EEUU tiene listo el ataque a Irán
20.02.07 @ 12:35:24. Archivado en Informaciones y análisis
La BBC afirma que existe un supuesto plan estadounidense para atacar a Irán que incluiría no sólo sus instalaciones nucleares sino la mayor parte de su infraestructura militar. De ser ordenado por el presidente de EE.UU., George W. Bush, el ataque tendría entre sus blancos bases aéreas y navales de ese país, instalaciones de misiles y centros de mando y control. Que EEUU tiene planes preparados para esa contigencia es un hecho lógico, y no significa que vayan a ser aplicados. Que la BBC puede especular sobre el particular sin ningún riesgo, también. Mientras, Siria e Irán estrechan aparentemente lazos, y todo Oriente Medio pasa por una calma aparente que presagia tempestad.
Fuentes diplomáticas aseguraron a la BBC que los jefes militares del Mando Central en Florida (EE.UU.) han seleccionado ya los objetivos de ese supuesto plan, que incluyen asimismo la planta de enriquecimiento de uranio en Natanz, así como instalaciones atómicas en Isfahán, Arak y Busher. En el eventual ataque participarían bombarderos B2 que arrojarían bombas capaces de perforar el depósito nuclear de Natanz, que se encuentra a unos 25 metros bajo tierra protegido por capas de hormigón.
El detonante de ese ataque podría ser la confirmación de que Irán ha comenzado a desarrollar el arma atómica, algo que Teherán, sin embargo, ha negado insistentemente. El 21 de febrero termina el plazo dado por el Consejo de la Seguridad de la ONU para que Irán suspenda su proyecto de enriquecimiento de uranio. De no hacerlo, y si el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) confirma ese incumplimiento, la resolución de la ONU señala la posibilidad de que se adopten sanciones económicas contra esta república islámica.
Pero Estados Unidos podría decidirse también a lanzar un ataque contra Irán en el caso de que sus propias fuerzas militares en Iraq fuesen a su vez objeto de un ataque con un alto número de víctimas y que pudiese atribuirse su autoría directa a Teherán.
A comienzos de mes, Estados Unidos afirmó tener pruebas de que Irán suministra armas a las milicias chiíes que actúan en el vecino Iraq, acusaciones rechazadas por el presidente iraní, Mahmud Ahmadineyad, según el cual son sólo "excusas" para que las tropas norteamericanas continúen en Iraq.
Al igual que ocurrió ya antes de la invasión de Iraq, los expertos en la región advierten ahora de las consecuencias catastróficas que un posible ataque a Irán, recomendado por el sector más derechista del Gobierno estadounidense, tendría para todos.
Según Richard Dalton, ex embajador británico en Teherán, un eventual ataque estadounidense podría tener un efecto bumerán y convencería al Gobierno de Teherán de que su salvación sería dotarse a largo plazo de un arsenal nuclear.
VISITA DEL PRESIDENTE SIRIO A IRÁN
Irán está financiando y apoyando a Siria, y Siria está respaldando la política chií en Líbano, aunque en Irak parecen subsistir las diferencias entre ambos, apoyando cada uno a los dos bandos rivales.
"Irán y Siria deberían poner todo su empeño mediante el apoyo al Gobierno de Al Maliki y a los verdaderos deseos del pueblo libanés", afirmó Jamenei durante su reunión en Teherán con Assad, a fin de compensar la guerra psicológica que, a su juicio, ha lanzado Estados Unidos en Irak y Líbano. Eso supondría que cesara la ayuda que Siria presta a los insurgentes suníes que atacan a la población chií.
"Todo es una mera guerra psicológica y han intentado desanimar al pueblo iraní, pero a pesar de todo este pueblo ha mostrado ante el mundo su ánimo", afirmó el líder supremo de la República Islámica de Irán, el ayatolá Ali Jamenei ante el presidente de Siria, Bashar al Assad, en alusión a "la guerra propagandística levantada por los medios occidentales y las autoridades estadounidenses contra Irán".
"La realidad de la zona demuestra que el principal perdedor en los problemas regionales es el frente prepotente del imperialismo liderado por Estados Unidos y sus compinches". "Las metas que Estados Unidos persigue en Irak no se han cumplido en absoluto ni tampoco hay nada que indique que se vayan a cumplir". "Además de los serios problemas de Estados Unidos en la zona, también la posición en la que se halla el presidente norteamericano (George W. Bush) en su país es tan débil que incluso desde el seno de su propio partido se están oponiendo a sus políticas".
ORIENTE MEDIO EN LLAMAS
Oriente Medio pasa por un momento crítico. El cambio de régimen en Irak y la mala planificación de la posguerra están teniendo consecuencias devastadoras para el país. Los enfrentamientos etnorreligiosos y el uso de la violencia para dirimir las luchas por el poder político y económico se producen con alarmante frecuencia en Irak, pero también en los territorios palestinos y en Líbano. La ruptura de los equilibrios de fuerzas, tanto en Irak como a nivel regional, puede producir una desestabilización generalizada en Oriente Medio. EEUU está demostrando sus limitaciones y su incapacidad de controlar la situación. La “nueva” estrategia del presidente Bush no es tal, pues sigue centrada en aspectos militares y de “seguridad dura”, y rehúye abordar los distintos conflictos regionales mediante procesos políticos. Si las tentaciones neoconservadoras de emprender otra guerra preventiva contra Irán se llevan a cabo, se podría producir una regionalización del caos iraquí. Las potencias internacionales y los actores regionales deben actuar con urgencia para evitar ser arrastrados a una situación incierta de consecuencias no todas predecibles.
Según Haizam Amirah Fernández, investigador principal del Mediterráneo y Mundo Árabe del Real Instituto Elcano de Estudios Internacionales y Estratégicos, 'la ocupación del país y el cambio de régimen en 2003 no parecen haber eliminado el peligro que representaba para la región. En lugar de convertirse en un Estado estable, ejemplo de democracia y país aliado de EEUU, como previeron los neoconservadores, Irak es hoy un Estado cuasi fallido, máximo exponente regional de inestabilidad interna, foco del radicalismo etnorreligioso y terreno fértil para el avance de grupos violentos y terroristas.
La consecuencia más inmediata de la ruptura de los equilibrios regionales que produjo la ocupación de Irak ha sido el aumento de la influencia de Irán en Oriente Medio, como era de esperar en un escenario que no fuera el óptimo para EEUU. Dado que el principal factor de cohesión interna en Irán es la pertenencia de la práctica totalidad de la población persa a la rama chií del islam, el auge del chiísmo como fuerza etnorreligiosa está generando efectos reactivos en el resto de Oriente Medio, cuya población pertenece mayoritariamente a la rama sunní.
En Irak, los conflictos etnorreligiosos son, ante todo, el reflejo de la competición por el reparto de poder, la distribución de los ingresos del petróleo y la capacidad de influencia en un país cada vez más federal. Muchos ciudadanos y colectivos que, durante décadas, convivieron en paz, ahora viven sumidos en la desconfianza mutua y, en los casos más extremos, en el odio y el deseo de venganza. A los centenares de muertes violentas que se producen cada semana en Irak hay que sumar las campañas de intimidación a gran escala que están teniendo consecuencias propias de una limpieza étnica. Las instituciones iraquíes se están mostrando incapaces de proteger a la población y garantizarle los servicios que necesita. La nueva policía y el Ministerio del Interior se han convertido, en la práctica, en una extensión de las milicias armadas y de una clase política que antepone sus beneficios personales y sectarios a corto plazo a los intereses nacionales más duraderos.
Los sunníes acusan al Gobierno de Nuri al-Maliki de ser un instrumento a disposición de las milicias chiíes, concretamente del Ejército de al-Mahdi que lidera el clérigo anti-estadounidense Muqtada al-Sadr, así como de Irán. Las declaraciones hechas por al-Maliki a Il Corriere della Sera el pasado 18 de enero, en las que afirmaba que Bush parece haber “perdido el control de la situación”, reflejan un distanciamiento entre los Gobiernos de Washington y Bagdad.
Irak está siendo un laboratorio de un fenómeno de desintegración que podría resultar catastrófico de extenderse al conjunto de la región. Ante la extensión de la violencia y la inseguridad por amplias zonas del país, muchas personas se ven forzadas a buscar refugio y apoyo mediante el recurso a sus identidades más primordiales (étnicas, confesionales, tribales, etc.) como factor de cohesión y solidaridad dentro de su grupo.
No pocos se han referido a la “libanización de Irak” a raíz de las divisiones y enfrentamientos sectarios. A pesar de las comparaciones con la Guerra Civil libanesa (1975-1990), la capacidad exportadora de la desestabilización interna que está viviendo Irak es de una magnitud muy superior. En el propio Líbano se ha vuelto a encender la mecha del enfrentamiento civil y en los territorios palestinos se libra una lucha armada –fomentada desde el exterior, a pesar de la reciente tregua– entre las facciones que compiten por el control de la maltrecha Autoridad Palestina. Un elemento adicional a tener en cuenta que no existía durante la Guerra Civil libanesa es el movimiento yihadista, cuya amenaza tiene un alcance global y que se ve fortalecido en situaciones de crisis y falta de orden.
Ante el avance del poder chií en Oriente Medio, se corre el riesgo de que algunos países sunníes (principalmente Arabia Saudí) apoyen sin reservas a los insurgentes correligionarios en Irak, lo que desembocaría en una nueva guerra por delegación (proxy war), esta vez entre Irán y Arabia Saudí, en suelo iraquí. El hecho de que ese posible conflicto se produzca a partir de líneas divisorias etnorreligiosas debe ser motivo de preocupación para los países que tienen unas importantes minorías chiíes, como es el caso de Kuwait, Arabia Saudí (el 75% de la población de la Provincia Oriental, rica en petróleo) y Bahrein, cuya población es mayoritariamente chií. Las repercusiones también se pueden extender a otras sociedades con diversidad confesional, como Líbano, Siria, Jordania y Egipto. Asimismo, las aspiraciones étnicas surgidas a raíz del aumento del poder kurdo en Irak están alentando el activismo de las poblaciones kurdas de Turquía, Siria e Irán, lo que podría enfrentarlas con los poderes centrales.
La amenaza de las tensiones sectarias que podían surgir a raíz de la invasión de Irak ya había sido advertida por el rey Abdalá II de Jordania, cuando a finales de 2004 alertó sobre la formación de un “creciente chií” en Oriente Medio, que se extendería desde Teherán hasta Beirut. Los discursos incendiarios y populistas del presidente iraní, Mahmud Ahmadineyad, y su instrumentalización de la causa palestina han hecho saltar las voces de alarma sobre las ambiciones iraníes de hegemonía regional. El recurso al factor etnorreligioso amenaza con el posible surgimiento de un “petrolistán” chií, cuyo centro sería Irán, y que se extendería por la Provincia Oriental de Arabia Saudí, Bahrein y el sur de Irak.
Algunos observadores árabes han ido más allá al avisar sobre un posible plan para sustituir el enfrentamiento árabe-israelí por un enfrentamiento árabe-persa o sunní-chií como forma de crear un nuevo equilibrio regional que evite el surgimiento de competidores para Israel.
Sin embargo, sería un error explicar las alianzas regionales en clave únicamente “identitaria”. En los últimos tiempos han surgido alianzas coyunturales entre sectores revisionistas pertenecientes a distintos grupos etnorreligiosos: en Líbano, el general Aoun (cristiano maronita) se ha aliado con Hezbolá (chií) para derribar al Gobierno encabezado por Siniora (sunní). En los territorios palestinos, el Gobierno dirigido por el Movimiento de Resistencia Islámica, Hamas (sunní, surgido de los Hermanos Musulmanes) cuenta con las simpatías del Gobierno iraní de Mahmud Ahmadineyad (chií), al tiempo que los Hermanos Musulmanes de Jordania y Egipto condenan las injerencias desestabilizadoras iraníes en Irak. Mientras tanto, en el frente palestino, tanto Israel como Irán tienen interés en crear un clima que fomente el enfrentamiento civil. Para Israel, los choques entre palestinos los hace aun más débiles y retrasa la reanudación de las negociaciones de paz. Para Irán, su capacidad de influir en los conflictos de Líbano, Irak y Palestina lo eleva a la categoría de fuerza regional con la que hay que contar para negociar soluciones. Si algo queda claro en el complejo escenario medio-oriental es que todos los conflictos están interconectados entre sí y que las explicaciones simplistas de poco sirven para comprender las dinámicas de la región.
VIVERO YIHADISTA
Irak se ha convertido en polo de atracción y campo de batalla para unos yihadistas que desean remodelar Oriente Medio y creen contar con posibilidades de infligir una derrota militar, política y moral a la superpotencia estadounidense. Haber hecho de Irak un elemento central de la llamada guerra global contra el terror de la Casa Blanca, a pesar de la inexistencia de lazos entre el régimen baazista y al-Qaeda, parece haberse convertido en una profecía autocumplida. Según diferentes informes de agencias federales estadounidenses, como el National Intelligence Estimate, la guerra de Irak ha creado un terreno fértil para el reclutamiento y la formación de terroristas yihadistas, al tiempo que les proporciona una oportunidad para perfeccionar sus tácticas, vías de comunicación y discurso ideológico.
La insistencia en el carácter etnorreligioso de los conflictos regionales y la inminente amenaza chií está movilizando a los yihadistas sunníes para ir a luchar a Irak contra la injerencia de los “apóstatas safavíes” procedentes de Irán y en apoyo de la población sunní árabe. Esto puede suponer un respiro para las tropas estadounidenses a corto plazo, pero no hay que olvidar que entre los objetivos de al-Qaeda está derribar al régimen saudí, así como a otros gobernantes árabes aliados de EEUU. Todo lo que sea reforzar el papel de los sectores radicales para que luchen contra enemigos de Occidente puede acabar pasando una factura muy alta. El apoyo occidental y árabe a los Talibán y a al-Qaeda en su lucha contra la ocupación soviética de Afganistán, así como el apoyo israelí a la creación de Hamas en la década de 1980 como contrapeso a la OLP deberían servir de lección sobre la peligrosidad de esas prácticas a largo plazo.
El terrorismo que se está generando en Irak no conoce líneas rojas y está afectando, en mayor o menor medida, a las poblaciones árabes sunníes y chiíes, pero también a las kurdas, turcomanas, asirias, caldeas, etc. El peligro para los países vecinos –e incluso para países más alejados, como los europeos– es que, con el paso del tiempo, algunos combatientes con experiencia adquirida en Irak como miembros de grupos armados y guerrillas urbanas trasladen sus actividades fuera de ese país, como ya ocurriera con los muyahidín árabes que combatieron en Afganistán contra la URSS. Se calcula que hay más de tres millones de desplazados internos y de refugiados iraquíes en el exterior, principalmente en Siria y en Jordania, a causa de la violencia y la limpieza étnica y sectaria sistemática que se practica en el país. Esta situación entraña riesgos para los países vecinos, al exponerlos a posibles problemas de convivencia, inseguridad, crimen y, sobre todo, yihadismo producido por la llegada de algunos refugiados conflictivos.
DE SADAM AL CAOS
Las conclusiones de Amirah son que Irak es en estosmomentos un país en proceso de descomposición. Casi cuatro años más tarde, el balance de la ocupación de Irak difícilmente puede ser más sombrío. Amplias zonas de Irak están sumidas en el caos y las guerrillas y grupos armados actúan al margen del Estado, o incluso se infiltran en sus instituciones. Los focos de desestabilización se extienden por Oriente Medio de forma preocupante. Los enfrentamientos etnorreligiosos y el uso de la violencia para dirimir las luchas por el poder político y económico se producen con alarmante frecuencia en Irak, pero también en los territorios palestinos y en Líbano. La regionalización del conflicto iraquí ya no es algo inimaginable.
También opina que la estrategia para Irak presentada por Bush el pasado 10 de enero sigue centrada en aspectos militares y de “seguridad dura”, y rehúye abordar los distintos conflictos regionales mediante procesos políticos. Sus elementos centrales ya han demostrado sus serias limitaciones en el pasado. Salvo improbables sorpresas, la estrategia de Bush vendrá a confirmar una vez más el fracaso del proyecto neoconservador para remodelar Oriente Medio, lo que contrasta con su éxito para generar inestabilidad dentro y más allá de la región. Un Irak como “Estado fallido” puede ser una amenaza para la paz y la seguridad internacionales mayor de lo que ya lo fue cuando era gobernado por Saddam Husein.
También podría pensarse que todo lo que está ocurriendo hubiera sido previsto por los cerebros 'neocom' pero mantenido en secreto. Ellos todavía no han tirado la toalla y siguen pensando que el que algo quiere, algo le cuesta, y que implantar la democracía en Oriente Medio no es tarea fácil. Bush tiene dos años. Si con consigue éxitos, la oposición echará a su partido de la Casa Blanca por otra buena temporada.
Comentarios:
El asunto esta mucho mas calentito de lo que se refleja en las portadas de P.D.
ATTE. ZAMIR SHIMSHON. ISRAEL.
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José Catalán Deus
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