Para casi todo el mundo, la donación de sangre se asocia con donarla tal cual, es decir, como el valioso líquido que fluye por nuestros vasos sanguíneos. Así nació la donación y se mantuvo durante muchas décadas. En el siglo XX, sin embargo, se desarrollaron diversas técnicas que permitieron separar (fraccionar) la sangre en componentes tales como los glóbulos rojos, las plaquetas y el plasma. Cada uno de estos derivados se utiliza para fines distintos, de este modo un paciente que necesite una transfusión, puede recibir sólo aquello que necesita. Esto permite "ahorrar" sangre porque con una donación se pueden beneficiar varias personas.
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