a hablar -a insultar, me refiero- la audiencia cayo a 800.000. Al día siguiente Juan José Millas en un demagógico serpenteo y seguramente porque sólo opinó y a la vista de lo opinado no debió ver la entrevista, ponía de vuelta y media al presidiario, como él le llama, en un artículo malabar difícil de mantener derecho. Atribuir a la izquierda las opiniones de sus más perversos defensores es confundir la mayor y la opinión de la Iglesias, por ejemplo, debe ser suya que ya bastante tiene con ese veneno que si no lo expulsa dentro se le queda, suerte que el apellido debe compensar tanto dardo envenenado porque nada es casual, digo yo. Un 88 por 100 identificó una razón política incluso en la actuación judicial de encarcelamiento lo que demuestra que en esto de las encuestas sólo hablamos de verdad cuando nadie nos ve, como en el País Vasco que unos ganan las encuestas a pie de urna y otros las elecciones a papeleta cerrada. Lo cierto es que cuando nadie se atrevía a hablar bien de Mario Conde porque la aplicación del método que el sistema impuso dio excelentes resultados, seguramente casi todo el mundo pensaba que aquello era realmente un complot político y una encerrona injusta pero nadie se atrevía a pronunciarlo mientras las oscuras noches del alma atravesaban la prisión durante catorce años y ahora, puestos a preguntar, acabamos respondiendo qué nos puede haber pasado. Aquellas cifras de Banesto son para jugar a los rompis comparado con las que nuestro Solbes maneja ahora para las inyecciones a los banqueros y para ser el mismo ministro de entonces, va a ser verdad que nosotros, los de siempre, ya no somos los mismos o al menos no nos acordamos de haber sido aquellos alguna vez. Don Mario está empleado a fondo en el camino personal y espiritual, conferenciando, atendiendo su blog y disparando ideas como que el crédito debe ser un derecho, que los bancos nos están liando, que el hombre debe entender qué significa humanidad o que sin sentido de la trascendencia, mejor nos borramos de todo. Y como yo, serán muchos los que se pregunten qué hay ahora detrás de alguien que no necesita reconocimiento, que no necesita dinero, que no necesita poder ni paginas de prensa porque tiene poco que ganar y seguramente la respuesta es nada, nada hay detrás porque cuando casi todo ha pasado por delante de nuestros ojos y casi todo ha estado en nuestras manos, ya sólo es imprescindible lo esencial y lo esencial seguramente acabe siendo todo aquello que ni vemos, ni vimos ni nunca veremos. Es lo que tiene la luz y la ceguera servidas en el mismo plato, que uno no sabe si lo que ve es todo o si está definitivamente ciego.
No dejar de tomar medidas no asegura en ningún caso que el resultado sea un buen traje. Confundir la economía real con la otra no acerca la solución al problema cuando la realidad sigue ajena a las inoperantes medidas y como palos de ciego la real no se da por aludida porque no está, ha salido y no contesta. Un equipo de gobierno que ha gestionado bonanza no está higiénicamente autorizado para gestionar lo diametralmente opuesto y negado hasta la saciedad. Hay muchas personas cercanas al partido del gobierno que serian capaces de gestionar la actual situación con más tino y acierto que quienes se empeñan en medir y medir para dar casi todas las puntadas sin hilo. Asistir a los últimos debates parlamentarios obliga a escribir parlamento con minúsculas, ya no nos merecen y se convierten en un escenario dedicado a salvarse a ellos mismos, que no representan a casi nadie y como los propios actores de una tragicomedia tan mal interpretada como atendida, se votan a ellos mismos mientras nosotros les nominamos. Cuando nadie sabe a dónde vamos, lo único seguro es que acabaremos en otra parte, lo bueno es que esa otra parte será inevitablemente mejor que esta, que ya no nos vale, que ha fracasado, que ha dado la cara, no hay ninguna economía ficticia capaz de no reflejarse en la economía real mas allá de un plazo que por largo que sea es finito y sólo jugando a hipotecar a nuestros nietos seguiremos demostrado que sólo nos importamos nosotros, o mejor yo que nosotros. Parece que tomar medidas para mañana por la mañana, de urgencia, tampoco va a servir y solo conseguiremos perder tiempo, tiza y papel porque antes de dar la primera puntada la medida está caducada en origen, todo avanza más rápido que las propias medidas aplicables, porque cuando de valores se trata la tiza y las medidas no funcionan y esta crisis aunque la llamemos financiera ya todos intuimos que es también una consecuencia de la crisis real y tirando del hilo llegaremos al inevitable ovillo, llegaremos a situar el problema en su origen y habremos empezado a entender la solución. Los valores, lo real, lo serio, lo honesto es el juguete roto. Eso es lo que verdaderamente está en crisis, lo que sigue estando y lo que habrá que reparar, cambiar, reconstruir, redefinir para llegar a la otra orilla y aunque para eso aun falte mucho, tendremos que ponerle dirección al impulso, tendremos que llegar a que nadie quiera tener como modelo a esos a los que hemos aupado entre revistas del corazón y sábados noche de cadena en cadena, tendremos que llegar a estar seguros que un gran banco es solo una gran calamidad y llevar nuestros ahorros a esa caja o banco pequeño, de pueblo, tradicional y seguro, que lo usaba para prestar a los vecinos y que no sabe jugar a tóxicos ni a ficticios, tendremos que llegar a fiarnos más de esa pequeña empresa donde su gente trabaja doce horas todos los días y no consiguen hacerse ricos pero si vivir con dignidad, que de aquella otra que deslumbra jet privados y comisiones. Para que eso llegue mucho ha de llover aun y mucho frío habrá que padecer neutralizado sólo por el mutuo calor que entre todos podemos cedernos, porque el frío es sólo la ausencia de calor. Y hay una medida por la que hay que empezar: el crédito debe ser un derecho, como el agua o internet y como tal ha de gestionarse. Quienes han buscado durante este tiempo su propio beneficio aun a costa de destrozar el traje de todos ya no están legitimados para administrar algo tan importante como el futuro, como el presente o como el crédito. Esto va a ser duro y necesitará una cohesión social importante donde el sacrificio de todos acabe en beneficio de todos y para eso habrá que llegar a acuerdos estructurales y si el despido libre genera empleo habrá que hacerlo y si nacionalizar la banca asegura el crédito a la economía real, habrá que hacerlo y si hay que renunciar a beneficios, habrá que hacerlo, y si hay que comprometer la productividad, habrá que hacerlo y este sastre -ya digo- acostumbrado a trazar con tiza cara sobre cachemir con polvo de oro cuando las sobras se nos caían de la mesa por los dos lados y nadie se preocupaba por ellas tiene demasiadas deudas de inconfesables secretos de alcoba entre clientes y sastre como para gestionar esta delgadez. Este traje necesita menos medidas y mejores puntadas.
El ayuntamiento de Cartagena sigue ajeno a esto de no poder pagar la hipoteca y nos remacha el 4,5% de subida en impuestos cuando el ipc nos ha dejado tiesos como el uno y la mojama que no hemos visto ni de lejos esta navidad. Dicen que la cuenta estaba hecha de antes, que no pueden dejar la cosa para última hora y que cuando hicieron el recuento estaba el asunto al cuatro. Con la de temas importantes que dejan para mañana y la prisa y lo cumplidores de fechas que se nos ponen para otras. Dice Cabezos que cuando iba en contra también lo hicieron así y que somos todos muy demagogos y digo yo que repartir abundancia no tiene mérito, que cuando la pasta aflora nos da igual el 3 que el 3,2 pero repartiendo escasez es cuando un político tiene que dar la talla que lo de inundarnos en miseria y encima no poder repartirla y que se nos quede pegada a la espalda como una chepa malabar ya sabemos hacerlo sin su ayuda. Claro, que no crean que esto tiene que ver con el color político, nada más lejos, tiene que ver sólo con quién pone la mano palma arriba para que caigan y suene el clin clin de cada euroimpuesto. El gobierno central hace lo mismo, además de autorizar subidas del 3,4 a sus primos las eléctricas o un parecido 3,6 a sus compadres del gas. Lo peor es tener que escuchar al ministro Sebastián diciendo que estas eléctricas tienen déficit tarifario mientras simultáneamente dicen haber ganado un 134% más en el 2008 y con esos índices de beneficio todos entendemos que a un gobierno le salga la vena filantrópica y permita subidas por encima del ipc y que las paguemos todos, que a solidaridad no hay quién nos gane. En cualquier caso -ya digo- que nuestro ayuntamiento ha ganado a todos en la cifra en un punto que al menos estos se quedaron en el 3,4. Todo suena a una insoportable tomadura de pelo, como los tropecientos mil millones supuéstamente cedidos y entregados a la banca y de los que aun no hemos visto ni el color de un billete de cinco euros, que mi banco y el suyo siguen con el crédito trincado, pagando sus púas internas para que todo quede en casa, las financieras sin autorizar ni quinientos euros para mercarse un R18 con la itv recién pasada y la gente del automóvil empieza a autoinmolarse unos y a autolargarse otros. Pero ya nadie habla de aquella foto de Botín y los tirantes ocupando los tres cuartos del sofá y Zapatero cabizbajo en el otro cuarto restante. Sépase quién manda. Hasta ahora nos consolaba el mal de muchos y el fíjate tú allí, la que están pasando, pero ahora se sabe que lo que nos está pasando aquí no esta pasando ni en Europa y aun menos en EEUU o al menos a nosotros nos pasa más que al resto. La diferencia sí que se sabe donde está: mientras Obama dice a los suyos que esto esta complicado, que vamos a aplicar estas y aquellas medidas, que vamos a hacer país y todo porque tienen el mayor indice de paro de su historia, un 6,5%, aquí con un previsto del 13% -más del doble que allí- para este trimestre, sacamos la guitarra y dejamos que pase el tiempo a ver si todo se arregla sólo, eso sí sólo pero sin discutir de la parte del pastel que les toca a ellos, así nosotros sabemos que aunque parezca que estamos subiendo a coger brevas, realmente acabaremos en minutos, bajando inevitablemente a llevar palos.
Jueves, 31 de mayo
Antonio Pérez Henares
Bustamante, Arévalo y Pardo de S.
Miguel Ángel Violán
Jaime Rodriguez
Rolando Rodrich
Rafael Moreno Izquierdo
El Espacio del Dircom
José Antonio Piñero
Periodista Digital
Juan Luis Gámez Ortúzar
Antonio Jiménez