El suplicio municipal de estadística
03.07.08 @ 08:40:22. Archivado en Cartagena
Si a eso de las 9 de la mañana se dejan caer por la oficina de estadística de nuestro ayuntamiento porque necesiten un simple certificado de empadronamiento experimentaran una de esas sensaciones que entre la bipolaridad y el seguir durmiendo intentará despejar en que año, siglo y país se encuentra. Un expende ticket rojo-carnicería, protagonista principal, se dejará arrancar unas docenas de números y a puñados, que en primera convocatoria se repartirán algunos madrugadores representantes de cada etnia y país mientras lo abrazan y custodian ordenadamente. Mohamed pillará 22, Anselmo Luis otros tantos, más o menos los mismos que Rodolfo Invicto y con maestría y madera de liderazgo se ocuparán cada uno de ir repartiendo entre los suyos a medida que avance la mañana y sus compatriotas vayan apareciendo. Usted se preguntará por que Rosa Camila recién llegada lleva el 122 y usted que llego mucho antes el 212. Los avisos son claros en negro sobre blanco mugre fotocopia, espere fuera, es decir, pille el numerito, póngase a la solana y prepárese a esperar una media de 3 horas. En ese tiempo usted podrá disfrutar de un desfile de razas, costumbres, rasgos y sobre todo olores, como si de un muestrario de la Expo se tratase e ira comprobando como la pequeña plaza que precede a la oficina del servicio se va nutriendo de más y más personal a medida que avanza el sol, la mañana y el enfado. De vez en cuando algún jubilado con traza cartagenera y como buscando igual preguntará ¿es cola o manifestación? Cola abuelo, no le va a dar tiempo a recoger al nieto y marchará por donde vino. A eso de las 13,00 h. su número irá ganando puestos en el pequeño marcador de dentro y ya estará a solo dos pasos de la ventanilla que es única no porque se pueda hacer todo, sino porque sólo había una persona cuya simpatía, eficiencia y dedicación, alabo y reconozco, completamente desintegrada de tan hostil medio. Fue resolutivo y sobre todo amable. Detectó inmediatamente que mi español era nativo y tuvo que poner mucho menos esfuerzo en realizar el impecable trámite. Ya estoy listo para ir a la otra ventanilla única, ahora de la Comunidad Autónoma en la calle Campos y tragar otra de anunciado tercermundismo, pero no, aterrizo en otro país. Dependencia rodeada de pantallas como la bolsa de New York, un funcionario que entrega tikets y sólo uno por persona, cómodos asientos para todos y docenas de mesas con enormes displays visibles desde todo ángulo, sillones confidentes tipo no tenga prisa enfrentados a también resolutivos funcionarios, revistas y periódicos para todos y para la cortísima espera y un aire acondicionado a mejor grado que el del ministro ahorrador y descamisado. También había inmigrantes -claro- pero no se notaban, como buen camaleón adaptándose a todo entorno posible, del cayuco al crucero de lujo y a la inversa sin temblarles un ápice la expresión y denotando su amplia experiencia en integración y entornos, supongo que nada sorprendidos por las dos Españas vividas en menos de 800 metros de distancia. Lo peor es que también está igual de bien dotada de medios la oficina de la Seguridad Social de Angel Bruna y casi todas las dependientes tanto de la administración central como de la autonómica y sólo la capitaneada por este ayuntamiento presenta tufo a gueto y a los años del vuelva usted mañana de Larra. Barreiro dice que los medios de atención al ciudadano son buenos en Cartagena, no se si porque no considera ciudadanos a los inmigrantes o porque tampoco me considera a mí o a usted caso de que tengamos que hacer alguna gestión ahora mayoritariamente reservada a inmigrantes. El caso es que para la próxima lo tengo meridianamente claro, o cambian ese antro que se empeñan en llamar Servicio Municipal de Estadística de Cartagena o me empadrono en Murcia, lo juro.
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