Mientras comelitones varios y la vida oficial sigue pendiente de la chorrada esa del despido libre, las redes sociales son las que alientan la rebelión en Irán y levantan los velos de la Universitat Jaume I de Castellón. Docenas de profesores de Derecho aparecen en unas fichas referenciadas en diferentes perfiles de Facebook en las que se cuentan sus supuestas vidas y milagros personales, políticos, profesionales y hasta eróticos sexuales.
Leo en El País un informe de J.A. Aunión sobre las consecuencias de la proliferación de la educación superior en toda España, hasta el extremo de que casi en cada pueblo hay o quieren tener una universidad. En su momento esto tuvo su valor, al sumar el valor patrio con el complejo de titulitis que se extendió en los ochenta por todo el país. Así pude asistir de cerca al nacimiento de la Universidad de Las Palmas frente a la de La Laguna (Tenerife) o la de Castellón (UJI) frente a las de Valencia. Entonces y ahora cada opción estaba más que justificada. Pero a la sombra de aquella necesidad ahora cada universidad quiere ser tan grande e importante como la de al lado, como es el caso de la Universitat Jaume I (Castellón) al crear Ciencia de la Salud.
Mientras debatimos sobre el gotelet de Barceló, los fantasmas de Baltasar Garzón o la irremediable eficacia política frente a la crisis, el prestigioso think tank Lisbon Council dice que la universidad española es un fracaso y está a la cola de todas las universidades de los países avanzados. Nosotros aquí ajustando el pan nuestro de cada día, los empresarios buscando a quien vender lo qué sea y los trabajadores recogiendo la cartilla del paro y va y nos sueltan que nuestros hijos universitarios están condenados al hambre porque no saben hacer la o con un canuto. ¡Menudo futuro! ¿Para eso tanto discurso con Bolonia y tanto viajar a la Casa Blanca?
Andan los egregios rectores de las universidades de Catalunya (Autónoma y Pompeu Fabra) y las de Madrid (Carlos III y Autónoma), las de la Comunidad Valenciana (Valencia y UJI en Castellón) y los de otras universidades muy preocupados porque ven venir y con razón un recorte de la financiación universitaria por parte de sus respectivos gobiernos autónomos. Están a un paso de iniciar movilizaciones en defensa de sus dineros, pero todavía no han dicho ni una sola vez que están dispuestos a apretarse el cinturón como el resto de los mortales en esta época de crisis.
La UJI pudo licitar por fin las obras del llamado Parque Científico y Tecnológico donde piensan poner en marcha un sin fin de semilleros empresariales alrededor de la innovación en el conocimiento. La Generalitat le mandará pronto los dineros.
Un amigo catedrático dice que la sociedad española tenía antes unos intocables que eran los militares. Dijeran lo que dijeran, siempre tenían razón y sus cuarteles estaban repletos de verdades absolutas. Algo hemos ganado, porque ahora los intocables son los inquilinos de las universidades. Siempre tienen razón. Su verdad es absoluta y no hay gobierno, institución o sociedad que se atreva a cuestionarlos. Catedrales, cuarteles y universidades siempre han condicionado nuestra verdad y saber.
Con una muy hábil estrategia los rectores de las universidades de Alicante, Ignacio Jiménez Raneda, y el de Valencia,, Francisco Tomás, se han posicionado esta semana en apoyo del rector de la UJI de Castellón, Francisco Toledo, en su arremetida contra el Consell de la Generalitat por montar la Universidad Internacional Valenciana. Magnífica estrategia de solidaridad a posteriori, porque antes de la bronca no sabíamos qué pensaban.
Ya se ha liado la política con la universidad. Aquí no importa si a los ciudadanos valencianos les interesa una nueva oferta universitaria a distancia (por Internet) o si hay ya demasiado con lo que hay. Ahora es cuestión de zurrarse la badana. La “pelea a garrotazos” de Goya.
Al conseller de Universidades, Justo Nieto, la campana de las circunstancias le ha salvados dos veces de ser cesado. La primera a principios de verano, cuando el accidente del Metro en Valencia, y la segunda la moción de censura presentada por el PSOE. Y es que Justo Nieto se ha dedicado durante dos años a hacer méritos para que el presidente Camps lo aleje rápido de la mesa del Consell.
Esta semana arranca oficialmente el curso en casi todas las universidades. Y en todas ellas se dará el mismo curioso espectáculo mediático. Los rectores repartirán leña a todo el que mande, sea el ministerio o la autonomía de turno. Todos los rectores pidiendo más dinero y más autonomía. Curiosa y contradictoria paradoja.
En los últimos meses se han celebrado elecciones en varias universidades de la Comunidad Valenciana. Y por encima del resultado electoral, puramente continuista con los candidatos y equipos ya existentes, lo más notable es la alta abstención entre los estudiantes. De los miles de universitarios que acuden regularmente a las aulas de cualquiera de los campus, no más del cinco por ciento han acudido a votar en cualquiera de los procesos para elegir rector y junta rectoral. Queda la incógnita de la participación en UJI (Castellón) donde Francisco Toledo es el único candidato. ¿Les da lo mismo a los estudiantes quién manda o qué pasa en su universidad? ¿Es este un nuevo modelo de democracia no participativa?
Sábado, 21 de noviembre
Pedro Fernández Barbadillo
JUAN JULIO ALFAYA
Juan Fernandez Krohn
Manuel Molares do Val
Francisco Rubiales
Vicente A. C. M.
Vicente Torres
Vilagarcía na Rede
José Luis Palomera Ruiz
Antonio Javier Vicente Gil