Ladrillos

Ciudades incómodas

13.10.05 | 08:33. Archivado en Tendencias
  • enviar a un amigo
  • Imprimir contenido

En las dos últimas décadas, un buen número de grandes urbes han optado por un modelo que sitúa el turismo y la cultura en el centro de la economía local. El Londres de Ken Livingstone, el San Francisco de Klaus Wowereit o el París de Bertrand Delanoë son algunos abanderados de esta estrategia. Y Richard Florida, su gurú por excelencia.

Escribe Ramón Aymerich en La Vanguardia que en un mundo global en el que el capital humano se mueve con toda libertad, este autor de best sellers para ejecutivos asegura que el objetivo de las grandes ciudades es atraer a los sectores más creativos.

Para ello, nada mejor que un entorno en el que se dan la mano el ocio, la tolerancia - en las costumbres, en los credos- y la multiculturalidad. Es el modelo que sigue Barcelona, una ciudad entregada a un crecimiento cada vez más basado en el turismo.

En muchos casos, el de Barcelona también, esta apuesta tiene un precio: el éxodo de parte de las clases medias hacia la periferia. En busca de más seguridad, de más tranquilidad, de más equipamientos y... de una vivienda más asequible.

"Es inevitable que los precios suban en el centro de estas grandes ciudades. Es la prueba de su éxito. Lo contrario sería preocupante, que los precios bajaran o se estancaran".

Xavier Vives acaba de recibir el premio Catalunya d´Economia por su análisis de las estrategias metropolitanas:

"Barcelona no es hoy un lugar de innovadores. Su fuerte está en el ocio y la cultura. Y la estrategia de futuro más adecuada es utilizar ese entorno como reclamo para atraer a los innovadores".

Pero lo cierto es que esas transformaciones, esas ciudades en las que se entrecruzan turistas, estudiantes y una población flotante de profesionales - lo que ahora se llama trabajadores flexibles-son vividas con incomodidad por las clases medias.

"No puede ser que ya no te puedas comer una paella al lado de tu casa porque se parece a todo menos a un paella o beber una cerveza porque el precio es prohibitivo - afirma el diseñador Claret Serrahima-. Personalmente hace ya tiempo que no me acerco por la Rambla. Barcelona es cada vez menos mi ciudad, es una ciudad de turistas".

Serrahima es diseñador y, como muchos otros barceloneses, un hombre que vive con incomodidad la transformación de su ciudad. Y no ha sido la única.

Las teorías de Florida tienen sus detractores. Uno de ellos es Joel Kotkin. Hombre vinculado a la New American Foundation, asegura que la estrategia que predica Florida acabará en la decadencia de las grandes ciudades.

Para Kotkin, el éxito económico está en garantizar que las clases medias no se marchen, en darles más seguridad y mejores escuelas para sus hijos. Y cómo no, en garantizar la pervivencia de la economía industrial. Kotkin ilustra sus teorías con el agitado verano que han vivido Londres - atentados, crisis de la convivencia multicultural- o París, con los incendios de pisos de inmigrantes.

Pero donde más duele el diagnóstico de Kotkin es en Nueva Orleans. "Nueva Orleans era en los días previos a la catástrofe del Katrina una ciudad gobernada por el turismo y la cultura. Había desaparecido de ella el comercio y la industria. Era también el epítome de la desigualdad. Porque hay que decirlo bien alto: el turismo crea pobres y paga poco a sus trabajadores", escribía en el número de octubre de Prospect Magazine.

Barcelona no ha tenido que lamentar este tipo de pesadillas. Pero el debate sobre el turismo ha subido de tono. "Yo no puedo estar contra el turismo, pero deberíamos hacer un esfuerzo por acabar con el monocultivo del turismo de sol, playa, bocadillo de tortilla y vida en la calle que arrasa a diario barrios como el Gòtic", afirma Oriol Bohigas, presidente del Ateneu Barcelonès.

Xavier Vives asegura: "No creo que el turismo haga fracasar las ciudades. Ahora bien, maximizar el número de personas como objetivo final puede conducir al desastre".

Serrahima abunda también en el peligro de las cifras. "Lo más terrible es que las autoridades no parecen saber adónde vamos. En una ciudad que vive cada vez más del turismo y de la construcción, estamos ante un modelo que prima las cifras. Siento decirlo, pero son gestos que recuerdan el franquismo". Serrahima va incluso más allá.:

"Si lo que se persigue es que vengan los creativos, lo tenemos mal. Conozco gente del diseño que se ha marchado o que ya se lo está planteando. Doy clases en Elisava y Eina. Antes venían jóvenes extranjeros cada año. Ahora ya no. La ciudad se les ha hecho menos accesible".

Bohigas es más optimista. "La clave está en diversificar la oferta turística. Nosotros conocemos la agenda cultural de ciudades como Londres, París o Roma, pero ellos no conocen la nuestra. Dentro de nuestra modestia, tenemos cosas que están bien y hay que hacer más esfuerzos para atraer otro tipo de gente".

"El problema - refuta Serrahima- es que la ciudad da cada vez más a los turistas aquello que buscan. Y el riesgo es que acabemos convertidos todos en un parque temático".

Hacer comentario

  • ¿Te parece interesante esta información?
  • meneame
  • Delicious
  • digg
  • yahoo
  • talk bubble
Opine sobre la noticia

caracteres
Comentarios

Aún no hay Comentarios para este post...

    Lunes, 9 de noviembre

    BUSCAR

    Publicidad