Vengo repitiendo hace mucho que no nos merecemos esta clase política donde la mediocridad se ha instalado como ingrediente imprescindible de cabeza de lista y las honrosas excepciones acaban o en el trastero o en la diana de sus correligionarios hasta conducirlos también al inevitable trastero. La mejor manera de ganar carreras no es ser el más rápido sino conseguir rodearse de los más lentos y es una premisa infalible para construir listas electorales, lo que nos ha llevado a padecer el panorama que hoy soportamos. Ya no hay raza política sino raza mediática y desde esa raza se planea, se dibuja, se concibe el formato político que conviene y el marketing juega como si de vender cocacola se tratase, un producto, al fin y al cabo, para ser consumido por consumidores que inevitablemente han de engullir con ancha tragadera que no hay más plato donde elegir porque los medios son, además del metre inevitable que presenta carta inevitable, pésimos cocineros para los enjaulados comensales.
El Psoe no está desgastasdo por su tarea de gobierno, sino porque cuando sobreviene lo imprevisto es todo improvisación y farfulleo incontrolable y frente a él un PP con un discurso revanchista, pobre, caducado como los yogures y más repetido que una sobremesa de fabes con panceta. Ya sólo faltaba presenciar el panorama post elecciones en muchos ayuntamientos que han quedado conformados por personas que estaban en las listas pero que nadie vio en los mítines y colocaron el cartel con la foto de quien podía conquistar votos para luego retirarse por razones “personales” seguramente también víctima del sistema y si te he visto no me acuerdo que los votos quedaron en la caja del partido para volver a colocar a los de siempre. Un timo legal, una tomadura de pelo tan alejada del sentido común y de la honestidad que acaba consiguiendo que no haya joven que pase a medio kilómetro de la urna en día de elecciones no sea que se le vaya a pegar algo de estas impresentables actuaciones. Ninguno de los dos bicefálicos partidos controladores de esta España que nos observa cada vez más extraña y más extranjera de nosotros mismos, se va a ocupar de cambiar lo que a ellos les va bien, nunca van a promover el cambio de la ley electoral, nunca van a impedir que las minorías nos gobiernen y se desprecien los votos de la mayoría, nunca van a pelear porque los ríos mas importantes del país dejen de ser distintos según desde dónde, porque a ellos les funciona.
Y aparece Rosa Diez y Fernando Savater -y no entiendo por qué no también Nicolás Redondo- a decirnos desde lo que era Basta Ya, que quieren mojarse, que en unos días habrá nuevo partido en escena como alternativa a este desastre y yo vengo y me lo creo y en serio que me lo creo, no porque tenga la confianza de que lo van a conseguir, -que estoy seguro que no- sino porque necesitamos creer, aun sabiendo que sin Prisa, Zeta, Vocento, Moll, Unidad Editorial o Cope detrás, no hay forma de ganar elecciones. Aun asi, no pueden arrebatarnos lo que nunca fue suyo, ni las minorías mayoritarias, ni el solitario solidario, ni el derecho a protegernos de ellos aunque sea sólo con Política para Amador.
Viernes, 17 de febrero
Antonio Pérez Henares
Bustamante, Arévalo y Pardo de S.
Miguel Ángel Violán
Jaime Rodriguez
Rolando Rodrich
Rafael Moreno Izquierdo
Casimiro López González
El Espacio del Dircom
José Antonio Piñero
Periodista Digital
Mercedes Guiot