Ladrillos

Calatrava, «tan hueco como su interior»

12.05.09 | 07:53. Archivado en Medio Ambiente
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(PD).- El arquitecto valenciano Santiago Calatrava presentó el pasado fin de semana en Nueva York una exposición sobre el diseño definitivo del intercambiador que ocupará la Zona Cero del Manhattan golpeado por el 11-S. La prensa, allí, no se ha rendido a esa ingeniería de grandes dimensiones. «The New York Times» destroza el proyecto del arquitecto para la Zona Cero, «un monumento al ego creativo, a la destreza del ingeniero y poco más».

La propuesta de Calatrava para la Zona Cero también propone un ingenio mecánico y móvil. No una visera, pero sí una sección del techo, que se podrá abrir en días de calor para refrigerar y evitar el efecto invernadero. Eso, en palabras oficiales de descripción del proyecto. En las de «The New York Times», se trata de «las costillas de un gigantesco pájaro prehistórico», «con dos enormes alas», un «juego de manos» estructural que cuando se abra y se cierre simulará que «el edificio desafía a las leyes de la gravedad». En realidad ésa es la parte buena, puramente descriptiva, del proyecto de Calatrava, informa La Nueva España.

El problema es que el autor del artículo, Nicolai Ouroussoff, que emplea el expresivo título «Post 9/11 Realities Warp a Soaring Desing» (Un juego de palabras que se podría traducir como «Tras el 11-S la realidad tumba un diseño de altos vuelos»), ataca lo esencial del diseño de Calatrava y de las políticas que lo inspiraron. «El diseño sigue sin vencer el fatal error que el proyecto tenía en su inicio: la asombrosa incongruencia entre lo exagerado de su arquitectura y limitado propósito al que sirve. El resultado es un monumento al ego creativo que celebra la destreza de ingeniero de Calatrava, pero poco más».

El artículo va más allá y concluye que este diseño encarna bien el gran problema de todo esto: «El clima tóxico de estos primeros años tras el 11-S». Se refiere el autor a la circunstancia de que «mientras la ciudad lloró, los políticos se dieron prisa en reconstruir lo más rápido posible, como si esto fuera a acelerar el proceso de curación. Las consideraciones prácticas se dejaron al margen. El patriotismo triunfó sobre las voces moderadas». Y remata: «Bajo estas condiciones no sorprenderá a nadie que lo que una vez se prometió como la arquitectura más triunfante de la Zona Cero esté tan hueca como su interior».

5 comentarios


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Comentarios
  • Comentario por miguel 12.05.09 | 13:33

    Por lo visto, el autor del artículo del NYT lo ha clavado, efectivamente el 'sentido común', algo difícil de definir por cierto, es una especie de invariante de bajo perifl que aguanta imperturbable a los tiempos que van y vienen, contando invariablemente con una muy mala prensa: no destaca lo suficiente. Alguien dijo que lo más arriesgado no eran los extremos, sino permanecer en el centro (osea, el equilibrio, como la propia palabra parece sugerir). En Madrid, envueltos en fastos preolímpicos de grandes inauguraciones y proyectos rimbombantes, se están ejecutando (malamente) dos parques, uno con forma de una gigantesca hoja sobre el terreno, otro a base de unos 'árboles de agua' que alteran la topografía de las estepas con gastos faraónicos, mientras la vega del Manzanares Sur es un auténtico vergel abandonado a su suerte que se está dejando deteriorar y llenarse de basuras, escombros, y operaciones especulativas...

  • Comentario por Mari 12.05.09 | 12:02

    En Alcoy, igual. Un vientre de la ballena, enterrado en el seulo, con una escalera que no cumple con la normativa, contínuas filtraciones de agua y sonoridad nefasta.

  • Comentario por Patxitxo 12.05.09 | 11:09

    Aparte de que, como se le critica, da mucha más importancia a la estética que a la funcionalidad. Y lo primero es lo primero. Ahí tenéis el Zubizuri, la pasarela peatonal sobre el Nervión, en Bilbao. El firme está constituido por piezas de vidrio que, no sólo se cuartearon con las primeras heladas creando un efecto muy poco estético, sino que además resultaban tan resbaladizas, que han tenido que poner por todas parte unas antiestéticas tiras de material antideslizante para solucionar el problema. Una chapuza, vamos. Bonito, muy bonito, pero los puentes son para cruzarlos, no para observarlos, ¿verdad? Efectivamente, lo considero un personaje sobrevalorado. Un perfecto ejemplo de la cultura imperante: imagen, imagen, imagen.

  • Comentario por Al 12.05.09 | 10:52

    La verdad que me fascina Calatrava, pero estoy muy de acuerdo con el comentario anterior.


  • Comentario por Clónico 12.05.09 | 08:03

    Santiago Calatrava, como Frank Gehry, tienen el problema de que todo lo que hacen parece clonado. Repiten versiones de un modelo exitoso y ahí radica, valga la redundancia, su éxito. ¿Cuántas veces hemos visto el 'Guggenheim' en otros edificios de Gehry?, ¿y el 'costillar' de Calatrava en puentes y edificios?

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