Dijo llamarse de nombre A y de apellidos cuatro, dos, y un puñado de números más, no se si por tener muchos padres y madres, o porque la relación en una de estas es mas chic llamándose errejotatresdospecinco en vez de Juan o Pepe Lui, como todo el mundo. Patrullaba -digo yo- por una de esas calles de Cartagena aceptando lo de patrullar como hoy le jodo la noche a alguien, que menuda bronca he tenido con la parienta. Pasadas las nueve de la noche esa valla protectora de color azul y plástico ligero que nos suelen colocar para avisar de baches, socavones y otros improperios en calzada continuaba decorando con su solitario metro y medio de largo, alguna de las intersecciones de más de quince, como queriendo decir, aquí hubo mercado esta mañana y se han olvidado de mí, que pronto será media noche. Pero no. Aunque el trafico rodado circulaba con normalidad sin preocuparse de valla alguna, que nunca un metro fue capaz de tapar quince, allí estaba a la vuelta Pepe Lui. No llevaba las gafas de sol porque a esas horas sería mucho llevar, chicle sí, que una cosa no quita la otra. Alto ahí. ¿No ha visto la valla? ¿qué valla? esa de la calle por donde usted se ha incorporado. Ah ¿se refiere a esa que no tiene ninguna señal de prohibición adosada, que no esta iluminada, que mide uno cincuenta sobre quince metros de calle y que no se sabe que coño hace ahí plantada como una seta a estas horas? Si, esa sí que la he visto. ¿Y? Pues que quiere decir prohibido el paso. Ya. Y eso se sabe ¿por intuición o por imaginación creativa si tapa metro y medio y deja abiertos catorce? Pues eso se sabe. Una valla es no pasar. Pare el motor ahí mismo, en medio de la calle, apague todo y empiece a darme documentación. ¿La mía o la de mi suegra que va detrás? La suya, su carné de conducir, su permiso de circulación, su ficha técnica, su seguro, su dni y… Pepe Lui se llevó todo y ordenaba la circulación con la docu bajo el brazo, haciendo que los vehículos sortearan el mío y los otros tres que también habían cruzado la fatal linea de imaginaria aduana que conducía al territorio Pepe Lui.
Dieciocho minutos fueron suficientes para examinar la documentación. Me la entrega y me alecciona, y me recordó aquel cura en párvulos cuando me miraba cruzado perdonándome la vida. Le voy a dejar marchar, pero cuando vea una valla, no vuelva a pasar. Mire agente, paso porque me examine con lupa la docu, porque me tenga a mí y a la abuela veinte minutos retenido, pero no me diga usté que una valla sin disco, sin señalización, sin iluminación, en medio de ningún lado a las nueve de la noche y cercana a un mercado que se clausuró a las dos de la tarde, quiere decir nada porque debería saber mejor que yo que eso no está previsto como prohibición alguna en este Código de la Circulación que nos codifica a usté y a mí. No le gustó nada a Pepe Lui que opinara al respecto y volvió a pedirme la docu que me acaba de entregar y recién guardada, vuelta a empezar. Se la entregue -claro- y esta vez fue más allá porque cruzó la avenida, entró a su coche, salió, volvió a entrar, mi linterna, mi boli... Le costó encontrar el dichoso artículo otros veinte minutos y transcurridos ya mas de cincuenta desde el pare usté ahí, por fin aparece y pregunta ¿quiere firmar la denuncia? Pues va a ser que no, pero por fin podré marcharme que la abuela se me congela.
El papelito rosa decía que he infringido el articulo 153 por no obedecer una señal de restricción de paso. Ese articulito lo que de verdad dice es que señales de restricción de paso, son todas aquellas que van, como su nombre indica, expresadas como una señal, que puede ser de prohibición, de limitación de altura, de longitud, de aduanas y algunas otras, pero nunca una valla por si sola expresa nada de nada salvo un obstáculo en medio de la vía que ademas pone en peligro la circulación. El resultado es que Pepe Lui, no tiene ni idea del código de circulación, que este Ayuntamiento no retira las vallas después de terminados los mercados, que no limpia las calles hasta muchas horas después, que toda la tarde estuvo, como cada jueves, abierta esa vía y teniendo los conductores que sortear los cientos de kilos de porquería que dejan los mercaderes con y sin vallas, que retuvo cincuenta minutos a dos ciudadanos y que ahora me toca hacer las alegaciones y tener suerte de topar con alguien mas cuerdo, más entregado a su trabajo y a su vocación y sobre todo más coherente que este mencionado Pepe Lui, al que deseo que su concejal y el cuerpo, acojan para siempre en su seno.
Viernes, 17 de febrero
Bustamante, Arévalo y Pardo de S.
Miguel Ángel Violán
Antonio Pérez Henares
Jaime Rodriguez
Rolando Rodrich
Rafael Moreno Izquierdo
Casimiro López González
El Espacio del Dircom
José Antonio Piñero
Periodista Digital
Mercedes Guiot