Para circo el nuestro
27.09.08 @ 20:19:51. Archivado en Sociedad
He de reconocer que no soy un apasionado de las Fiestas de Cartagineses y Romanos, es por eso que estos días los he pasado sin mayor problema y confieso la poca afectación que produce en mí la suspensión del circo, el barro en los campamentos o simplemente la lluvia mojándolo todo, como es su obligación por el mes de septiembre en Cartagena. Si usted pone en google cartagineses+romanos+cartagena+suspendido+lluvia le aparecerán unas 340 entradas aproximadamente, que no son nada comparado con las que tuvieron que tirarse a la papelera a las puertas del circo suspendido este año al igual que otros próximos y pasados septiembres. Tengo claro que es difícil cambiar el viernes santo de semana y de día y que todos los años cayó y caerá en viernes santo, también es complicado cambiar de día la nochebuena, que lo mismo este año cae otra vez en 24 de diciembre, pero una fiesta que nada tiene que ver con los calendarios religiosos, que la empezamos y terminamos cuando queremos, que nos la hemos inventado mismamente nosotros mismos y la hemos forjado a nuestro antojo, por qué ha de hacerse en el peor momento meteorológico -como mínimo- para Cartagena. No se puede elegir tan mal. En septiembre de 1919 el agua alcanzo 3,2 m en la calle Real y 3 m. en la del Carmen y Santa Florentina, hasta 14 veces se contabilizaron inundaciones muy graves en el pasado siglo por septiembre. Cierto es que tampoco nos vamos a inundar todos los septiembres de la historia y de cualquier siglo, pero que como mínimo llueve y con muchas ganas todos ellos es meteorológicamente evidente. Si yo fuera festero o incluso cartaginés o romano, estuviera todo el año preparando el día, me hubiera gastado una pasta en el traje, el casco o el espadón y me pasara esto de cada tres veces dos sin que mis mayores hicieran nada por resolver un problema, que como es del tiempo parece que les fuera ajeno, les aseguro que me habría borrado del todo y para todo, pero si no fuera festero y fuera solo ciudadano cartagenero -que no cartaginés- paganini de impuestos y viera como la parte de ellos que se dedica a ayudar en las fiestas se esfumara en el aire pagando extras y subcontratas a quienes permanecen bajo techado mientras ven el agua caer y los cuartos pasar hacia el bolsillo porque ya decía el contrato que si llueve cobro igual, también me borraría, solo que de eso no puedo y por eso protesto. Decir que el tiempo es un imponderable es una buena excusa cuando todos sabemos que siempre que pasa igual sucede lo mismo, que las estadísticas fallan poco y que en julio no llueve casi nunca y en septiembre casi siempre. Yo me imagino estas fiestas en julio, sin el sofocante calor de agosto y sin las marejadas de septiembre, la mar de músicas sonando de fondo, la ciudad inundada hasta las trancas pero de turistas, los niños y los mayores de vacaciones, la luna llena asomándose al campamento a eso de las cinco de la mañana y esa brisa que recorre la ciudad la mayoría de las noches de julio refrescando cara y espalda y me dan ganas de apuntarme a cualquier legión que me admitiera. A lo mejor es que como unos y otros son guerreros, les gusta la pelea de alto riesgo y por eso lo de septiembre, pero luchar porque salga el sol es guerra perdida cuando se juega con dineros que no son nuestros, con ilusiones nuestras pero sobre todo de otros, con cientos o miles de personas y empresas, desde feriantes hasta hosteleros, para los que suspender el circo o embarrarse el campamento va mas allá de un ‘ahaaá qué mala suerte hemos tenido que se me ha puesto la túnica perdida’ y lo de jugar para perder siempre o casi siempre va a ser que no, que el año que viene lo de mi traje -y nuestro circo- me lo gasto en gambas y que se moje el que eligió la fecha -he oído ya decir a más de cuatro-.
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