Dopado me quedo
12.08.08 @ 01:22:34. Archivado en Sociedad
Juro por las bragas de Mafalda que no me gusta el deporte. Ni siquiera el futbol -que no se si lo es- aunque sí me hace girar la cabeza ver pasar la F1 a toda mecha y esa lluvia azul o roja que se desprende del casco de Alonso como si fuera sudor -antes más- y esa sacudida de pelambrera que siempre queda ordenada y peinada en medio del caos haya podium o abandono, pero eso no es deporte, que son carreras de coches. Cuando uno hace algo por deporte es sinónimo de por afición, por dedicación, por entusiasmo, por entrega desinteresada y casi nunca remunerado. Los que trabajan en oenegés lo hacen por deporte, ¿crees que estoy aquí por deporte? reclama mi tendero cuando le pido un descuento. Ese que se pasa la tarde fuera de cobertura pintando soldaditos de plomo también lo hace por deporte y jamás se le ocurriría comprarlos pintados y poner en la vitrina los he pintado yo, sin embargo algo hemos hecho mal con el deporte para que acabe convertido en una carrera de yupies dedicados a poner toda la carne en el asador para luego hacer caja y seguir llamando deporte a lo que es simplemente un negocio más y en el neg-ocio, que es la negación del ocio, vale todo menos perder. El fin justifica los medios y hoy es imposible abrir un negocio sin padrinos, acertar una quiniela por casualidad o que un deportista pueda ganar algo sin ir convenientemente aderezado. Tenemos entonces lo que nos merecemos y no se qué manos se llevan ahora todos a la cabeza porque una chica -segura de haber sido pillada- agarra la crisis de ansiedad y el billete y se vuelve a casa. El único problema es que le ha tocado a ella, como le podía haber tocado a otro, como los radares que siempre nos pillan a nosotros y se salvan los demás yendo delante y detrás a la misma velocidad. Yo soy un pésimo conductor porque tengo menos puntos que otros que simplemente han tenido más suerte y la brillantina de la matrícula les libró del radar. Empalagoso ver a supuestos deportistas y autoridades poniendo verde a la muchacha como si no hubieran roto una ampolla de EPO en su vida y es que ese es el discurso que vende, pío pío que yo no he sido. Uno que tampoco entiende de medicina, se explica malamente cómo es posible que cuerpazos sometidos al mejor y más puro tramite y derroche de salud se desplomen en un campo sin razón aparente ahora que su equipo gana y gana y después del drama aquello cae en espiral como si a todos se les hubiera acabado la mecha de pronto. En 1997 ya habían muerto 20 ciclistas en menos de un año por consumir eritropoyetina, qué será diez años después con lo que sube todo. Poner cara de circunstancias y echar toda la tierra posible a la que ha tenido la mala suerte de que le toque el vampiro es lo que conviene en este sistema de timo aceptado donde lo importante jamás fue participar, o ganas o vete a casa que no estamos para perder tiempo viendo paparajotes moverse. Por eso -ya digo- que no me gusta el deporte y menos ahora, que después del incidente seguro que nos traeremos menos medallas y va a ser seguro por el gran desánimo que en el honor de todo el equipo olímpico ha producido este lamentable, inexplicable y nunca imaginado incidente. Dopado me quedo.
Comparte esta información
Comentarios:
Aún no hay Comentarios para este post...
Se muestran únicamente los últimos 40 comentarios de cada post.
autor
Contacto








